La final de la Copa Nacional de Selecciones es tanto un momento competitivo cúlmine del Uruguay futbolero como una instancia de reivindicación social del ser del interior.
Esa conciencia, difícil de asentar por la carencia de símbolos y narrativas oficiales integradoras del interior en el marco de la diversidad que hace distinguir a cada departamento –aquello de que no hay un solo interior–, se reproduce desde la protesta por el tratamiento desigual de las políticas públicas, de las atenciones, de la distribución de recursos, de la información. Todo respecto a Montevideo.
Sólo expresiones culturales han contribuido masiva y efectivamente a unificar el sentimiento nacional descentralizador, con “Morir en la capital”, de Pablo Estramín, como bandera interpueblos de una noción que cualquier niño o niña no montevideano desarrolla desde el amanecer de sus tiempos.
La Copa es un mojón para saber que hay un “nosotros”, una identidad conjunta del interior que se exacerba y se expone en cada verano, que hace encolumnar en indignación a los pueblos cuando la mayoría de los medios masivos, privados y de carácter presuntamente nacional ponen en escena su desconocimiento informativo y conceptual sobre el devenir de la vida -y el fútbol- y el día -y la Copa- más allá del centro del mundo.
Un tango
A media cuadra del estadio Juan Antonio Lavalleja minuano pasa la calle Francisco Canaro. Es una única cuadra. Menos de 100 metros mide el recuerdo de aquel tanguero de San José de Mayo que de niño se fue a Buenos Aires a vivir en un conventillo antes de tocarle al cielo, o parecerse al cielo dirigiendo.
A media cuadra, en Lavalleja y San José, nadie se olvida de la final de 2022. Fue una de las más épicas disputas del fútbol nacional. Hacía un frío paralizante entre sierras cuando los blancos vencieron por penales, heroicos, luego de remontar una serie que habían largado perdiendo de local contra los tricolores, recordistas en partidos consecutivos ganados por una selección del interior, brillantes y apabullantes.
Fue de leyenda. “En este momento, no hay jugador en el mundo más dominante”, dijo un universitario minuano sobre Daniel Martínez, volante central visitante. Mandaba todo. Fue en pleno alargue, cuando la cultura futbolística del Uruguay nos pintaba el panorama: era obvio que si Lavalleja erraba tantos goles, San José sería campeón. La premisa está en la Constitución oral y popular de esta república. Cualquiera que hubiera aprendido de los olores de la gramilla y el linimento de la patria tomaría dimensión inmediata de los niveles espirituales del momento: “Esto es histórico, nunca vi una final así”, cantó otro veinteañero ya sin párpados en aquel entrevero de mística en un estadio abarrotado, a media cuadra de Canaro. Si durante aquel partido de otros tiempos hubiera sonado una melodía de fondo, hubiera sido un tango. Y tal vez hubiese sido “Sacate la caretita”, el tema que impuso Canaro en los años 20 para que después Álvaro Gestido, campeón olímpico y del mundo en Ámsterdam 1928, la inmortalizara con “Vayan pelando las chauchas”.
El elefante en la sala
Ningún tema envuelve a tiempo completo a la sociedad minuana en la era de los estímulos y el interés parcial por las cosas; no puede decirse que si uno intercepta a una gurisa al azar en el barrio Zamora, ella pueda recitar el 11 de la selección que jugó en Durazno y la nómina de candidatos colorados a las elecciones departamentales, pero más o menos hay una tendencia que por estos días pone como centro de los programas de la tarde radial al fútbol y a la política. Se habla mucho de eso. Ambos rubros movilizan y concitan, en este escenario, cosas y rasgos históricos.
En Lavalleja están como escuchando un ruido porque el escenario electoral es inéditamente competitivo: jamás hubo una disputa tan cierta entre dos partidos distintos. Esta vez parece que el Frente Amplio puede ganar, pero casi que es una mera cuestión de parecer, porque no abundan elementos científicos públicos desde los cuales basar análisis y discusiones más que una encuesta de Nómade y otra del Laboratorio Demoscópico minuano. El resto son certezas de calle, sensaciones térmicas y gritos militantes.
Se combinan, entonces, más de un rasgo del orden nacional de las cosas: poco trabajo científico sobre los departamentos porque los cerebros se fugan al progreso montevideano y porque los medios de alcance nacional ignoran la trascendencia de los gobiernos departamentales y municipales en la vida de la gente del interior (“no hay ambiente”, se ha escuchado, mientras en Lavalleja se despliegan aparatos de poder tradicionales como nunca en la historia), condicionando así el foco de trabajo de las consultoras, a las que sólo les falta contar en los informativos qué opina la ciudadanía sobre la indumentaria que visten los candidatos a la Intendencia de Montevideo, una elección aparentemente más dispar que las de algunos departamentos que ponen en disputa hegemonías históricas. Todo al centro, en la vida y en la cancha.
La revancha
Lavalleja y San José definirán el título del país. Son dos selecciones que se han renovado sin trauma, con experimentados bastiones de aquella tarde-noche épica apuntalando a jóvenes talentos que no se chupan los dedos.
Hace más de 500 minutos que a San José no le hacen goles y, encima, tiene al goleador Franco Zanoni. Lleva 15 partidos invicto. Se agranda desde un imperio defensivo que lidera Nicolás Rebollo, capitán que levantó la copa en Minas hace tres años. Veremos pasar la historia cuando se faje con Andrés Berrueta, el Pelo, de casi 44 años, que en la semifinal liquidó a Salto con un gol de tres amagues, luego de que los litoraleños apedrearan el rancho minuano sin éxito. Es un ídolo.
Mucho de la cosa estará en cuán desequilibrante pueda resultar Kevin Torena, de San José, desbordante de audacia, talento y carisma. “¡Colgalo del alambre!”, sugirió solemnemente un veterano duraznense en la final del Sur cuando se paró sobre la pelota. Contra Mercedes le dieron una patada en la cabeza estando en el piso. Él se para, se ríe, se sacude la tinta del pelo y arranca trotando a las muecas para el otro lado. Verlo cruzarse con Gregorio Almeida, rocoso zaguero minuano, será antropológico.
Lavalleja y San José van a jugar la primera final del Uruguay el domingo, en pleno festival Minas y Abril.
Final de ida de la 21ª Copa Nacional de Selecciones. Domingo 20.45 en el Estadio Juan Antonio Lavalleja de Minas. Transmiten DSports, Canal 310 DGO, AUF TV y CUTA-Cardinal TV.