La liturgia de Nuestro Mundial y el primer chico en el Dickinson. Desde hace días estamos otra vez en ese rol de tarjeteros de la ilusión, pretendiendo influir en miles para que no se pierdan esta fiesta que a la metrópolis le parecerá de culto, pero que para nosotros es la vida misma. No es solo un partido; es la liturgia de los otoños travestidos de verano que nos encuentra rellenando cada rincón del Dickinson. No falla la gente, no fallan los fieles de esta religión de tierra y alambrado de cinco hilos que sostiene el andamiaje del Uruguay real.

Este sábado, cuando la luz del día se apague en Salto, el estadio Ernesto Dickinson dejará de ser cemento y pasto para transformarse en el epicentro de una fiesta única e inolvidable.

Se juega la primera final de la Copa Nacional de Selecciones, lo que representa que se empieza a definir el 74 campeón del interior, de lo que definimos y sentimos como Nuestro Mundial.

Estamos ante una nueva edición de este campeonato que nos constituye como nación. Mientras otros hacen su recorte de realidad sin entender la magnitud del movimiento, nos movemos como evangelistas de este fútbol sin pavadas, convenciendo a los indecisos de que este sábado no es para quedarse en casa.

En la cancha estarán los héroes de nuestros pueblos: el que trabaja en la intendencia, el delivery, el primo de alguien o el flaco de la panadería. Son los deportistas que resignaron vacaciones para defender la bandera del lugar. Ellos son la conexión directa entre el grito de gol y el saludo en la vereda de cada día. Lo hemos dicho siempre: la conexión de Nuestro Mundial es otra cosa. Es la que se da en la heladería, en la obra o cargando el camión. Es esa identidad colectiva que nos atraviesa en las cuatro estaciones de la vida. Lo que se juega este sábado es el orgullo de pertenecer, la pequeña patria del imaginario vecinal buscando su lugar en el cofre de las mejores emociones.

El peso de la historia y el temple del Litoral

Estar en esta definición no es un regalo del azar, sino el resultado de un pacto invisible con la fatiga. Es el jugador que se baja del ómnibus con las piernas entumecidas después de cruzar medio Uruguay, engañando el hambre con una milanesa en dos panes cocinada hace 15 horas, para marcar tarjeta en el laburo sin haber pegado un ojo. Es también la épica del hincha, ese que organiza la vaquita para llenar el tanque de un una cachilo y sale a la ruta cargado de termos, bizcochos y una fe inquebrantable que no entiende de distancias.

Una gran final

Maldonado regresa a la gran cita tras dos décadas de espera, logrando que San Carlos, la capital, y el este fernandino tiren juntos de la misma cuerda. Su andar ha sido demoledor, una máquina de sumar que llega con la chapa de candidato casi sin perder el brillo tras despachar rivales con una solvencia que impresiona: 11 triunfos en 14 partidos y una fuerza goleadora que metió miedo en cada cancha. En la otra esquina, Salto representa la vigencia del Litoral Norte, ese equipo que sabe lo que es sufrir y que encontró en la seguridad de sus manos el pasaporte a la gloria. Es cierto que clasificó en los penales tras perder en Fray Bentos, pero no menos cierto es que su camino está lleno de buenas versiones, porque en 12 encuentros acumuló siete victorias, tres empates y dos derrotas. Con 17 goles convertidos y solo seis recibidos, es un equipo contenido y sumamente eficiente. Es el cruce entre la voracidad del que regresa y la serenidad del que ya conoce el camino.

Coordenadas y definición de la gloria

La cita para este primer asalto de la 22 Copa Nacional de Selecciones, el 74 campeonato del Interior, está marcada para el sábado 11 de abril a las 20.00. Bajo el arbitraje de Gonzalo de León Pintos, secundado por Gonzalo Ríos y Walter Aberasteguy, el Dickinson será el escenario donde la Panther empiece a rodar para decidir quién es el mejor entre los mejores. Tendrán, además, un componente inédito. Se implementará el sistema de soporte de videoarbitraje (FVS), una herramienta que no funciona como el VAR tradicional, sino que se activa a pedido de los entrenadores.

Cada técnico dispondrá de dos oportunidades para solicitar la revisión de jugadas puntuales –gol o no gol, penal, tarjeta roja directa o error de identidad– mediante una tarjeta que deberá entregar al árbitro. Si el reclamo es correcto, la conserva; si no, la pierde.

Para los que no puedan estar en la tribuna, la pantalla será el refugio a través de la producción oficial canalizada en DirecTV y DGO, mientras que las entradas ya se pueden gestionar por la plataforma de Antel.

El reglamento establece que, no este sábado, sino el siguiente, en San Carlos, cuando se juegue la revancha, la gloria se define por puntos y luego por diferencia de goles. De persistir la igualdad tras la revancha en San Carlos, habrá alargue de 30 minutos y, de ser necesario, los penales decidirán quién se queda con el máximo sueño del fútbol del interior. Todo está pronto para que el alambique de nuestra pasión destile la emoción pura de este mundial, el nuestro.