“Estuve juntando unos recortes. Es esto”, dice desde la biblioteca María Eugenia Grau, profesora e investigadora del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV), mientras sostiene una pila de tres libros visiblemente antiguos. “No te creas que hay mucha cosa”. Se refiere a textos y recortes de prensa donde aparece mencionada una artista argentina-uruguaya de la que hoy se habla poco: María Carmen Portela (1896-1984).

Fue escultora y también hizo grabados con punta seca. El año pasado, Grau realizó en el MNAV, junto con el fallecido curador y escritor Fernando Loustaunau, una pequeña muestra con dos piezas de la artista. En Argentina, donde nació Portela, su trayectoria le valió varios premios municipales importantes desde el inicio de la década de 1920, y sus obras se encuentran exhibidas en museos como el Sívori y el Emilio Caraffa.

Su obra Tránsito, actualmente restaurada en el Museo Blanes de Montevideo, es considerada una de las primeras hechas por una mujer en ser exhibida en un espacio público. Ideológicamente, se la asociaba al mundo socialista y anarquista, del que formaba parte su segundo esposo, el abogado y militante Rodolfo Aráoz Alfaro, en la década de 1930. Este matrimonio marcó una distancia de Portela con su familia y le abrió las puertas a nuevas inquietudes de naturaleza intelectual que la identificaron por el resto de su vida.

Revolución y arte

La historia de Portela en Uruguay se remonta a mediados de 1940, cuando decidió divorciarse de Aráoz y casarse con el maestro –también afiliado al Partido Comunista– Jesualdo Sosa, y se instaló en Montevideo. Juntos, viajaron por Europa y Asia, donde Portela fue invitada a exhibir su obra y Sosa a dictar conferencias y cursos en países del bloque comunista como Rumania, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, China y la propia URSS.

Hoy, en museos de Praga, Bucarest y Pekín se pueden encontrar obras de Portela. En Uruguay, en el MNAV, el Museo Blanes y el Carrasco Lawn Tennis están algunas de sus esculturas, pero son pocas en comparación con las que hay en Argentina.

Sosa, oriundo de Tacuarembó y autor de más de 20 libros y ensayos, entre ellos Vida de un maestro y Vaz Ferreira. Pedagogo burgués, dedicó su vida a criticar y reformar el sistema educativo como referente del mundo intelectual y cultural de entonces. Sus ideas resonaron fuertemente en el mundo socialista, lo que lo llevó a obtener importantes cargos educativos en Cuba. A principios de los años 1960 se trasladó allí con Portela, trabajó como decano de la Facultad de Educación y colaboró como asesor en la Campaña de Alfabetización. Así, entre otras curiosidades, la artista llegó a retratar a Fidel Castro en varias ocasiones. En una de esas obras contrastó el borde del rostro del mandatario cubano con la silueta de América Latina.

Resulta impresionante la proyección internacional que tuvieron Portela y Sosa, teniendo en cuenta la época y en especial la visión artística de ella, visiblemente revolucionaria, al igual que el pensamiento de él. Esta condición llevaría a la censura de la obra de Sosa tras el golpe de Estado de 1973.

Invisibilizadas

Antes de su venida a Uruguay, entre las obras más llamativas de Portela se encuentra Escultura de una atleta, de 1940, un retrato de cuerpo entero de Olga Tassi, pionera del atletismo femenino, que le valió el Primer Premio Municipal de Escultura en Buenos Aires.

_El poeta Lu-Shin_, 1960, punta seca, 33x18,5 cm.

El poeta Lu-Shin, 1960, punta seca, 33x18,5 cm.

La deportista utilizaba el apellido de su madre, ya que su padre no aprobaba su vocación. Intentó ocultarle varias de sus numerosas medallas y logros, sin éxito. Incluso, llegó a inventar que se iba “al cine con amigas” para entrenar. Fue seleccionada en 1932 para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Su padre, Augusto, visiblemente conservador, le prohibió participar, ya que prefería que ella se casara y trabajara en la sombrerería familiar. Se retiró a los 45 años de edad, luego de haber sido profesora de gimnasia y entrenadora de handball y atletismo en el Club Atlético River Plate. Su vida, marcada por la injusticia de las expectativas de la época sobre las mujeres, también demostró ser un ejemplo de perseverancia y superación.

Como bien describe la historiadora feminista argentina Georgina Gluzman respecto de esta escultura en su artículo sobre Portela para la publicación Aware, “Portela estaba contribuyendo a la creación de una iconografía original de la mujer moderna en la escena artística Argentina”, y la elección de Tassi como figura resulta valiente y disruptiva. Gluzman agrega: “Las temáticas elegidas por Portela incluyen la inteligencia femenina, la belleza, la presencia pública, en figuras monumentales y clásicas”. “Buscó inspiración en diversas fuentes, incluyendo los lenguajes formales del arte griego y del Renacimiento italiano, para crear intensas y sólidas figuras femeninas, con profundas vidas interiores”, anota.

