Suavecita trabaja en un hospital público al que llega desde los márgenes para ofrecer una “terapia alternativa” que a su vez le permite sostener la vida de su hija. El unipersonal de Martín Bontempo, estrenado en 2023, sintetiza gran parte de la realidad social que se vive en zonas como el conurbano bonaerense (o la periferia montevideana) apelando a la fantasía y el humor para acercar las historias.
Antes de hacer Suavecita, Camila Peralta había trabajado con Bontempo en el espectáculo En la piel. En ambas obras la actriz trabaja con personajes que habitan los márgenes y viven en la precariedad, una condición que, aunque se ambiente en otro sector social, también podemos encontrar en algunos personajes de sus trabajos en formato audiovisual, como la película Puan (María Alché y Benjamín Naishtat, 2023). ¿Tiene que ver con la inestabilidad que atraviesa la sociedad argentina? “Creo que sí, y es algo que recorre a todas las clases sociales. En la serie Planners, el padre del hijo de mi personaje desaparece, y ahí interpretaba a una mina que tenía plata. Creo que son los tiempos que corren, o por ahí los tiempos de siempre. Pero sí me han tocado personajes que están en los márgenes del sistema, y me dan la posibilidad, como artista, de conocer esas historias, de entenderlas y de empatizar mucho más. Siempre celebro la posibilidad de entrar a mundos a los que tal vez nunca hubiese ido”, contesta Peralta.
También está el caso de Nancy, el personaje que da nombre a la película de Luciano Zito (2025), que limpia casas y fue víctima de abuso. “Ese personaje me permitió conectar con un montón de gente que había sufrido abuso, o con pibas que laburan en casas y conocer cómo viven ese trabajo. Creo que debe tener que ver un poco con la época, sí”, concede.
Sobre los personajes de Suavecita y En la piel, Peralta añade: “Son personajes que, más allá de estar viviendo situaciones terribles, como no tener un peso para darle de comer a la hija, o estar metida en una casa trabajando sin parar, tienen sueños, tienen deseos, tienen ganas de que su vida cambie. Lo que Martín trae a esas historias es la aparición de la fantasía, de que el mundo puede ser de otra manera. Yo trato ahí de meterme lo más posible y acompañarlos porque también es lo que me representa a mí”.
Algo que aparece en Suavecita, vinculado a lo fantástico que aporta Bontempo, es la religiosidad popular, esa que genera personajes como el Gauchito Gil o que atribuye milagros a Gilda, por ejemplo.
Y que también es algo que recorre todas las clases sociales. Vos escuchás por ahí gente de mucho dinero que va todos los años a llevarle al Gauchito Gil una velita. Tiene que ver con la fe y con una religión más pagana, con esos santos que parecen más accesibles, más parecidos a uno. Para mí, que la obra tenga ese contenido, también influyó en lo bien que le ha ido. Yo estoy llena de esas devociones a ciertas cosas, tengo estampitas por todos lados, prendo velitas antes de las funciones, hago millones de rituales. Ni idea por qué, porque no soy una piba creyente, pero está eso de “¿y si al final esto existe? ¿Y si es posible?”. Creo que el espectáculo, que por supuesto es una ficción, tiene eso de la fantasía traída a la realidad.
Es muy interesante la forma en que la obra deja ver, desde la cotidianidad del personaje, que hay personas que pueden comprar no solo cosas sino incluso salud, y personas que solo se pueden vender a sí mismas para poder conseguir algo. Que esa situación dramática aparezca atravesada por el humor y la picardía también es una virtud de la obra.
Sí, ese es el mundo en el que vivimos. Por ahí yo soy más de las personas que pueden, no estoy en los márgenes, pero no paro de estar en contacto con gente que tiene que vender algo para tener acceso a cosas mínimas. Para nosotros era re importante atravesarlo con el humor, porque si no uno se vuelve un observador ajeno, y no queríamos ni moralizar ni juzgar. Queríamos sentirnos parte, porque es como nos sentimos. Yo, más allá de que ahora tengo algunas comodidades, vengo de un pueblo [Balcarce] de re pocos habitantes, y estoy todo el tiempo con esas otras realidades. Martín también es del conurbano, y trabajó en hospitales públicos. Estamos en vínculo con esa realidad. El humor apareció muchísimo en los ensayos. Las muletillas que tiene el personaje, la forma en que definimos que fuera más “suavecita”, todo eso hizo que apareciera otro humor. La situación en sí ya es incómodamente cómica, porque que Suavecita no pare de hablarle a un tipo que está en terapia intensiva te muestra que intenta llenar el momento de los nervios que tiene. Es tristísimo y a la vez es gracioso. Le pusimos mucho el ojo a no estar riéndonos de ella; no nos estamos riendo de ella, la estamos acompañando.
Si bien desde el estreno, en 2023, no pasó tanto tiempo, sí pasaron muchas cosas en Argentina. ¿Notás que cambia lo que percibe el público del personaje o de la situación?
