Fantasmas de julio fue exhibida hace unos meses en el Festival de Cinemateca y fue, en mi opinión, la mayor sorpresa de lo que pude ver del festival (que no fue poco). Es una obra especialísima que, por desgracia, no parece haber tenido la suerte de generar una expectativa que llevara a que mayor cantidad de gente se interesara por verla. Fue lanzada en el muy prestigioso festival de Locarno, pero no la premiaron, y luego tuvo una trayectoria modesta en otros eventos internacionales: ganó el premio especial del jurado en el festival de Hainan, China, y la Online Film Critics Society la consideró una de las diez mejores películas de 2025 no estrenadas en Estados Unidos.
El director Julian Radlmaier tiene 41 años, y ésta es la primera de sus películas que se estrena en Uruguay. Al parecer, su reputación crece poco a poco y quizá, si un día su carrera llega a descollar, esta película pueda ser reevaluada. Aunque es oriundo de Núremberg (Alemania Occidental cuando él nació, en 1984), sus películas todas tienen que ver con el marxismo y el comunismo, con títulos como Un espectro recorre Europa (2013), Un cuento de invierno proletario (2014) y Autocrítica de un perro burgués (2017). La más famosa, Chupasangres (2021) se anunció como “Una comedia marxista de vampiros”, y me resultó interesante descubrir que el actor protagónico es el georgiano Alexandre Koberidze, exacto coetáneo de Radlmaier, también un formidable director. Fantasmas de julio tiene unas cuantas afinidades con la obra de Koberidze y su título original, Sehnsucht in Sangerhausen, quiere decir “Anhelo en Sangerhausen”, siendo ésta una pequeña ciudad que, durante la Guerra Fría, perteneció a Alemania Oriental.
De Novalis al feminismo actual
Son cuatro episodios interconectados, el primero a fines del siglo XVIII y los demás en la actualidad, todos ubicados en Sangerhausen y alrededores. La película tiene varios cortes extraños y elipsis enigmáticas que contribuyen a que cada detalle que vemos o que escuchamos quede impreso en nuestra memoria. En los episodios subsiguientes cada una de esas cosas estará resonando, en una compleja composición de variantes de objetos o motivos: la piedra azulada, cerezas, rosas rojas (que a su vez riman con el rojo de las cerezas y recuerdan que Sangerhausen tiene el mayor rosedal del mundo), la famosa escombrera piramidal, camellos, las mismas piezas musicales.
Aparte de los elementos profílmicos, también los encuadres se reiteran: en distintos lugares y ocasiones vemos planos generales con personas caminando por el borde inclinado de cerros o de la escombrera. Hay incluso variantes de una sucesión de planos en el montaje, en que la media luna surge en el lugar del encuadre en que, en el plano previo, había un rostro o dos personajes se besaban.
Esa estructura casi abstracta, poética, sostiene las anécdotas e interactúa con ellas. Contribuye además a establecer una cierta distancia que apoya los muchos elementos del peculiar humor de esta película. Por la línea anecdótica, podría encuadrarse en ese casi género europeo de feel good movies pos-utópicas en que personajes algo perdidos y solitarios se encuentran y se contienen mutuamente.
Sin embargo, se diferencia de ese género complaciente y patéticamente alienado en que lo material es un condicionante impenetrable. Más allá de la soledad y los desencuentros amorosos, todos los personajes tienen que esforzarse por ganarse el sustento, y ninguno lo hace desde una posición de seguridad o estabilidad. Lotte trabaja para el ingeniero minero y poeta Novalis y, entre otras cosas, recoge su caca de la pelela (no recuerdo muchas películas, y mucho menos con ambientación de época, que tengan un plano de detalle de un sorete). El episodio dieciochesco corta, en forma casi incongruente, a la imagen de Ursula pasando una aspiradora en una tienda de muebles moderna. Neda, refugiada iraní de las protestas de mujeres contra el régimen, tiene que hacerse de una fuente de ingresos estable para consolidar su visa, al tiempo que Sung-nam, refugiado de alguna de las repúblicas asiáticas de la ex-URSS, oculta el nieto de un amigo que está ilegalmente en el país, y mientras tanto labura como guía turístico, pero esa fuente de ingresos tambalea, ya que algún motivo no explicado lo obliga a vender su camioneta.
Todo el tiempo hay una extraña y ambivalente ironía. La banda musical mezcla una espantosa canción Schlager europop con Schumann y Takemitsu. Pululan las reminiscencias de una herencia cultural riquísima, de Federico Barbarroja al realismo socialista de tiempos de la República Democrática Alemana, pasando por el romanticismo de Novalis. Si bien lo único que vemos de Novalis es su caca en la pelela, el famoso fragmento de la rosa azul de su novela Heinrich von Ofterdingen inspira en Lotte el afán de buscar nuevos horizontes. En la época actual, Novalis aparece impreso en una taza a la venta para turistas.
La narrativa omnisciente va a vincular los personajes por la piedra azul que pasa de mano en mano en el correr de más de dos siglos (¿y quién puede imaginarse qué historia contiene cada piedra que podemos llegar a asir?). Pero a todo eso, una de las etapas de la piedra consistió en ser tragada por Norbert —que se ganaba la vida con el trabajo casi-circense de tragador de piedras—, y eso quiere decir que ese símbolo romántico en algún momento fue defecado. Podemos suponer cuánto hubo de sufrimiento y atentado a la ecología en el período de intensiva minería, pero de eso lo que nos queda es la magnífica escombrera (un montón de deshechos), que domina el paisaje de la región. La cueva misteriosa en que se refugian los personajes es la salida de un museo turístico, y junto a los preciosos detalles geológicos hay una máquina que expende gaseosas, y es justo ahí donde va a surgir uno de los fantasmas del relato. Porque sí, aparte de todo, también es una historia de fantasmas, literales o soñados.
La política existe: Lotte y Norbert quieren escaparse de Sajonia hacia Francia, porque allá “están decapitando a los nobles”. Por doquier constatamos la insuficiencia de las políticas actuales referidas a los refugiados, el clima xenófobo contra los inmigrantes, el vínculo opresivo entre las personas adineradas frente a las que no lo son. La mayoría de los personajes importantes son mujeres, y las vicisitudes de la condición femenina se enfatizan todo el tiempo con una perspectiva informada por el feminismo.
El cine es todo un tema en la película: es en una sala de cine que Neda pierde de vista a Mariam. Es en el cine que Neda sueña (aunque hay un buen margen para duda) que se reencontró con Mariam, y resulta que ambas fueron alumnas de Abbás Kiarostamí en Teherán. Si Mariam es un fantasma (es una posibilidad), cabe pensar que pudo haber fallecido en la represión a las protestas de 2022.
La película fue filmada en Super 16 mm, y el visual es exquisito. Esta película originalísima conjuga rigor estructural e imaginación juguetona, apila intrigas y sorpresas, transita irreverentemente entre registros y emana una profunda humanidad. El comunicado de prensa de su difusión internacional lo sintetiza a la perfección: Julian Radlmaier “ha creado una película que se siente tan ligera como una brisa de verano, pero que perdura como un fantasma.”
Fantasmas de julio (Sehnsucht in Sangerhausen). 90 minutos. En Cinemateca.
