Las finales no se juegan, se ganan; y los clásicos siempre son parejos pese al favoritismo previo. Se cumplieron dos máximas instauradas en los boliches de antes y en las redes de ahora; para los hinchas, la mezcla de nerviosismo y fiesta en las tribunas salvó la noche; para el espectador neutral, fue un bodrio.
Peñarol se plantó bien tácticamente, bancó ordenado los momentos que pudieron ser complejos y terminó ganando por penales con buenos disparos de todos los ejecutantes. Tras perder las finales del Campeonato Uruguayo de 2025, el carbonero tuvo revancha y arrancó con una sonrisa 2026.
Primer tiempo capicúa
Fue un primer tiempo aburrido, que terminó sin goles. Hubo situaciones claras para ambos lados al principio y al final. En el arranque, Peñarol recuperó en campo rival, Leonardo Fernández habilitó a Matías Arezo, que le pegó cruzado obligando a la primera intervención de Luis Mejía. De contragolpe llegó la respuesta, pero Emanuel Gularte trabó justo el remate de Maximiliano Gómez.
En el cierre se repitió la secuencia. Gularte ganó por arriba en el área rival provocando una volada monumental de Mejía en la más clara de la primera mitad. Nacional volvió a contragolpear, esta vez Nicolás López no confió en su derecha para definir, pero Gómez sacó un tiro potente que Sebastián Britos desvió al córner.
Diego Aguirre plantó una línea de cinco, con Gastón Togni por izquierda y Franco Escobar por derecha. Cuando el carbonero tenía la pelota, los dos se desprendían al ataque, pero cuando el mirasol salía a presionar alto, iba solamente Togni, pasando Lucas Ferreira a cubrir el lateral.
El movimiento sistematizado le permitió controlar el embudo que planteó Jadson Viera, con López, Gómez y Gonzalo Carneiro centralizados. Entre los delanteros pecaron de generosidad en algunas incidencias que pudieron ser más peligrosas con habilitaciones en el momento justo.
Nacional fue un equipo más compacto y tuvo la tenencia del balón levemente más que su rival, pero no dio buen destino a los centros para generar peligro. El empate sin goles fue grande.
Entre rojas
El segundo tiempo tuvo 15 minutos iniciales que ilusionaron con cambiar la tónica cansina del partido. Hubo dos expulsados en dos minutos, primero Leandro Umpiérrez en Peñarol, por una dura entrada sobre Sebastián Coates, luego Carneiro, que abrió demasiado las manos y tenía amarilla.
Con un jugador menos por equipo, Peñarol se replegó. Nacional tuvo tenencia, pero careció de profundidad. El ingreso de Maximiliano Silvera le puso picante a la noche, en la tribuna y en la cancha, ya que sus excompañeros lo fueron a buscar en alguna incidencia.
El delantero tuvo la más clara, luego de un rebote en el horizontal, le quedó a pedir de volea, pero el balón demoró en bajar y nunca la pudo empujar a la red. Pese a las variantes de Jadson Viera, que cambió todos los atacantes, el tricolor nunca pudo cambiar el ritmo mientras que el aurinegro prefirió armar un bloque ordenado, mantener el cero en su arco y prácticamente resignar el ataque.
Al punto
Peñarol tuvo las más claras en el suplementario con dos remates de Leonardo Fernández en pelota quieta; el primero dio en el lateral de la red, y muchos carboneros lo gritaron en la tribuna por la perspectiva. En la segunda, Mejía dio rebote. Hubo una más, que buscó cumplir con ese dicho de que la tercera es la vencida. Esta vez fue con balón en movimiento, que se movió en el transcurso, pero volvió a despejar el golero panameño.
El carbonero terminó desarmado por los cambios y el desgaste. Jesús Trindade, en una pierna, fue de delantero y Facundo Batista se sumó a zona de volantes. Nacional parecía más entero desde lo físico, pero nunca pudo romper el bloque aurinegro cerca del arco de Britos. Juan Cruz de los Santos y Tomás Verón Lupi no lograron desequilibrar por afuera, ni siquiera para generar situaciones de peligro.
En los penales se pateó sobre el arco de la tribuna Ámsterdam. Agustín Dos Santos le pegó alto y Britos se lo atajó a De los Santos. Peñarol tuvo eficiencia perfecta con Facundo Batista, Leonardo Fernández, Eric Remedi –que la picó– y Andrés Madruga, que confirmó el título y desató la locura.