La selección uruguaya empezó a tomar forma en Inglaterra. En primera instancia, se fueron confirmando nombres conforme llegaron a la capital inglesa la capital inglesa, uno a uno, como quien completa lugares en blanco –para estar a tono, the classic fill in the blanks–, hasta que el lunes quedó confirmada la lista de 28 futbolistas que Marcelo Bielsa convocó para la doble fecha FIFA de marzo, en la que Uruguay enfrentará a Inglaterra en Wembley el viernes 27 a las 16.45 y a Argelia el martes 31 a las 16.30 en Turín.
No es una doble fecha más. Es, en rigor, la última escala internacional de la celeste fuera de fronteras antes del Mundial 2026, a la espera de ese partido de despedida que, casi por tradición, por obligación sentimental y afectiva, quedará reservado para el Centenario. Por eso, entre viajes, entrenamientos y decisiones, lo que está en juego también es otra cosa: la búsqueda de una forma, de un equipo y de ciertas certezas, algo natural y normal, pero atravesado por la angustia del recuerdo de la crisis del cierre de 2025.
La delegación se instaló en Watford y entrena en el Sobha Realty Training Centre, la ciudad deportiva del Arsenal. Desde allí, Bielsa —más como figura de fondo que como protagonista— empieza a delinear respuestas después de la crítica última ventana internacional, que fue un tembladeral de dudas y desató la más severa crisis de su ciclo al frente de la celeste: un empate sin goles ante México, opaco y sin profundidad, y una dura derrota 5-1 frente a Estados Unidos, que expuso fragilidades defensivas, falta de funcionamiento y una preocupante escasez de gol.
En ese contexto, la lista adquiere valor por lo que dice… y por lo que sugiere. Hay nombres que llegan en plenitud, como Federico Valverde, decisivo en el presente reciente del Real Madrid y seguramente atravesando el momento más esplendoroso de su carrera, o Ronald Araújo, que viene retomando sus pasos después de su crisis anímica, la que lo llevó a parar; además de sostener la defensa del Barcelona, esta vez jugando como lateral, apareció con gol incluido en un fin de semana clave para el liderazgo culé. También están los que sostienen el andamiaje de este ciclo bielsista, como Darwin Núñez, que vuelve después de un tiempo sin ponerse la celeste.
Pero hay dos historias que sobresalen con nitidez. La primera es la de Fernando Muslera, a los 39 años y después de su última convocatoria en el Mundial de Qatar 2022, el arquero vuelve a la selección y se transforma otra vez en el hilo más largo de la memoria celeste. Debutante en 2009 bajo la conducción de Óscar Tabárez, mundialista en cuatro ocasiones, con cinco Copas América y una Copa Confederaciones en su recorrido, Muslera había dado un paso al costado. Sin embargo, tras su llegada a Estudiantes de La Plata y luego de conversar con Bielsa, revirtió su decisión y regresa como el más antiguo de un grupo que, inevitablemente, mira hacia adelante.
La otra es la de Agustín Canobbio. Su vuelta no es solo deportiva, es también el cierre de un conflicto. Tras la ríspida ruptura con Bielsa luego de la Copa América de Estados Unidos 2024, el extremo pidió disculpas y recompuso la relación con el entrenador. Su convocatoria vuelve a abrir una puerta que parecía cerrada. En esa misma línea de retornos aparece Nicolás de la Cruz, ya recuperado físicamente después de un largo tiempo fuera de la selección.
También hay ausencias que cuentan: Nahitan Nández y Rodrigo Zalazar quedaron al margen por lesión, mientras que Rodrigo Bentancur continúa en proceso de recuperación. Son bajas que recortan opciones, pero que también perfilan decisiones.
Uruguay viajará a Turín el lunes 31, después del partido en Londres, para cerrar la gira ante Argelia en el Allianz Stadium, ya lejos del viejo Delle Alpi. Dos escenarios distintos, dos rivales de características opuestas: Inglaterra, potencia europea y candidato natural; Argelia, un ensayo ante un perfil africano que también estará en el Mundial.
En esa doble escala, la celeste no solo juega partidos, ensaya respuestas. Porque después vendrá el último encuentro en casa, el abrazo con nuestra gente, y más allá el viaje grande. Para cuando llegue ese momento, ya no habrá margen para probar, solo para ser.