La historia del fútbol como valor popular es la historia de la construcción de las identidades locales. Los de acá nos aglutinamos, aunque somos iguales que los de allá. ¿Qué nos representa? ¿Qué nos identifica? En principio una camiseta única, que es la que lleva los colores de la ciudad, del pueblo, del departamento.
Es una sensación rara y muy difícil de explicar, de definir. En los últimos años, cada vez que la Organización del Fútbol del Interior (OFI) presenta el Campeonato del Interior –el que este siglo ha tomado el nombre de Copa Nacional de Selecciones–, como Nuestro Mundial, siento una sensación de reconocimiento: como consecuencia de mi acción en medios de alcance nacional que emiten desde Montevideo enviciados de etnocentrismo crónico, he podido nombrar, ponerle nombre y extender en las calles y en las tribunas esa sensación de que en cada verano empieza Nuestro Mundial.
Así, como las hojas marchitas de los árboles marcan la llegada del otoño en nuestras calles, el tibio andar temprano a nuestros estadios, faroles que iluminan nuestras noches de sueños, nos anuncia que se viene el calor del pueblo, la brisa justa del pago. Más allá de que se trata de una definición de mi autoría, cualquiera lo puede haber sentido así cruzando la ruta 5 para llegar al Omar Odriozola de Paso de los Toros, o caminando por los canteros de Manuel Oribe para buscar un lugar en la tribuna del Dickinson de Salto, o atravesando de tardecita el barrio Olímpico de Minas para llegar al Lavalleja. Es de nosotros y nosotras, y ahora es de OFI, aunque parezca, por la circunstancia y la potencia del mensaje, que fuera hijo de una gran campaña pautada por una agencia publicitaria que dice lo que tiene que decir y toca nuestras fibras íntimas despertando en nuestros sentidos el perfume de las brasas en maridaje con la grasa chirriante de los chorizos y la grandeza enorme e inalcanzable del crack de nuestro pueblo llevando la camiseta como nuestra bandera.
Copa de Selecciones 2026, otra vez
Cada verano vuelve a encenderse una de las ceremonias más profundas y menos explicadas del fútbol uruguayo: el Campeonato del Interior, la Copa de Selecciones, con sus enormes y asentadísimos –más que por centenarios, por incrustados en la vida de los pueblos– campeonatos del Litoral, el Sur, el Este y, desde no hace tanto, el Litoral Norte. No es una primera fase, no es un torneo menor ni un satélite del fútbol profesional; es el punto de encuentro de ciudades, pueblos y ligas que representan mucho más que una camiseta: representan pertenencia.
Este año están las 35 selecciones posibles, si se parte de la base de que cada departamento de los 18 que juegan la copa desde que existe la OFI pueden presentar hasta dos selecciones –el que no está es Montevideo, que antes llegó a jugar en campeonatos nacionales, fue fundador de la Confederación del Sur y participó del primer Sur en 1924–, pero Flores tiene un solo sector, por lo que hay 17 departamentos con doble representación de ligas y una sola de los floresinos.
La edición 73 contará con la participación de Paysandú, Salto, Artigas, Tacuarembó, Rivera, Río Negro, Soriano, Nueva Palmira, Young, Bella Unión, Guichón, Liga Agraria de Salto, Vichadero, Florida, Casupá, Canelones, San Gregorio de Polanco, Durazno, Sarandí del Yi, Flores, San José, Liga de Ecilda Paullier, Colonia, Federación de Colonia, Liga Mayor de Maldonado, Treinta y Tres, Canelones del Este, Zona Oeste de Maldonado, Santa Clara, José Pedro Varela, Lavalleja, Cerro Largo, Rocha, Chuy y Río Branco.
La edición 2026 vuelve a poner en escena esa estructura tan particular como virtuosa, que distingue a esta competencia de cualquier otra en el país. Antes de que exista una fase nacional, antes de que se crucen campeones y vicecampeones, el país futbolero se ordena en cuatro campeonatos plenos, autónomos y con identidad propia: el del Litoral, que se juega desde 1922; el del Sur, desde 1924; el del Este, desde 1927; y el del Litoral Norte, heredero de una tradición que partió al país en orillas, ríos y caminos de tierra.
Cada uno de esos torneos regionales es organizado por su respectiva confederación. Allí se decide cómo se juega, cuándo se juega y de qué manera se define. Esa autonomía no es una concesión administrativa: es una de las grandes fortalezas del Campeonato del Interior. Porque nadie conoce mejor sus distancias, sus rutinas y sus rivalidades que quienes habitan ese territorio. Ganar el Sur, el Litoral, el Este o el Litoral Norte vale, y vale mucho, aun cuando después el camino continúe hacia la fase nacional.
Recién cuando esos cuatro campeonatos se resuelven, entra en escena la OFI para organizar la fase nacional, el cruce de campeones y vicecampeones que termina por coronar al campeón del interior. Ahí sí, el país entero entra en una misma llave, y lo que estaba separado por geografía se junta por fútbol. La fase nacional no borra lo anterior: lo sintetiza. Es el resumen del verano, la postal final de un recorrido que empezó mucho antes, en canchas iluminadas a medias, con olor a pasto recién regado y conversaciones apoyadas en el alambrado.
