El barrio San Vicente de Córdoba capital se asienta sobre la ribera sur del río Suquía y es conocido como “la República de San Vicente” desde 1932, cuando un edicto municipal quiso prohibir los festejos locales de carnaval ya que competían con los corsos oficiales. La vecindad se alzó en rebeldía, cortó el puente que los unía al centro de la ciudad y hasta instauró su propia bandera, mitad verde y mitad roja. Hoy en día el barrio mantiene esta estela de bohemia y cierta aura cultural, y también es conocido nada más y nada menos como “la cuna del cuarteto”, ya que allí se encuentra el Estadio Monumental Sargento Cabral, templo del popular género cordobés.
De San Vicente es oriundo el cuarteto de guitarras criollas La Nafta, formado en 2022 por Nacho Sánchez, Juan Piguillem, Agustín Guevara y Manuel Roldán. Conocidas como “las guitarras de la República”, en sus presentaciones conviven tangos, valsecitos y milongas. Hace un par de años fueron a ver a un bar de la ciudad al cantautor porteño –ex Los Espíritus– Santiago Moraes, quien acumula ya una decena de discos entre colectivos y solistas. En la vereda trasnochada donde, por lo general, surgen los mejores proyectos divagaron sobre “entrelazar el entramado de guitarras de la banda con la profunda voz del solista, imaginando un repertorio que homenajeara al gran Alfredo Zitarrosa”. Después de muchos ensayos a distancia, dos shows en vivo y una “maratónica” sesión de grabación, presentaron De la mano al corazón, un EP con seis bienvenidas versiones, cuyo título se inspira en un verso de “Romance para un negro milonguero”, canción ya explorada por el cantautor en la versión solista de “Perdida en el fuego” de 2024.
Hay que celebrar el riesgo que significa para un músico argentino de raíces urbanas interpretar a un artista de la dimensión de Zitarrosa. Ello conlleva también una advertencia: puritanos, abstenerse de estas versiones. Lo cierto es que Moraes –hijo de uruguayos– sale airoso del desafío y defiende cada verso con sus no pocos yeitos vocales, esos con los que suele cantar melancólicas crónicas ciudadanas, historias mínimas del bajo porteño, de personajes marginados y fondas donde se huele el peligro desde la puerta.
El proyecto fue registrado en estudio, pero con todos los músicos tocando a la vez, buscando preservar el fuego del vivo, y se nota. Detrás de la voz seca y ajada, el cuarteto cordobés teje arreglos que, si bien se arriman a los originales, están llenos de sutilezas que les aportan un nuevo aire. En este sentido, destacan las percusiones de Patuco López y Diego Palmerola en “Romance para un negro milonguero”, en la que subrayan el cadencioso son, y en el rasguido doble en “Nene patudo”, que aquí suena, por decir algo, bolerizado.
Más allá de lo interpretativo, que luce, un gran acierto es el repertorio. Si bien le da lugar a “Milonga para una niña”, uno de los históricos hits del hombre engominado, esquiva muy bien los lugares más comunes para incluir piezas como “Los boliches” –de Nacho Suárez y Yamandú Palacios– y “Vea patrón” –de autoría del centenario Aníbal Sampayo–. Y sobre todo “El olor a leña, Bobby”, claro lado B en el que defienden de manera magistral los versos “Tal vez al palo le duele/ verse morir/ el fuego lo ama y lo muele/ lo vuelve gris”.
Como los últimos discos de Maia Castro y Analía Pérez y los otoñales homenajes por los 90 años, De la mano al corazón se suma al torrente de revisiones recientes del catálogo zitarrosiano, y eso siempre es una buena noticia.
De la mano al corazón (canciones de Alfredo Zitarrosa) de Santiago Moraes y La Nafta. Little Butterfly Records, 2026. En plataformas.
