El aire estaba distinto desde la previa. Casi una hora antes ya había gente llegando al baile. Muchos autos, camisetas verdes de un lado, negras y blancas del otro. Globos, familia e ilusión. En el Parque Viera se jugó una final.
Wanderers tiene un partido decisivo cada fin de semana en su duro objetivo de evitar el descenso. La derrota en la hora lo mantiene último solo en la fatídica, y sabe que si no suma –al menos– 40 puntos más de acá al final del año, conseguir el objetivo será un milagro.
Racing quiere la gloria que nunca tuvo en su historia, ganar el Apertura para soñar con sumarse al grupo selecto de campeones uruguayos en diciembre. Llegó a la recta final dependiendo de sí mismo y fue a buscarlo. Porque Racing va. Ganó en la hora y su barriada se fue subida en aquel tren de los sueños en el que viajó Contrafarsa en el carnaval del 2000, en uno de los mejores espectáculos murgueros que pasó por el Ramón Collazo.
El clima fue caliente, en la cancha y en la tribuna. Ninguno regaló nada. Las finales del mundo suelen jugarse en estadios lujosos, con decenas de miles de espectadores en las tribunas y millones siguiendo en la pantalla. Aunque esta, más modesta, se disputó frente al Rosedal. Y fue un partidazo.
A la cabeza
El partido comenzó parejo, con Racing yendo a buscar el resultado y parándose en campo rival. La línea de tres que implementó Matías Corujo rápidamente pasó a ser de cinco. La visita presionó arriba y recuperó, pero no pudo trasladarlo en situaciones de gol, ante un rival que se paró en bloque bajo.
El bohemio, con la magia de Jonathan Urretaviscaya, inquietó. Antes del gol hubo un brillante pase filtrado hacia Joaquín Zeballos, que definió bien pero erró apenas en el mano a mano ante Federico Varese. En la segunda llegó el tanto de Freitas, un frentazo letal que se metió en el segundo palo.
Los de Sayago no pudieron ingresar al área con pelota dominada, apostaron a algunos tiros lejanos que pasaron cerca o fueron bien contenidos por Agustín Buffa. Por las bandas llegaron una vez sola hasta el fondo; Sebastián da Silva convirtió por el segundo palo, pero estaba inhabilitado.
De pizarrón y corazón
El segundo tiempo se planteó con Racing dominando terreno y pelota, y Wanderers esperando plantado en el fondo. El cerco defensivo bohemio parecía seguro, pero los detalles marcan el fútbol, y en Uruguay esa máxima se potencia. El hondureño Darlin Mencía recibió dos amarillas casi seguidas, lo cual llevó a que el locatario se quedara con uno menos.
De ese tiro libre llegó el empate. Era una incidencia para rematar, pero el pateador tocó corto y el argentino Tomás Habib recibió escondido atrás de la barrera. Giró y remató potente para igualarlo. Fue una jugada preparada, como la de Argentina contra Inglaterra en el Mundial de Francia 1998, o, para los más jóvenes, la que le hizo Holanda a la albiceleste en Qatar.
Desde ahí, el trámite fue a equipos partidos, con la barrera levantada en el medio. Wanderers solamente apeló a los pelotazos para Mateo Levato, que no tuvo un buen ingreso.
Racing, con uno más, nunca cesó en sus intentos. La noche no era para ir por abajo y decidió buscarlo por arriba, pero con criterio de llegar por las bandas a mandar los envíos. Agustín Álvarez fue el mejor del encuentro, manejó los tiempos y en la última no falló, abrió perfecto para Álex Vázquez, que mandó un centro perfecto que se fue cerrando por el primer palo, Nicolás Sosa la desvió justo y descolocó a Buffa, que no pudo hacer nada.
El grito de gol es de esos que quedarán para el recuerdo; todos los racinguistas sabrán qué estaban haciendo aquel 12 de abril. Abrazos en la tribuna, corrida por el cemento de hinchas que no sabían hacia dónde iban, pero eran felices e incrédulos a la vez. Los suplentes y el cuerpo técnico, que venían en un duelo caliente con la hinchada de Wanderers por la cercanía del banco de suplentes, se metieron a la cancha a celebrar. Locura, en todos los sentidos de la palabra.
Para el final quedó el último condimento: los entrenadores metieron cambios posgol y la escuelita jugó casi 30 segundos con 12 jugadores en cancha. Con el pitazo final, los hinchas se fueron cantándoles a sus jugadores “que salen a ganar, que quieren salir...”.