El miércoles falleció la artista ítalo-uruguaya Linda Kohen. Tenía 101 años y una extensa trayectoria cargada de reconocimientos en nuestro país y en el extranjero.
Nació en Milán en 1924 como Linda Olivetti Colombo, y en 1939 abandonó su país luego de que el régimen fascista impusiera las famosas “leyes raciales fascistas”, dirigidas principalmente hacia la población judía. Se radicó en Uruguay en 1940, donde contrajo matrimonio con Rafael Kohen en 1946.
Fue alumna de los dibujantes Pierre Fossey y Eduardo Vernazza. Después de un breve período en Buenos Aires, regresó a Montevideo y en 1949 ingresó al Taller Torres García, donde estudió con figuras como José Gurvich. “Fue una experiencia maravillosa y muy importante”, recordaría en 2012 en el marco de la exposición Tiempos en la Fundación Pablo Atchugarry. “Estuve en contacto con grandes artistas y respiré una atmósfera de creatividad, fuerza y veneración por el arte”.
“Me han preguntado por qué pinto”, dijo en ese mismo catálogo. “He contestado que en verdad no lo sé, como no sé por qué respiro, por qué vivo, por qué tendré que morir... por qué pinto; creo que todo forma parte del gran misterio. Lo que sí sé, y eso puede ser un poco la explicación, es que no puedo estar sin pintar y que, cuando en alguna época de mi vida he tenido que dejar de hacerlo por algún tiempo, me he sentido como desacomodada, desarmónica, desajustada, complicada”.
En una charla recogida en el catálogo de Sola, su exposición en el Museo Nacional de Artes Visuales en 2012, habló sobre los temas y los tratamientos de sus obras. “Eso es algo que nunca pude saber y no creo que sea importante descubrir. No puedo saber verdaderamente el porqué de la elección de un tema, pero sí sé que cada tema exige un tratamiento diferente. Lo que creo entender es que el nexo que une mis trabajos, lo que yo pretendo transmitir es la idea del misterio, ese misterio que es parte de la condición humana, que tratamos infructuosamente de penetrar de alguna manera y con el cual debemos convivir”.
La obra de Kohen forma parte de colecciones públicas y privadas de América y Europa, y sus exposiciones individuales han llegado a museos de Argentina, Brasil, Estados Unidos e Italia, además de los de nuestro país.
En 2018 se anunció que la nueva edición del Premio Nacional de Artes Visuales llevaría su nombre. Alejandro Denes dijo por entonces a la diaria que la artista “no ha sido lo suficientemente reconocida (por ejemplo, nunca recibió un premio Figari), a pesar de que cuenta con una obra muy personal y una gran trayectoria, además de ser una de las pocas artistas vivas que integraron el Taller Torres García”. Fue la segunda vez que el principal galardón de las artes visuales, establecido en 1937, llevaba el nombre de una mujer.
Sería el comienzo de una seguidilla de reconocimientos, ya que en 2019 recibiría la Medalla Delmira Agustini por su actividad cultural. “Este reconocimiento, que el Ministerio de Educación y Cultura le confiere hoy, es a la artista pero también a la persona. A su obra pero también a su vida. A lo que ha dejado a este país que, tras tantos cambios bruscos y desprendimientos, siempre eligió como su morada permanente”, dijo la por entonces ministra María Julia Muñoz”.
En 2021 se corregiría el error señalado por Denes unos años antes y Kohen finalmente recibiría el Premio Figari a la trayectoria artística. El jurado integrado por María Eugenia Grau, Daniel Gallo y Elena O’Neill decidió que el galardón fuera para ella “por la vasta y perseverante trayectoria y proyección de la artista en el medio local, regional e internacional”, señaló el fallo.
“Se trata sin duda de una referente tanto en pintura –hilo conductor de su trayectoria– como en técnicas que incluyen telas con collages en relieve o instalaciones que asumen los ángulos de posturas del espectador. Ha participado desde 1949 hasta nuestros días en exposiciones colectivas y desde 1971 en la realización de exposiciones individuales. Recibió numerosas distinciones por su trayectoria artística, como el Premio Morosoli –Artes Visuales– en 2013. El 58º Salón Nacional, de 2018, llevó su nombre como artista homenajeada, entre otros reconocimientos”, agregó el jurado.
En marzo de 2024, en el año de su centenario, fue declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Montevideo. La Intendencia de Montevideo señaló que sus pinturas “han sido destacadas por su carácter intimista y conllevan un tono casi autobiográfico. Numerosos autorretratos ofrecen una mirada subjetiva de la realidad inmediata de la artista. Su obra es serena, de paleta apagada y composición despojada, invita a la introspección”.
Trabajó hasta sus últimos días, como muestra su participación en la más reciente Bienal de Montevideo, desarrollada entre octubre y noviembre del año pasado. “Tengo tantos años y tengo la suerte de participar”, dijo en una reunión con la vicepresidenta Carolina Cosse, en el marco de la bienal. Allí dejó su consejo: “A las nuevas generaciones que se inician en el arte les recomiendo trabajar, meterse, involucrarse, poner transpiración y trabajo”.