Campeones y vicecampeones sabrán a dónde viajar. Y sus vecinos, cómo pensar en la excursión, acomodar el mapa, llevar los refuerzos y la ilusión. Los campeones del Sur irán contra los segundos del Litoral, y los ganadores del Este se cruzarán con los vicecampeones del Sur en una rama del diagrama, mientras que del otro lado los mejores del Litoral Norte jugarán contra los segundos del Este, y los campeones del Litoral enfrentarán a los segundos del Litoral Norte.
Diccionario del español del Uruguay
Hay, sin embargo, una batalla que sigue vigente y que resulta central para que la Copa Nacional de Selecciones termine de desplegar todo su potencial: la del lenguaje. En los papeles oficiales podrá decir Soriano Capital o Treinta y Tres Interior, pero en el relato cotidiano, en la difusión y en la comunicación, las selecciones deben llamarse por su nombre. Nadie siente por un “sector interior”; la gente siente por Guichón, por Nueva Palmira, por San Gregorio. Llamar a las cosas por su nombre no es un capricho: es el primer acto de respeto hacia quienes juegan y hacia quienes miran.
Y en ese “quienes miran” no hay fronteras. El habitante de Montevideo, cuando la ciudad está vacía, no es ajeno a este torneo: es casi siempre hijo, nieto o bisnieto de alguien que alguna vez jugó, miró o escuchó la radio siguiendo a la selección de su pueblo. El Campeonato del Interior también le pertenece porque forma parte de la memoria familiar del país. No hay un adentro y un afuera: hay un Uruguay futbolero.
Los nombres: identidad contra burocracia. Aquí aparece una batalla vieja, persistente y todavía inconclusa. El reglamento administrativo puede hablar de capitales, interiores, sectores. Es comprensible dentro del papelerío oficial. Pero el fútbol no se ama desde los formularios.
Durante décadas el Campeonato del Interior fue un torneo de selecciones departamentales, mayoritariamente capitalinas. Con la apertura de 1992, justa y necesaria, ingresaron con fuerza pueblos y ciudades que no eran capitales. El torneo creció. Se volvió más representativo. Pero en ese crecimiento apareció una nomenclatura administrativa que, con el tiempo, se filtró peligrosamente en la comunicación pública.
Hoy, con redes, transmisiones y mayor exposición, ese error pesa más que nunca. Comunicar bien no es un lujo, es una obligación. Llamar a las cosas por su nombre no es romanticismo: es precisión informativa.
Cómo se juega en el Sur
Las series quedaron conformadas así: grupo A: Florida, Casupá y Canelones; grupo B: San Gregorio de Polanco por Tacuarembó Interior, Durazno, Sarandí del Yi y Flores; grupo C: San José, Ecilda Paullier, Colonia y Federación de Colonia.
Clasifican a los cuartos de final los dos primeros de cada serie, y desde allí se avanza por eliminación directa, con un sistema que premia el rendimiento previo otorgando la elección de localía a los mejor ubicados. Son tres cruces de primero contra segundo. Las semifinales tendrán una particularidad: además de los ganadores de llave, accede el mejor perdedor. La final se juega a dos partidos, con alargue y penales si hace falta.
Cómo va el Este
El torneo se estructura en tres series: dos de cuatro selecciones y una de tres. En las series de cuatro se juega a dos ruedas, mientras que la serie de tres contempla fechas libres y un sistema de corrección de puntaje para equilibrar la competencia. Este año han cambiado algunos enfrentamientos, dado que en la serie 1 están Liga Mayor de Maldonado, Treinta y Tres, Canelones del Este y Río Branco; en la serie 2 juegan Lavalleja, Zona Oeste de Maldonado, Santa Clara de Olimar y José Pedro Varela; y en la 3 están Cerro Largo, Rocha y Chuy.
Clasifican a la siguiente fase los mejores ocho, considerando que en la serie de tres los puntos obtenidos se multiplican para compensar la menor cantidad de partidos. A partir de allí, el campeonato entra en fase de eliminación directa, con cruces 1-8, 2-7, 3-6 y 4-5, hasta desembocar en semifinales y final. En la segunda fase los equipos provenientes de una misma serie no podrán enfrentarse entre sí. Si esto ocurre, el cruce será con el siguiente clasificado.
Cómo se juega el Litoral
El Campeonato del Litoral es el más antiguo del país y uno de los más cargados de simbolismo. En 2026 se disputa con dos series: en la A estarán Young, Fray Bentos, Mercedes y Nueva Palmira, que, aunque es coloniense, juega por Soriano Interior; la B la conforman Bella Unión, Vichadero, que será la novedad jugando por Rivera Interior, Guichón y la Liga Agraria de Salto.
Se juega todos contra todos a dos ruedas en cada serie. Los dos primeros de cada grupo avanzan a semifinales, cruzándose 1A vs. 2B y 1B vs. 2A, con partidos de ida y vuelta y elección de localía para el mejor ubicado.
Cómo se juega en el Litoral Norte
El Litoral Norte presenta un formato singular: una sola serie integrada por cinco selecciones, Paysandú, Rivera, Artigas, Tacuarembó y Salto, que juegan una rueda todos contra todos, con fechas libres rotativas. Después de las cinco fechas queda sólo uno afuera y empieza la definición: semifinales de ida y vuelta, enfrentando al primero con el cuarto y al segundo con el tercero, y los ganadores acceden a la final, también en dos partidos.