Nosotros no cambiamos nada de lo que se dice, más allá de que evidentemente desde que estrenamos se me ocurren cosas en las funciones y las digo. Pero sí que cambia la percepción, porque una es diferente y es diferente el momento que estamos viviendo. El otro día en Argentina se aprobó la reforma laboral, que es una situación terriblemente dolorosa para los trabajadores, y en un momento ella habla sobre la plata, pide un aumento y se lo dan, y dice “al final había que conversar”. Y eso es muy irónico en este momento, porque es lo que nos quieren hacer creer, que vamos a conversar con los jefes y nos van a decir “tenés razón, te doy 100 más”. Entonces creo que esas cosas sí cambian de lectura, pero nosotros seguimos diciendo lo mismo. Y nos gusta que no tenga una época. No hay celular, ponele, no decimos nada para ubicarla temporalmente. Pero sí, creo que va cambiando mucho lo que la gente percibe.
Estrenaron en una sala chiquita y ahora pasaron a salas mucho más grandes, ¿cómo se ha modificado tu vínculo con el espacio y con el público?
Tenía mucho miedo, mal. Pensá que la creé para que me estés viendo de cerquita, y cuando pasamos a un espacio gigantesco el tema era cómo hacer para que eso no se perdiera. Primero tuvimos que transar con la idea de usar micrófono, que para mí era un sacrilegio, pero claro, pensamos que si empezaba a proyectar la voz iba a desaparecer esta cosita de que ella tiene que hablar bajito, porque cambia el personaje. Así que la primera barrera que tuvimos que romper fue esa, usar micrófono, de una manera muy sutil, y ver qué pasaba. Y después sumó mucho la forma en que se ve la puesta. En Nün, el teatro en que arrancamos, la puesta era idéntica, pero al estar tan cerca la gente no tenía la perspectiva que tiene ahora de ver a alguien ínfimo, de color rojo y violeta, en un espacio celeste sin vida, sin ningún tipo de emoción. Con el cambio cobró mucho más sentido ese espacio que habíamos armado. También se disfruta más el juego con el diseño de luces, todo según lo que me cuentan. Y sentir que 500 personas se rían al mismo tiempo te ceba como loco, como actriz te dan ganas de estar ahí tirando más. Obviamente que en el teatro chiquito también lo sentía, pero es diferente 80 personas que 500, así que creo que todo fue para mejor.
El Galpón es una institución emblemática de nuestra ciudad. ¿Cómo es para vos estar acá?
Estoy muy contenta de estar acá. La vez anterior que vinimos la pasé increíble. Después fuimos a comer y sentí que era gente que conocía de Balcarce, como de toda la vida. Hay como una onda especial que me parece que tiene que ver con la garra que le ponen a esta actividad y a este trabajo y la manera de gestionar estos espacios. Allá es una utopía un lugar así, se intentó hacer este tipo de cosas y no se pueden hacer mucho. ¿Por qué motivo? No sé. Por la locura de la ciudad, porque hay más problemas, no sé. Pero me parece hermoso el lugar, técnicamente es buenísimo, y la gente que lo conforma es genial.
¿Cómo convive un unipersonal de las características de Suavecita con toda tu otra dinámica de trabajo audiovisual?
Es difícil. He tenido que hacer locuras para poder hacer que sigan todas las cosas. Lo que me pasa con Suavecita es que, como tengo un deseo tan grande de seguir haciéndolo, acomodo las cosas como sea y no me importa estar agotada y tener que irme un día a Córdoba y otra vez a Bariloche y salir a hacer notas. Todo eso es estresante, pero tengo tantas ganas de hacerlo que se borra todo. Sí estoy en un momento en el que es difícil sumarme a un proyecto de las características con las que empezó Suavecita, porque estar con rodaje hace que en cualquier momento te puedan decir “mañana vení, pasado no”. Pero Suavecita la militamos mucho para poder darle espacio como sea.
Leí que llegaste de Balcarce a Buenos Aires a estudiar dirección de cine ¿Sigue estando la directora en tu trabajo como actriz?
Soy una mandona serial, como actriz soy muy de proponer y de dirigir, y no me canso hasta que sienta que lo que estoy haciendo en la escena lo puedo defender de verdad. No por caprichosa, sino porque una cuando empieza a meterse en un personaje entiende unas cosas que no se entienden de otra manera. Yo sé qué opina Suavecita, sobre todo; sobre lo que quieras preguntarme sé lo que opina. Y eso porque viví mucho tiempo haciendo ese personaje, porque pienso como el personaje cuando estoy actuando. Desde el inicio del proyecto tenemos pila de mails en los que le propongo y pregunto un montón de cosas a Martín. Antes la obra era más episódica, ponele, y yo le dije que necesitaba un recorrido, saber cómo sale de una situación y pasa a la siguiente. Esas cosas las fuimos armando entre los dos y creo que tiene que ver con que yo estuve metida en la dirección. También hice dirección de teatro además de dirección de cine, hasta que me dije “basta, vos querés actuar”.
Suavecita. Sábado 21 a las 21.00 y domingo 22 a las 19.30 en El Galpón. Entradas $ 1.600 en Redtickets. 2x1 para la diaria.