Cuando Defensor estaba mejor Nacional convirtió el primero, de los pies de un ex violeta, Luciano Boggio, que encontró un rebote en el palo obligado por Gonzalo Carneiro. El volante recibió solo y hasta con vergüenza la empujó a la red del club que lo formó. El equipo de Román Cuello había entrado decidido a plantarse en el juego: la exuberancia de Mauricio Amaro, la velocidad de Nicolás Wunsch, la picardía de Alexander Machado. Incluso en defensa, cuando Nacional se precipitó en la cancha con el Diente Nicolás López que aprieta todos los botones, hasta que el truco sale. Con la polenta de Carneiro, que debería hacer un reclame, de tan noble alimento.

La Banda Marley, afirmada a las trompetas y a un bombo persistente. Un pibito con la violeta de Maxi Gómez, con el nombre del goleador y el número tachados con cinta aisladora. Los bolsos con algunas bajas ciertas en la tribuna por los precios. Pero los santos que murieron, pintados en banderas, esos siempre están. Un vientito de bahía el del Franzini. Dulzores de río para cuando el partido se cuelga.

En el paravalanchas del córner frente a Confusio, siete técnicos decidieron la mejor jugada, hasta que se dio. Apuntaban a lugares de la cancha con el dedo, terminaban de abrir la mano para explicar. Fue con un cabezazo de Machado, que Defensor encontró el empate. El ex carbonero conectó un centro que vino de la Facultad. La manija del gol le hizo acuerdo a Defensor del cometido, y hasta entrado el segundo tiempo dominó las acciones.

Como a los mejores actores, en cualquier teatro, al Huevo Brian Lozano le cambió la cara cuando lo llamaron para entrar. El semblante terminó de colocarse cuando se puso la violeta y recibió las indicaciones del entrenador. Nunca se escondió y aunque errante, tuvo destellos de su calidad. Jadson Viera hizo lo propio y puso al pibe Rodrigo Martínez, y a Baltasar Barcia, que sabe las canciones de la hinchada. Juan Cruz de los Santos ya había suplantado a López que se retiró lesionado.

La fórmula funcionó para Román, y el local marcó el segundo. Fue luego de una gran jugada de Axel Frugone que comenzó con un caño. Se terminó de tejer por derecha con Lucas Agazzi que insistió todo el partido. El paraguayo Brian Montenegro dio la puntada y puso el 2-1. Deliró la parcialidad violeta, aplaudieron los imparciales que vinieron a ver eso, fútbol.

El intercambio de figuritas de los técnicos se estiró hasta los últimos minutos. Nacional se fue arriba ya sin tantas ideas. Defensor se dejó llevar por el del bombo, que jugó su propio partido, uno musical, de orquesta. Ya no está la montaña rusa, pero hay cosas que no cambian del paisaje: todos los técnicos de la tribuna, cantando a la par atrás del banco de relevos.

Dawson se abrazó al reloj para que no suene. Uno que andaba con la esmerilada Topper de la propaganda Garoto, supo que llevaba puesto algo histórico, desde que la recibió en una herencia dolorosa. Cuando la diaria cumplió 20 años, escribí que las crónicas son lapsos de tiempo que no se repiten. Eso también pareció saberlo el arquero violeta, el hijo de Pedro contra el alambrado, Pedro desde la tele; Valentín y Guillermo, Román lo supo, el barrio entero del Parque Rodó.

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