Agota, de Piffa
Un universo onírico, expansivo y deliberadamente kitsch es el planteo de Piffa para su segundo álbum, Agota. El abanico de géneros –del shoegaze al rock más intenso– está atravesado por un humor ácido que mira con ironía la cotidianidad millennial. Ingenioso y arriesgado, el disco defiende la ambición artística frente a las dificultades ineludibles de la música independiente uruguaya, construyendo un imaginario propio que no se agota en lo sonoro: lo visual, lo gráfico y la puesta en escena de su vivo funcionan como extensiones coherentes de la obra. Un disco que no se resigna a los límites y obliga a la escena a redoblar la apuesta para ponerse a tiro.
“Una excusa”, de Siempre y Cuando Vivas
Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera: en un año signado por el regreso de Oasis, la escena local también tuvo su reunión fraterna. Gonzalo y Gastón Vivas, ex Piel, tienen un nuevo proyecto de identidad autóctona y experimentaciones que cruzan candombe con arreglos de cuerdas y psicodelia. Tras editar tres simples en 2025, cerraron el año con “Una excusa”, su tema del verano, junto con Paul Higgs: funky, candombero y bailable, reúne a tres exponentes de la música local independiente y hasta se da el lujo de citar a Jaime Roos. Ideal para un sunset rochense.
Loser People, de Los Walrus
Protagonistas de la generación musical pospandemia, Los Walrus presentan un nuevo volantazo sonoro: su “era rollinga”, en la que, lejos de Los Piojos o Ratones Paranoicos, apuestan a la cadencia psicodélica, la melancolía lírica y una creciente saturación de sintetizadores que los alejan del indie y el pop alternativo de sus antecesores.
Con cinco temas y dos interludios –en los que dialogan con Luca Prodan y la poesía de Nicolás Cella–, Loser People funciona como un EP extendido y una declaración de principios que busca imponer a los perdedores como nueva moda, al estilo de películas como Superbad. Allí aparecen otros personajes: un sample de Bob Dylan y el feat de Pau O’Bianchi en “Cool”, que lleva el álbum hacia cierta languidez uruguaya. Cantan “todo me da igual” y se los escucha aburridos; sin embargo, “Ruido#” los sacude en otra dirección, deja apreciar su evolución instrumental y la influencia de The Brian Jonestown Massacre, con arreglos de guitarra elaborados y un bajo protagónico. “Caminando” prolonga esa energía, pero, como un círculo, lo que estos tracks desenfrenan vuelve a ralentizarse sobre el final. “Fix” da cierre en una nota dreampop, queriendo dejar un halo esperanzador ante la palpable ansiedad.
“Wither”, de Hangwire
Hangwire es una rareza en el panorama local: liderada por el artiguense Andrés D’Souza, la banda de pospunk en inglés edita en el sello canadiense Artoffact Records y ostenta números altísimos de escuchas extranjeros, además de un séquito de seguidores locales que ha convertido sus presentaciones en vivo en eventos de culto montevideano. Devenida en trío tras una reciente reestructuración, Hangwire adelanta su segundo álbum, Eulogy for the Nameless, con “Wither” (en español, marchitarse), una pieza de género con tintes góticos que afianza el sonido curado por la banda en Farewell (2023): letra lúgubre, un color vocal reminiscente a Marilyn Manson y una producción minuciosa y pesada que acerca el pospunk a un terreno metalero.
“Salteándome un lugar”, de Excelentes Nadadores
La banda insignia del sello Feel de Agua celebró su primera década de actividad en 2025 y sorprendió a los escuchas con una versión de Los Traidores, “Salteándome un lugar”, originalmente parte del disco Montevideo agoniza (1986). Con la bendición de Juan Casanova, el tema fue reimaginado en clave indie y se destaca el diálogo vocal entre Karen Halty y Leandro Dansilio. Fue el único lanzamiento del grupo durante el año, tras algunos sencillos en 2024 y su celebrado debut de 2020.
Odisea, de Motorhome
Hacer rock stoner en Montevideo suena a adentrarse en un desierto de cemento, pero los Motorhome aceptan el desafío y convierten esta odisea en su primer álbum: 13 canciones que defienden al volumen como la identidad del proyecto. En vivo, la banda apila amplificadores Orange para alcanzar un efecto visual y sonoro aplanador, que trasladan al álbum tomando la épica como bandera, al mejor estilo Kyuss.
“La niebla” abre el relato como la caminata inicial en una cruzada y ya desde el primer verso se destaca la claridad de la voz narradora, difícil de distinguir en la vorágine de su vivo. En materia instrumental, los cambios de tempo y aceleraciones enérgicas se aprecian gracias a la excelente ejecución y una producción detallista –claramente familiarizada con el estilo–, destacable en especial al tratarse de un material independiente. Una hora diez de música pesada pero de fácil escucha, que pasa rápido y deja con sed de más.
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