Es ahí donde importa detenerse. Es valiosa la revisión de estas artistas mujeres de ese momento, porque nuestra definición de mujer moderna ha ido mutando desde entonces. Por un lado, no fueron lo suficientemente reconocidas, y acceder a ellas hoy implica investigar diversas fuentes incompletas. Esto lo demuestra, por ejemplo, la poca información que hay en su página de Wikipedia si se la compara con lo que realmente fueron sus numerosos reconocimientos y premios: en un libro del MNAV que detalla parte de su carrera se estima que acumula más de 50. También en Wikipedia, se menciona su casamiento con Jesualdo Sosa, pero, curiosamente, en la página de Jesualdo Sosa no se hace ninguna mención de Portela.

Además, ninguno de los tres libros de la biblioteca del MNAV en los que aparece el nombre de Portela le concede más de media página: se menciona una breve biografía en un libro de Nelson Di Maggio y hay algunos recortes de prensa de premiaciones por su obra en los años 1960. En internet se habla por separado de obras específicas, pero no se encuentran entrevistas o declaraciones de la artista.

No es casualidad que una de las muestras presentadas en Buenos Aires en las que se la incluyó lleve por título Sentenciadas al olvido: artistas argentinas de 1875 a 1950, realizada por Mariana Marchesi, directora artística del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Gluzman, sin embargo, hace mención del “redescubrimiento de los papeles personales de MC Portela” que le permitieron hacer “un extenso análisis, basada en estas fuentes nunca antes vistas y de donde extrajo información” para el artículo de Aware. Esos papeles personales no están disponibles en línea para su consulta.

El grabado como medio

En la década de 1930, Portela decidió incursionar en el grabado con punta seca bajo la supervisión de Alfredo Guido, artista argentino con especial interés en estudiar la conjunción latinoamericana entre la cultura indígena y la española. Además, tomaba inspiración de Goya.

_La espiga_, 1961, punta seca sobre cartulina, 45,5x26 cm.

La espiga, 1961, punta seca sobre cartulina, 45,5x26 cm.

“Lo que Portela elige es la punta seca, que es una hendidura. La punta seca es con gubia muy finita, casi como una aguja, entonces, hiere. No se desliza. Hiere, pero eso es lo que quiero que se vea en la obra. Mientras se trabaja con la punta, existe lo que se llama ‘rebabas’, que es la viruta de un papel, la viruta que deja alrededor, como un pelito. Portela es muy habilidosa porque a pesar de la rebaba y el pelito, sus líneas son muy sinuosas y finitas. Muy fina. Fina en las figuras que realiza, especialmente sus mujeres, sus bosques, su línea fina. Los cuellos son largos. La actitud en las cabezas... Estira, estira cuello y cabeza”, dice Grau.

La investigadora escuchó hablar de Portela por primera vez en la década de 1980 en el MNAV: “Por el grabado, porque yo no sabía prácticamente nada de técnicas de grabado. No tenía idea de todo lo que fuera punta seca y aguafuerte. Por ahí encontré rumores de Portela, a través de la obra. Más que a través de la vida, a través de la obra”.

“El Club del Grabado, que se funda en vida de Portela, involucra todas las técnicas de grabado. La más contestataria a los efectos de plantear mayores contrastes es la xilografía, mientras que la punta seca es más sutil. Y, por supuesto, se puede combinar ambas. Además, el Club del Grabado depende de las épocas, también atraviesa sutilezas o letras que convenía hacerlas en punta seca o contrastes como el grabado xilo en madera”, agrega Grau sobre la técnica.

Acerca de relación entre la también grabadora Leonilda González y Portela, Grau sentencia: “Leonilda era una bomba y Portela era una pluma. No por falta de ideas, sino por sutileza. Leonilda era muy fuerte y sus trazos eran otros. Ya en el trazo te das cuenta: la pluma y la brocha. Son muy distintas”.

Parecería que Portela no precisa imponerse a la fuerza, ni hacer ruido, ni llenar de tinta toda una hoja: su mensaje se plasma a través de lo fino, lo sutil, lo femenino. Se la identifica por sus delicadas siluetas, sus mujeres y la naturaleza. Hay, incluso, reminiscencias de Durero. En una de sus obras más destacadas, titulada Cósimo el rampante, de 1959, sorprende el nivel de detalle que posee de la textura del gorro y la mirada fija que asoma entre los árboles. Cósimo es el protagonista de El barón rampante, la novela de Italo Calvino, y es sólo uno entre varios personajes literarios, como el Quijote, que Portela eligió imaginar en sus grabados, que descansan hoy en los archivos del MNAV.

A 40 años de su muerte, su legado sigue enseñándonos a observar, comprender y preguntarnos cómo se vería hoy la mujer moderna que tanto imaginó.