Nacional fue categórico en el Gran Parque Central y derrotó a Cerro Largo 3-0. En el segundo tiempo terminó de cosechar con goles el dominio del juego que se extendió todo el partido. Fue la vuelta de Jorga Bava a una casa que forjó en su tiempo de jugador. Como arquero y como capitán después. Con la estirpe tricolor de los clásicos, con un río donde fluir que son los resultados. Pero, además, el exarquero instaló cierto cariz de leyenda cuando bajó de una piña a un policía. “El que no salta es un botón”, dice la hinchada haciendo saltitos como infante nervioso. Todo un código del barrio que, aunque Bava no se enorgullezca ni sea el mejor de los ejemplos, caló en ciertos corazones.

Su equipo, para honrar su llegada y al mismo tiempo para honrar la despedida de Jadson Viera, jugó a lo grande. Se adueñó de las intenciones, obligó patadas y amarillas, y desató de su gente la emoción que le faltaba. Primero fue un cabezazo de Gonzalo Carneiro que se fue apenas afuera y bajó la primera vocal. Minutos después una de Camilo Cándido antes de irse lesionado. La insistencia de Maxi Gómez, la rebeldía de Tomás Verón Lupi, que tendría premio.

Jorge Bava, director técnico de Nacional.

Jorge Bava, director técnico de Nacional.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Paso a paso

El ahora entrenador, en su estreno, después de varios amagues que como arquero no estaba acostumbrado a hacer, posó para todas las fotos. Hincado sobre la línea punteada para hilar fino, erguido como una tabla que se va doblando con la humedad de la jugada. Por momentos hizo crujir la oficina de su espalda, abrió las manos para mostrar que no había truco, y corrió a lo largo de su corral con la pelota, hasta frenar en el abismo sin perder la elegancia.

El argentino de apellido compuesto encontró un rebote y cuando quien escribe y más de medio estadio hubiera pateado con alma y vida, enganchó y el mundo siguió de largo. Definió ya sin oposición, puso el 1-0 y se reivindicó, primero consigo mismo, después con quienes confiaron en él, siempre con la gente. Esa que sacude la cabeza de manera circular, y el brazo al mismo tiempo recto y al ritmo como un péndulo. Un baile único, un dejo a plena, lo nuestro.

En la tribuna algunas canciones del tiempo del Jorge Bava jugador ya son himnos. Unas nostálgicas que quedan sonando de fondo como un arrullo, que hablan de la infancia y de la amistad, otras que son folclores del barrio, otras más combativas, que hablan de muertes que esta crónica prefiere callar pero no olvidar.

Juan Cruz de los Santos, tras convertir el segundo gol de su equipo.

Juan Cruz de los Santos, tras convertir el segundo gol de su equipo.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Poco para decir de la visita, un puñado de hinchas que cabe en un bondi de Núñez, que por momentos estacionó al borde del área. Lo que pudo hacer Lucas Correa, lo más sensato en el arachán. Lo que pudo aguantar el otro Correa, Tiziano, frente a Agustín Rogel, que se pareció a aquel que se fue. Como Nico Lodeiro, inspirado por la cinta de capitán. Otro que sabe lo que es volver.

Cuando la luna estaba recostada sobre la Delgado, Nacional hizo el segundo. Juan Cruz de los Santos renovó la alquimia de Verón Lupi, entró en el área como un gato por el techo y puso el score 2-0. Bava se soltó de las rodillas donde estaba apoyado como en un penal. Se ajustó el saco como un técnico y miró más allá. Cuando Baltasar Barcia, otro de los que había puesto para el complemento, convirtió el tercero, volvió a agacharse como El Pensador de Rodin.

Nacional le ganó 3-0 a Cerro Largo, goleó y gustó. Ganó Nacional por la octava fecha, un martes que podría haber sido cualquier martes.

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