Quien llegue desprevenido a la Cátedra Alicia Goyena seguramente quedará impactado por el color intenso, original y elegante de los cuadros que están en el hall y en las paredes de otros dos espacios de exposiciones. El trabajo sobre lo cromático fue indudablemente uno de los intereses centrales de Alicia Asconeguy (1949-2020), y es uno de los elementos que intensifican la sensibilidad pop, el ánimo provocador y el humor de la muestra Alicia en el País de las Maravillas, que reúne una veintena de obras producidas en los años 1980 y 1990.

Docente, investigadora y crítica (escribió en la diaria, entre otros medios), Asconeguy formó a varias generaciones de artistas al tiempo que construía su propia obra con un perfil más bajo que muchos de sus cogeneracionales. Uno se pregunta, por ejemplo, qué polémicas podría haber llegado a generar, en aquellas décadas tan susceptibles a la irreverencia y tan afectadas por la caída del Muro de Berlín, la pintura en la que reúne, en torno al actor Don Johnson –galán de la entonces popular serie Vicio en Miami– a Juan Domingo y Eva Perón, a un montón de muchachas al sol en bikini y al Coyote de los dibujitos animados, que le comenta al Che Guevara, globito de historietas mediante, “¡qué minas!”.

La yuxtaposición y la ironía, que tal vez fueron lo mejor del posmodernismo de fines del siglo XX, aparecen más sutilmente en otras piezas, en su mayoría óleos sobre tela. Hay, por ejemplo, un bodegón apacible en el que aparece una botella de cerveza; el guiño está en el título: Patricia. En Anunciación por la paz, un cuadro producido para un concurso organizado por la Iglesia, cita la composición y el uso de la luz renacentistas, comunes en la representación de la aparición del arcángel Gabriel ante la virgen María, y aquí el toque discordante lo da el paisaje moderno que se insinúa a través de una ventana, en el que se distingue el Chrysler Building neoyorquino.

La serie Cebras de la entrada es puro goce visual, en la que la piel de los animales es puesta a jugar con trazos no figurativos. Bailarinas, por su parte, registra cierta moda que se impuso desde las pantallas, mezcla de danza, gimnasia y erotismo puritano, y no es forzado encontrar una mirada cuestionadora a la estandarización de la figura femenina.

La muestra itinerante –pasó por Treinta y Tres, Rocha, Tacuarembó, Rivera y San José, con curadoría de Felipe Maqueira y gestión de Genoveva Malcuori– se llama Alicia en el País de las Maravillas, dado que el autorretrato que nos recibe es una cita de la obra de Lewis Carroll, y acumula en Montevideo una convergencia extra, dado que su locación es la antigua residencia de una tercera Alicia, la educadora Alicia Goyena. La Cátedra Alicia Goyena –biblioteca y espacio de talleres y conferencias de educación secundaria–, también conocida como “la casa de Alicia”, celebra este año cuatro décadas de formación y promoción cultural.

Alicia en el País de las Maravillas. En la Cátedra Alicia Goyena (Pablo de María 1079) de lunes a viernes de 10.00 a 18.00. Hasta el 30 de abril. Entrada libre.