Al Bocha Plaza se lo llevaron el mismo día y en la misma ciudad que a los pibes de La Noche de los Lápices. Para entonces, era campeón de proyectar otras realidades, de asumir sus identidades como sociólogo, como peronista y como bancario, y de pronunciar la palabra Racing con la fuerza con que se pronuncian palabras como amor o como esperanza. Entre todo lo que le quitaron al desaparecerlo en La Plata el 16 de septiembre de 1976, se contó su condición de socio de la Academia. Un abismo más en una superficie terrible. Eso, aunque sea eso, se acabó. Un viernes a la noche, en la sede del club al que se abrazó desde pibito, con un cuadro original e inmenso del maestro del arte Benito Quinquela Martín como testigo, con decenas y decenas de personas transitando entre la ovación y la lágrima, el Bocha Plaza retornó a uno de sus sitios entrañables. Su hermana María del Carmen, rodeada de familiares y de amistades, recibió el carné de socio eterno. El 47, en la nómina de desaparecidos que Racing regresó a sus padrones. Y con el número de los otros 46. Ese número: 30.000.

El devenir del Bocha Plaza cobija lo argentino, lo universal, la hermosura de los sueños y el espanto de una era. Nació el 24 de junio de 1946, migró a La Plata en 1962, absorbió allí las humedades de un país en el que se intercalaban las ilusiones y los golpes de Estado, se convenció del valor de la organización colectiva y por eso fue uno de los fundadores de la filial La Plata de Racing, abrigó la comprensión de que al mundo lo mueven tanto la construcción política como los pequeños gestos, y lo secuestró una patota criminal del ciclo más salvaje de una tierra de salvajismos reiterados.

En esa tierra, decenas de miles de individuos se manifestaron con los pies y con la voz durante el 24 de marzo en el que se cumplía medio siglo del primer día del peor tiempo. Muchos, como novedad, llevaron pañuelos bordados con los nombres de los desaparecidos. Alguno, desde luego, enarbolaba, plena ternura, el del Bocha Plaza. Esas multitudes esparcidas en Argentina entera enfatizaron que la dictadura fue militar, fue cívica, fue empresarial y fue eclesiástica. Eclesiástica: monseñor Antonio Plaza, un tío del Bocha, arzobispo de La Plata, sobresalió entre los jerarcas de la Iglesia que, literalmente, bendijeron el genocidio.

Contracara del horror, también en este aniversario proliferaron las expresiones de instituciones del deporte y de deportistas. Muchos equipos pisaron el césped con sus camisetas luciendo el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo a la altura del corazón, centenares de entidades poblaron las redes sociales con las listas de sus socios y sus socias víctimas de la barbarie, futbolistas como Ángel Di María repostearon los mensajes plenos de Nunca Más, hinchas anónimos cubrieron sus cuerpos en las movilizaciones con los colores que los embanderan cada fin de semana, a los afectos del Bocha Plaza los envolvió ese documento que avisa que es socio eterno. Tanta cosa responde a una lógica: hace aproximadamente una década, un momento político creativo alumbró en los clubes la noción de que, desmintiendo la idea de que el deporte es un adormecedor de conciencias, tenían bastante para comunicar alrededor de los años horrendos. Resultó una novedad que aproximó a muchos jóvenes a arrimarse a lo ocurrido. Aquel momento hoy se expande en formas múltiples.

Lo sabe cada quien que anduvo en Racing y merece saberlo la humanidad: cuando María del Carmen deslizó las yemas sobre la foto de su hermano, el techo se volvió cielo o magia, o abrigo o caricia, y no hubo modo de no sentir que el Bocha Plaza se sentaba en cada silla, se enfundaba la pilcha celeste y blanca y aprobaba el estreno de “Acá fueron felices”, el documental en tributo a los desaparecidos de Racing que se presentó después y que hace foco en el 7 de diciembre de 2021 cuando, en el Cilindro, la entrega de aquellos 46 carnés implicó hacer Justicia, respirar Verdad y tejer Memoria.

“Es una alegría muy grande que Racing lo homenajee a 50 años del comienzo de la dictadura genocida”, dijo María del Carmen, y ahí lo que se abrió no fue el techo y sí el piso, como para que quedara claro cuáles son los cimientos que sustentan a un club. Enseguida, con la foto de su hermano en la remera, añadió “Compañero Bocha Plaza, presente”, y completó “ahora y siempre”. Arriba del techo, debajo del piso y en cada rincón del universo, esa es una certeza conmovedora. El Bocha Plaza es socio de Racing ahora. Y es socio para siempre.

Homenaje a Domingo Bocha Plaza, el 28 de marzo, en Bueno Aires.

Homenaje a Domingo Bocha Plaza, el 28 de marzo, en Bueno Aires.

Foto: Prensa Racing