Ahora, mientras acaricia la tapa de Fútbol y psicología social: una filosofía de vida, que es el libro flamante que hizo con Fernando Fabris; ahora, mientras el sol fatigante del verano porteño se le viene encima después de la práctica de Sarmiento de Junín, que es el equipo al que entrena; ahora, mientras alguien le pregunta, por vez enésima en su historia, cómo es posible que sea director técnico de Primera, psicólogo social y autor de libros; ahora, mientras respira todo eso que lo acompaña día por día, Facundo Sava se permite soltar su sonrisa moderada y desparrama una primera memoria uruguaya: “Desde chico, en mi casa me impulsaron a leer. Me gusta mucho. Y uno de los primeros libros sobre fútbol que leí fue El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano”. Y una segunda memoria uruguaya: “Yo jugaba de enganche en Gimnasia y Esgrima La Plata. Lo suspendieron a Diego Alonso, uruguayo y muy buen centrodelantero, entonces el técnico, Gregorio Pérez, también uruguayo, me puso ahí y metí cuatro goles en un partido, por lo que hablamos y le dije que quería jugar de 9. Supo escucharme y, cuando Diego se fue a jugar a España, me puso ahí y ya no cambié de puesto. Siempre valoré eso que hizo Pérez: luego, pasé a Fulham, en Inglaterra, y al fútbol de España”. Ahora, mientras tanta cosa brota en la charla, vuelve a acariciar ese libro flamante, sonríe ya no moderadamente, casi igual que si celebrara alguno de los más de cien goles que sumó en el fútbol argentino, esos goles que, de niño, imaginó que sabría relatar Víctor Hugo Morales, y dice: “Me da una ilusión enorme”.

¿Por qué?

Porque creo que es un libro que puede ser útil para el fútbol y no sólo para el fútbol. Puede ayudar a la labor y a la comprensión en los trabajos que hacen instituciones deportivas y no deportivas, grupos diversos, personas sueltas, hinchas. La psicología social, que en Argentina creó Enrique Pichon-Rivière, es un campo científico muy necesario y muy complejo. Con Fernando, pensamos y soñamos que sea una ayuda tanto para estimular a que haya más gente que estudie psicología social como a la tarea en un montón de lugares.

¿Cómo llegaste a la psicología social?

Yo jugaba al fútbol en Ferro y estudiaba Ciencias Económicas. Me iba bien en esa carrera, pero me costaba mucho llevarla adelante. No tenía auto, no me alcanzaba la plata porque debía caminar como 20 cuadras para tomarme el tren para ir a la facultad y, entonces, busqué otra cosa. Alberto, mi papá, es psicólogo social. Me senté con él y le pedí que me explicara bien qué era eso, me interesó y empecé. Me recibí. Después, hice un posgrado y seguí estudiando. Además, hice terapia toda mi vida y considero que es una práctica que me ha hecho muy bien.

Asumirás que el fútbol es un territorio en el que hubo y quizás persisten muchos prejuicios sobre la psicología. Vos mismo pudiste ser percibido como un bicho extraño.

Los prejuicios siguen existiendo, pero ya son menos. Hace años, cuando en la Argentina comenzaron a trabajar en eso profesionales como Marcelo Roffé o Darío Mendelson, los miraban de reojo. Quiero destacar el papel desprejuiciante que cumplieron algunos muchachos de la selección argentina, tipos que son campeones del mundo y supieron contar que la terapia los ayudó en sus carreras.

Con Fútbol y psicología social: una filosofía de vida (que publicó Ediciones Al Arco y se compra a través de la página de ese sello), Sava, de 51 años, estrena obra, pero no debuta como narrador. Ya en 2009, recién retirado de su extenso andar en las canchas, sacó Los colores del fútbol, varias veces reeditado y agotado. Uno de los prólogos de ese volumen lo firmó Víctor Hugo, que, proyecto infantil cumplido, les había puesto voz y poesía a muchos de los goles del autor. Desde 2016, fue activo participante de la resonante colección argentino-uruguaya Pelota de papel, antología de cuentos de jugadores y jugadoras. “Siempre me gustó leer –rememora– y siempre me gustaron los libros de papel, aunque también leo en otros soportes. Cuando mis hermanos y yo éramos chiquitos, en mi casa había toda una ceremonia cada vez que se hacía la Feria del Libro de Buenos Aires. Mi mamá, Graciela, docente y directora de un jardín de infantes, nos estimulaba mucho a la lectura, igual que mi papá. Me acuerdo que nos encantaba la serie de libros Escoge tu propia aventura, que te habilitaba a elegir entre varios finales posibles. Después, continué con otras lecturas y sigo en eso”. Cierto que Sava ya no dejó de leer. Ferro, Gimnasia, Boca, Racing, Arsenal, Quilmes y, para el retiro, de nuevo Ferro fueron sus camisetas argentinas, además de las de Fulham, Celta de Vigo y Lorca. Los libros lo acompañaron siempre, y así, por ejemplo, tras lagrimear con el Atlántico en el medio por la lectura del cuento “Esperándolo a Tito” (que podría ser el derrotero de Sava: el mejor del barrio jugando bien lejos), labró una amistad que acumula décadas con el escritor Eduardo Sacheri.

