Los clásicos suelen ser parejos y definirse por detalles, y este no fue la excepción. En un segundo tiempo más atractivo que el primero, se juntaron los dos baluartes de Peñarol de mitad de cancha hacia adelante. En algún momento era moneda corriente la asistencia de Pablo Bengochea para el gol de Lucho Romero, ahora se empieza a hacer costumbre en el carbonero el pase de Leonardo Fernández para que Matías Arezo infle las redes.

El partido clásico es un fin en sí mismo, pero esta vez, además, le sirvió al aurinegro para llegar a la cima de la tabla de posiciones del Torneo Apertura, donde comparte con Central Español y puede sumarse Deportivo Maldonado si gana en el cierre de la fecha.

Peñarol jugó mejor, fue más aplicado tácticamente, ganó la batalla en la mitad de la cancha y el resultado le dio la razón. Dentro de un trámite parejo, hizo mejor las cosas y se llevó la valiosa victoria del Gran Parque Central.

Nada para ver

El primer tiempo del clásico fue muy malo. Peñarol se plantó mejor tácticamente y tuvo la más clara en un tiro de esquina donde recibió abierto Gastón Togni, que remató cruzado. En el transcurso de la pelota, la interceptó Sebastián Coates y le quedó servida a Emanuel Gularte, que la reventó en el palo pegándole incómodamente en el área chica cuando Luis Mejía estaba desparramado y fuera de acción.

Diego Aguirre colocó una línea de tres, Nahuel Herrera fue la referencia de Maximiliano Gómez, si llegaba Maximiliano Silvera, lo tomaba Lucas Ferreira o Gularte y el otro zaguero sobraba. Así controló el juego directo del tricolor.

Si bien Nacional tuvo más la pelota, se volvió inoperante por las bandas, Rodrigo Martínez tuvo mejores intenciones que Tomás Verón Lupi, pero ninguno de los dos terminó bien las incidencias. El equipo de Jadson Viera fue más desde el empuje, al jugar en campo rival y presionar bien en la mitad de la cancha, pero nunca pudo romper las líneas que plantó el rival.

Promediando el primer tiempo, Sebastián Coates salió lesionado, algo que puede ser un problema para Viera por la salida de Julián Millán al Fluminense; Agustín Rogel entró muy bien, seguro en los rechazos de los balones que llegaron por su sector.

El festejo de Peñarol

El segundo tiempo fue más dinámico, Nacional saltó mejor la lucha en la mitad de la cancha y pudo poner balones en el área. Peñarol esperó bien plantado y, en sus contragolpes, parecía estar más cerca de anotar. De hecho, Arezo tuvo un mano a mano claro que tapó Mejía.

El goleador no falló dos veces, en el segundo, lo habilitó notablemente Fernández y esta vez definió de forma certera ante la salida del golero panameño, para hacer festejar a los pocos carboneros que estaban en un par de palcos en el Gran Parque Central y a muchos que seguramente lo disfrutaron en sus hogares.

Desde el gol, Nacional fue un saco de nervios, afuera y por el clima que bajó de las tribunas cada vez que un jugador tomó una mala decisión. A río revuelto, ganancia de Washington Aguerre, que descolgó centros mal lanzados. Los cambios de Viera fueron una tentación para las pelotas aéreas con Carneiro y Gómez en el área, pero el tricolor no generó peligro desde ahí.

La única con sensación de gol fue de Nicolás López, el Diente recortó, fiel a su estilo, y remató cruzado, el balón se desvió en el camino, pero Aguerre hizo la mejor atajada de la noche volando para sacar a mano cambiada. Con el show del arquero mirando hacia la tribuna con una sonrisa cada vez que agarró la pelota, se fueron los minutos sin que hubiera sensación de empate en el Parque.

Andrés Matonte, que expulsó correctamente a Eric Remedi por doble amarilla faltando cinco minutos, terminó el encuentro antes de tiempo y generó confusión. Asumió el error y volvió a la acción, pero el tiempo restante no fue suficiente para cambiar el destino del partido.

Peñarol se fue rápido por protocolo; antes de salir de la cancha hubo saludo lejano a sus dirigentes. El carbonero ganó de visitante y sigue dulce en clásicos en 2026.

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