No es que vaya de crack ni con pose de los que se las saben todas, pero en estos tiempos hay, por apuro, ansiedad y profundo desconocimiento, una liviandad que hace esquina con la falta de respeto –la que se construye día a día– en el tratamiento de hechos y acontecimientos que no deberían ser ignorados.
Un partido de fútbol entre Inglaterra y Uruguay condensa la creación y el gran desarrollo del deporte más masivo y lindo del mundo. Los ingleses, padres del fútbol moderno, tienen algo que, por más compadritos que seamos nosotros, nunca podremos tener: el fútbol es de ellos, nació ahí, explotó ahí y desde ahí, tomando las más diversas formas de inmigrantes, se expandió al mundo. Aquí llegó, como los inmigrantes, a fines del siglo XIX y principios del XX, y en el Uruguay inclusivo de José Batlle y Ordóñez el fútbol, como el inmigrante, se hizo criollo, se hizo nuestro, del Río de la Plata, donde todo empezó realmente.
Lo mejor que hicieron en su historia los ingleses fue el fútbol, pero Uruguay y Argentina, hombro con hombro y espalda contra espalda, fueron los antagonistas que forjaron la grandeza del fútbol de selecciones. En la génesis del fútbol como valor del mundo, en el pasaje a la pasión de multitudes, están los hermanos Brown y Piendibene, el Terrible Nasazzi y Nolo Ferreira, uruguayos y argentinos, porque el fútbol es el mejor invento de la historia de los ingleses, pero su desarrollo, madurez y brillo son patrimonio del Río de la Plata y de aquellos criollos, hijos de gallegos, tanos y rusos que dieron vida a la pelota, las camisetas y las banderas.
No debe haber partido que condense más el espíritu, la creación y su primer gran desarrollo que un duelo entre los mejores de Inglaterra y los mejores de Uruguay o de Argentina. Entonces, las condiciones en las que se juega –si es una prueba, si es un partido a matar o morir, si es un partido “por las papas fritas”– siempre, pero siempre, lo convierten en un juego que conmueve.
Como dijo Marcelo Bielsa a la diaria este jueves en Londres, “competir contra un representativo inglés, por los antecedentes de la historia del fútbol inglés y por el tipo de competencia en que participan el 90% de sus jugadores, siempre es una prueba que, para ser resuelta, exige lo mejor de nosotros. Creo que estamos en condiciones de competir en excelentes posibilidades; nunca ignoro lo que significan los rivales, sobre todo cuando son jerarquizados, pero también creo mucho en los jugadores nuestros y lo que podamos hacer como fuerza colectiva. Prefiero que los juegos en los que participamos reclamen lo máximo de nosotros. Jugar contra los mejores me entusiasma”.
First certificate
Llegado a este punto, el partido del viernes –la tarde en nuestras pantallas, a las 16.45–, en la noche londinense de Wembley, con 90.000 entradas vendidas, será –antes del Mundial– el encuentro más trascendente de todos los últimos que jugó el equipo celeste. Su resultado no tendrá nada que ver con el futuro del plantel y de su entrenador, pero, sin embargo, sí será una prueba importante para medir los niveles de competencia en el fútbol de mayor nivel, fundamentalmente del seleccionado uruguayo.
Será interesante ver en qué condición se mide Uruguay ante el equipo inglés, ambos, a esta altura, con modelos de juego absolutamente distintos. Los locales, como resultado de la intensidad y del altísimo nivel de su liga, han dejado –aunque no para siempre– el fútbol de pase largo y juego por las bandas para mutar a uno de altísima técnica en velocidad y conexiones ajustadas y repetidas. Nosotros sabemos que no jugamos así, porque, aun en el momento en que el fútbol uruguayo era el mejor del mundo, habremos jugado cortita y al pie, como enseñó el escocés John Harley y generó la primera gran explosión de juego, “el fútbol del 12”, pero nunca con esa velocidad y potencia en la misma conexión.
Aparentemente, Inglaterra no jugará con su equipo de mayor cantidad de posibles titulares. Tampoco está registrada la posible alineación de Uruguay, pero todo indica que será un 4-3-3 con Sergio Rochet en el arco; Guillermo Varela, Ronald Araújo, Mathías Olivera y Joaquín Piquerez en la defensa; Federico Valverde, Manuel Ugarte y Giorgian de Arrascaeta en el mediocampo; y un tridente ofensivo con Facundo Pellistri, Darwin Núñez y Maximiliano Araújo. Dado el momento y la casi omnipotencia de Valverde, no sería sorprendente pensar que Bielsa pueda acomodarlo sobre la franja derecha y coloque otro medio para dar mayor soporte a esa zona neurálgica del juego, sin regalar ni entregar cancha, porque es de suponer que, si el equipo queda achatado atrás, en una u otra será doblegado.
El entrenador alemán de los ingleses, Thomas Tuchel, fue muy moderado y avisó a su afición: “No olvidemos que jugamos contra un equipo de gran calidad, con jugadores de primer nivel tanto en ataque como en el mediocampo, que militan en clubes de élite. Bielsa es un entrenador de primer nivel. Es un partido complicado”, sentenció el alemán.
Aparentemente, los ingleses formarían con Jordan Pickford; Tino Livramento (Valentino Francisco Livramento, inglés, hijo de padre portugués y madre escocesa), John Stones, Harry Maguire, Lewis Hall; Adam Wharton, Jordan Henderson; Noni Madueke, Cole Palmer, Marcus Rashford; Dominic Solanke.