En su tercer partido en el Sudamericano sub 17 que se está jugando en Paraguay, Uruguay perdió el invicto al caer ante el líder, Ecuador, que ahora con su victoria 2-1 se alejó en la punta, con tres encuentros jugados y 7 puntos. Justamente Ecuador, el jueves, y Uruguay, el sábado –cuando se cierra la serie–, tendrán fecha libre.

No fue justa la caída del equipo de Ignacio González, pero el fútbol no se mide por justicia, sino por las pelotas que quedan dentro del trampero. A Uruguay se le complican las posibilidades de pelear el campeonato, pero en su último partido del grupo, el próximo jueves ante Colombia, puede todavía dar batalla para intentar conseguir uno de los siete lugares que se ofrecen para el Mundial.

El asedio inicial y el azar del descuido

Los chiquilines uruguayos empezaron muy bien el partido ante el líder –y el otro invicto del grupo– y en los primeros minutos generaron dos jugadas agudas de ataque, robando y arrancando sobre la salida asociada de los ecuatorianos. Pasó cerca la pelota cuando Uruguay buscó el arco rival con la voracidad de quien conoce su estirpe. Sin embargo, a los 11 minutos, una profunda inconsistencia defensiva de los uruguayos permitió que un centro llovido y un movimiento de engaño de los ecuatorianos dejaran solo, solito, a Jhon Chica, el autor del gol, para cabecear casi con el arco libre ante la salida del golero uruguayo.

Era profundamente injusto, pero en el fútbol no hay más justicia que la de los goles; por lo tanto, aunque Uruguay retomó casi de inmediato, con el ascendente Thiago Brizuela, su capacidad de ataque y de definición, el marcador se mantuvo esquivo. Después de cinco ataques uruguayos y ni siquiera uno del rival –no podríamos considerar ataque el centro del gol de los ecuatorianos–, el triunfo parcial estaba a favor de la tri.

Sin embargo, sí hay lógica en el fútbol y también justicia, manteniéndose la de los goles: con el repetido ataque uruguayo, aunque el gol no llegara, era de esperar que de tanto que iba el cántaro al agua, al final se rompiera. Y se rompió de manera maravillosa, porque le cortaron una pelota hacia la izquierda a Nicolás Scotti, quien metió una diagonal de izquierda a derecha y, desde fuera del área, acomodó un derechazo cruzado y aéreo que se metió en el ángulo del arco ecuatoriano para subir el merecido 1-1.

Sensaciones de vestuario

Después del empate, Uruguay siguió dominando el juego y el espacio en campo contrario. En más de una oportunidad estuvo a punto de anotar el segundo gol, pero se fue al vestuario con el empate en uno y la sensación de que el equipo celeste –que en Paraguay estaba vistiendo de blanco– podía llegar a superar al ecuatoriano en el complemento si mantenía esa lucidez para tratar la guinda.

Para el segundo tiempo cambió un poco el guion del partido, en tanto Uruguay apostó más a su juego colectivo determinante, bien conectado y con engaño, básicamente por el lado de Scotti, mientras que Ecuador empezó a hacer valer su preeminencia física y sus carreras largas. La intención celeste fue clara: que la redonda circulara con criterio para desgastar a un rival que, desde la fibra, proponía un duelo de alta intensidad. Sin embargo, tal como había pasado en el primer tiempo, un ataque por la izquierda de Ecuador, en el que Hólger Quintero puso engaño y picardía en la geografía del campo, terminó en un centro al medio para que Steven Guerrero acomodara, a un toque, la pelota contra un palo y pusiera nuevamente a los ecuatorianos arriba en el marcador.

El cierre amargo

Uruguay buscó de todas las maneras posibles llegar al empate, cosa que efectivamente sucedió, aunque el gol no subió al marcador por una insólita falta cobrada por el árbitro central. En una acción en la que habían chocado dos jugadores ecuatorianos, el juez interpretó una infracción inexistente del ataque uruguayo; no le dio el brazo a torcer a la lógica y, al final, los ecuatorianos se quedaron con el triunfo 2-1. Este resultado los deja liderando la tabla de posiciones y, además, muy cerca de la próxima fase y de la clasificación al Mundial, mientras que los chiquilines uruguayos se quedan con la desazón de haber perdido un punto que la justicia del juego les había otorgado.

Ahora hay que remarla. El equipo juega bien y se destaca por sus valores, pero la presión de la situación y la adolescencia de madurez futbolística pueden poner en peligro la clasificación. Los dos primeros de cada serie serán los semifinalistas, y los cuatro seleccionados serán los primeros clasificados al Mundial. Terceros y cuartos de los grupos jugarán entre sí, con los ganadores consiguiendo el cupo y los perdedores jugando un partido más que determinará cuál es el séptimo mundialista. Vamos, que queda.