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Cultura Miradas
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Una fuente oculta de El baño del papa: la narrativa uruguaya de Aldyr Garcia Schlee

El escritor fronterizo, autor de El día que el papa fue a Melo

Como este año un papa va a visitar Uruguay nuevamente, a alguien se le ocurrió la idea de pasar El baño del papa a una platea de estudiantes nocturnos, quienes se encontraron con la sorpresa y reaccionaron de diversas maneras, desde el entusiasmo de uno que se involucraba plenamente con los percances del personaje encarnado por César Troncoso hasta quienes preferirían no haber tenido la experiencia cinematográfica. No faltó también quien, de origen arachán, contara que su hermana había actuado en la película de 2007. Y, como la idea era trabajar un poco más con el tema, me puse a buscar más información, momento en que encontré el comentario en la página Retina Latina, donde decía que la producción uruguaya –que allí se puede ver– está “inspirada en el libro de cuentos El día en que el papa fue a Melo, del escritor brasileño Aldyr Garcia Schlee”.

Esas palabras me llamaron la atención ya que, en los tiempos álgidos de promoción y entusiasmo alrededor de este hito del cine uruguayo, esperé que alguno de sus responsables hiciera mención al trabajo del autor nacido en la por estos días medio inundada ciudad de Jaguarão. Nunca encontré comentario alguno, o tal vez sí se dijo y no me enteré, ni quedó registro al alcance. De modo que, en un impulso, se lo conté a su hijo Aldyr, quien publicó en sus redes que pese a que su padre nunca hubiese protestado por tal “omissão (a ‘inspiração’ é muito mais do que evidente)”, encontraba que se hacía justicia. Además de que me contó que, el día en que me comuniqué con él, acababa de releer el cuento “Melo era una fiesta” y agregó: “Que boa essa referência que localizaste. A primeira!”.

En ese relato, con la búsqueda realista minuciosa de un autor que fue a la capital arachana tras la visita de Juan Pablo II en 1988, se enumeran todos los productos que la población local intentaba vender a unos miles de visitantes que nunca llegaron, “disponiendo todo sobre estrados y mostradores con tablas y cajones, al costado de las aceras, en las esquinas, por los lugares de estacionamiento, junto a las letrinas improvisadas y hasta en el sector de las cantinas, en la propia explanada donde el papa hablaría al pueblo”. Las historias, que en Uruguay publicó Banda Oriental en 1991, pintan las vidas de varios personajes, casi todos pobres o desgraciados, que viven lateralmente la visita del pontífice, sin mostrar rasgo alguno de devoción, sino, a lo sumo, cierta desconfianza.

Se pueden leer ahí las peripecias de un cura que decide no ir a ver a su jefe, aparecen algunas prostitutas, un anciano militante político que prefiere cerrar la ventana, unos pollos, un lechón, un capincho, uno que va preso y no dice palabra frente a los interrogatorios o el periplo en un camión cargado de borrachos y parientes que, aunque con menos suerte, recuerda al viaje que cuenta Morosoli (y su respectiva película). Esta última aparente intertextualidad no es ociosa, ya que el escritor jaguarense conoció profundamente la literatura uruguaya, además de que su obra estuvo situada siempre en escenarios cercanamente fronterizos o en el propio Uruguay.

Esto sucede tanto en sus Cuentos de fútbol, su otro libro publicado por Banda Oriental en español, como en su vasta producción de narrativa breve. No faltan ahí diversas referencias a ese fenómeno que conocemos como “fútbol uruguayo”, entre las que, en su momento, me resultó muy impactante que contara una definición por penales de la extinta Liguilla, cuando Alfonso Domínguez terminó errando. Hasta aquí lo traducido, pero no la narrativa de Aldyr situada del lado hispanohablante de la frontera, porque también publicó Os limites do impossível (ARdoTEmpo, 2009), un conjunto de cuentos que terminan desdibujando sus fronteras para formar una novela ambientada en Tacuarembó, más precisamente en la casa del coronel Escayola, el padre de Gardel en la teoría uruguaya, narrada desde el punto de vista de las mujeres que allí vivieron.

Como si fuera poco, tal vez su obra más ambiciosa haya sido Don Frutos (ArdoTEmpo, 2010), una novela gorda que cuenta la historia de Fructuoso Rivera, varado a causa de su salud en Yaguarón, último destino en su viaje de regreso tras su exilio en Brasil. El personaje está quieto mientras el relato viaja en el tiempo a través de documentos que salen de un arcón y muestran su relación con Juan Antonio Lavalleja (y cómo quiso consumar el matrimonio con la esposa de su compadre, Ana Monterroso). Mientras espera del lado de allá de la frontera, y hasta le aparece un hijo fruto de su labor caudillesca, un médico inglés analiza sus deposiciones, una indudable y divertida alegoría. Llena tal vez un hueco en el tratamiento literario de la figura del multifacético y polémico personaje (Tomás de Mattos lo toca de costado en Bernabé, Bernabé), con la libertad de quien, al construirlo en su complejidad en la ficción, sin posicionarse ni a favor ni en contra, se encuentra a salvo de la polémica política que en Uruguay despierta la figura del primer presidente constitucional.

Pienso, tal vez siguiendo el entusiasmo literario y vital de Aldyr, que estos dos últimos libros, si existiera la energía necesaria (la que hubo en tiempos anteriores), podrían perfectamente ser traducidos y leídos en Uruguay, además de que podrían inspirar nuevas películas.