Con todas las resistencias de la industria del entretenimiento, que entre otras movidas lleva a las compañías de inteligencia artificial (IA) a la Justicia por haberse alimentado de todas sus propiedades intelectuales sin haber pedido permiso, se han desarrollado herramientas generativas que producen resultados cada vez más atractivos para quienes no se detienen en detalles estéticos o políticos.

La compañía OpenAI, la misma de ChatGPT y DALL-E, bot de conversación y generador de imágenes, respectivamente, también ha puesto en marcha Sora, un generador de video.

En este 2026, la compañía planea estrenar su primer largometraje animado y buscará hacerlo en el Festival de Cannes. La película se llama Critterz y se basa en un cortometraje de 2023 que satirizaba los documentales sobre la naturaleza, que a su vez había sido generado con DALL-E. Para el proyecto, OpenAI únicamente provee la tecnología; el resto está a cargo de la productora británica Vertigo Films y de Native Foreign, una productora “especializada en narrativa IA”.

“OpenAI puede estar todo el día diciendo lo que hacen sus herramientas, pero el impacto es mucho mayor si alguien más lo hace”, dijo Chad Nelson, especialista creativo de la empresa, en conversación con The Wall Street Journal, cuando se anunció el proyecto, en setiembre de 2025. “Es un caso de estudio mucho mejor que si yo hago una demostración”.

El golpe de efecto es doble. Por un lado, se trata de realizar una película animada en alrededor de nueve meses, frente a los tres años que suele tomar esta clase de producciones. Por otro lado, se estima un presupuesto de “apenas” 30 millones de dólares, es decir, bastante menos de lo que cuesta una animación de primera línea. La segunda parte de Intensa-mente, estrenada en 2024, costó alrededor de 200 millones de dólares.

El uso de IA ya es parte de la cadena de producción de empresas grandes de animación, como Disney o Pixar, que utilizan ese tipo de herramientas para el análisis de experiencia de usuario y campañas de marketing. Sin embargo, mostraban cautela a la hora de abrazar por completo la nueva tecnología en el núcleo del proceso creativo, debido al temor de terminar enfrentándose (otra vez) a los actores y guionistas, además de a otros trabajadores que verían sus empleos en riesgo.

Ahora, a mediados de diciembre, la compañía Disney le encontró una vuelta al problema: hizo un acuerdo con OpenAI para distribuir sus películas –como había hecho antes con otros estudios–, lo que significa que Critterz podría llegar a verse en salas y en el streaming Disney+.

Más allá de lo que ocurra con la película, se trata de un acuerdo de cooperación ambicioso. Disney invertirá 1.000 millones de dólares en OpenAI y además le otorgará acceso a las creaciones de su propiedad. Esto significa que los personajes clásicos de Disney y también los de las compañías que ha adquirido, como Marvel y LucasFilm, serán “inspiración” para las ofertas de la herramienta Sora. Así, versiones de Mickey, Iron Man y Luke Skywalker, entre una centena de personajes, formarán parte del paquete de la herramienta de generación de video de OpenAI, por lo menos hasta 2029, cuando venza el pacto entre las compañías.

Con todo, es probable que para entonces la relación entre OpenAI y Disney se encuentre en otro estado. Cabe recordar que, por ejemplo, desde la década de 1990 Disney llegó a distintos acuerdos con Pixar, la compañía que emergía como vanguardia de la animación digital, hasta que en 2006 terminó comprándola.