Central Español es líder del Apertura, y la algarabía de los palermitanos es total. Triunfó 2-1 ante Peñarol, algo que no pasaba desde el 25 de abril de 2007. En la tabla está bien arriba, pero mantiene los pies en la tierra mientras engrosa su promedio en el descenso, el principal objetivo.
Más allá de lo cuantitativo, Central jugó bien, fue superior, impuso condiciones en el juego con perfección en la aplicación táctica y buena técnica con el balón en los pies.
Preparando el terreno
El primer tiempo se fue sin goles, pese a la promesa inicial: en los primeros minutos los dos equipos se aproximaron al arco rival y generaron situaciones.
Peñarol eligió el juego directo hacia Matías Arezo y Facundo Batista. Por momentos, los dos delanteros se transformaron en una tentación al pelotazo, algo que no funcionó. Al ver que la pelota le pasaba por arriba, Leonardo Fernández se tiró atrás a buscar el balón: faltó alguien que le llevara la globa limpia a su zona de influencia.
El equipo de Diego Aguirre intentó construir desde el fondo, pero tanto Fernández como Eric Remedi estuvieron bien referenciados y el aurinegro se repitió en centros de tres cuartos, fáciles para la defensa. Recién en el cierre, Emanuel Gularte ganó en el área rival ante una mala salida del golero, pero no le pudo dar dirección al testazo.
En Central Español, Guillermo Gandolfo fue un volante tapón por delante de la línea de cuatro, rodeó bien a los delanteros aurinegros y ganó la segunda pelota. Marcos Montiel y Franco Muñoz rompieron en la presión con Remedi y Fernández. Con pelota, el palermitano impuso cierto peligro, con balones cruzados al área o remates a distancia que pasaron cerca.
Si bien el dominio de la pelota lo tuvo Peñarol, la sensación fue que la dinámica táctica del partido la aplicó el equipo de Pablo de Ambrosio, que hizo negocio en los 45 minutos iniciales.
Golpes definitivos
En el segundo tiempo, la supremacía del juego se trasladó al marcador. Gandolfo, de los mejores del primer tiempo, sacó un gran remate desde afuera del área y Sebastián Britos no pudo alcanzarlo. El palermitano se puso en ventaja para sumarle nerviosismo al carbonero; al mal juego se le sumó la adversidad en el resultado.
Leodán González le mostró la segunda amarilla a Luis Angulo, en una incidencia caldeada en la que el colombiano apenas apoyó la mano sobre Muñoz, que exageró. Tras la revisión, el árbitro anuló la roja.
Eso le sirvió de revulsivo a Peñarol, que fue a buscar el partido con el empuje de su gente y la obligación de la camiseta. No tuvo ideas, solamente intentó acorralar a Central Español como equipo grande. Pero no hubo fútbol, más allá de las ganas.
Fernando Camarda, que fue una pesadilla para la defensa durante toda la noche, hizo una gran jugada por la derecha, con un par de caños incluidos sobre Franco González, y envió un centro perfecto a Lucas Pino, que recién había ingresado y puso el segundo, de cabeza.
Aguirre puso varios jóvenes en la cancha que, desfachatados, le dieron otro dinamismo al equipo, más movilidad. En tiempo de descuento, una buena combinación entre Arezo y Luciano González le dio el tanto a Peñarol, que intentó ilusionarse, pero quedaba poco espacio en el reloj para rescatar algún punto en Maldonado.