¿Cómo surgió este libro?

Fernando Fabris, que es doctor en Psicología y psicólogo social, fue mi primer terapeuta cuando yo tenía unos 23 años y era futbolista. Es alguien que tiene muchísima experiencia trabajando sobre salud mental. Luego, nos hicimos amigos. Hace seis años, empezamos a reunirnos para charlar sobre fútbol y psicología social. Seguimos durante la pandemia y retomamos más adelante. En un momento, nos dijimos que algo había que hacer con lo que surgía de esas conversaciones. Nos grabamos y les pasamos esas grabaciones a los periodistas Fernando y Federico Bajo, que las ordenaron. Después, vimos qué habíamos tratado algunos temas y que nos faltaban otros, casi siempre ligados con la psicología social, y encaminamos el plan del libro. Y acá estamos. Nos propusimos que fuera un libro al que pudieran apelar profesionales especializados, pero que no se quedara en eso. Y entiendo que le dimos lenguajes y formas para que pueda acceder cualquier persona, quien tenga ganas.

A nada del comienzo del primero de los torneos argentinos de 2026, Sava emprolija detalles de su Sarmiento de Junín, un club en el que desembarcó por segunda vez en el último tramo del año pasado. Ya había conducido al equipo para salvarse del descenso en la estancia anterior y, frente a la misma búsqueda, volvió a conseguir el objetivo. “Desde cuando escribí Los colores del fútbol, en la época en la que lanzaba mi carrera como entrenador, sostuve ideas y también cambié muchas otras a partir de las experiencias y de las emociones que viví. También eso gravita en el libro”, confiesa. Entre esas experiencias, las memorias del fútbol guardan una que aún retumba con asombro: como entrenador de Patronato de Paraná, que en la actualidad compite en la segunda categoría, ganó la Copa Argentina en 2022.

Dentro de la cancha

¿Qué espacio ocupa tu formación en la psicología social cuando dirigís a un equipo?

La psicología social claramente se puede aplicar al fútbol. No garantiza los resultados porque para eso no hay garantías, pero ayuda muchísimo. El fútbol tiene táctica, tiene estrategia, tiene técnica, tiene todo lo que ya sabemos que tiene el fútbol, pero lo mental es determinante. Y la psicología social aborda conceptos imprescindibles: liderazgos, roles, construcciones colectivas. Todo está en el libro.

Entre las ideas más difundidas de Pichon-Rivière, surge la necesidad de trazar proyectos colectivos, en especial en tiempos difíciles.

Y es así. Lo colectivo es el motor. Hacer las cosas solo es muy difícil. En alguna medida, los deportes individuales ya no son individuales. Hay todo un equipo que se expresa en ese deportista que sale a jugar. Nada es como trabajar en conjunto, tener objetivos compartidos. Alentarse, apoyarse, rotar los roles, insisto en el tema de los liderazgos. En el fútbol, lo que se ve de un equipo en la cancha es, en buena medida, el resumen de una institución, seguro que de sus jugadores, pero también de sus dirigencias, de sus profesionales, de sus trabajadores. El fútbol es, además, un mundo en el que se ponen en escena más cuestiones que el juego. Cuando los entrenadores reivindicamos al Maestro Tabárez, por caso, elogiamos su fútbol y sus valores. Por eso creemos que nuestro libro puede resultar una contribución a esa elaboración colectiva. Al cabo, un libro es un camino para expresar sensaciones e ideas.

Desde esa mirada ancha, Fabris y vos incluyen un segmento en el que brota lo político.

La política influye directamente sobre las instituciones, sobre la gente. El fútbol, en particular, está relacionado con la política de un modo muy directo. Más allá de situaciones emblemáticas como el Mundial de 1978. No se puede pensar los clubes sin pensar lo político. No veo para nada mal la relación entre el fútbol y la política. Y pongo un ejemplo: los clubes de barrio. Los apoyos a esos clubes son imprescindibles. Ahí es donde, entre otras cosas, las personas se hacen jugadores y jugadoras de fútbol.

¿Qué te pasó cuando viste el libro?

Una alegría inmensa. Cuando salió de imprenta, me llamó Julio Boccalatte, que es escritor y uno de los responsables de Ediciones Al Arco, y me avisó: “Ya está”. Yo andaba por Junín, con mi equipo, en tiempo de entrenamientos. Terminé, agarré el auto y viajé hasta donde estaba él para buscar algún ejemplar. Ha sido un placer enorme hacer este libro con Fernando. Y es muy grande la esperanza de que cumpla el papel que soñamos. Me siento muy orgulloso.

Tanto orgullo acaso desemboque en que Víctor Hugo le conceda la garganta a algún fragmento. Va a ser otro golazo.