Con dos goles conseguidos en el tramo final del partido –el segundo tan al final que fue la última jugada del partido–, Cerro Largo venció 2-0 a Cerro, que jugó más de una hora con diez futbolistas por la temprana expulsión de Gianni Rodríguez.
Los goles de Maximiliano Añasco y Nicolás Ramos le permitieron al equipo que ahora dirige como principal Ignacio Ordóñez trepar provisionalmente al liderazgo de la serie A junto con Peñarol, que recién jugará el lunes ante Central Español.
Un partido complejo, de necesitados, de expectativa para los interesados, algunos y algunas congelándose en Melo, tiritando por el frío húmedo potenciado por las cercanía del arroyo Conventos, por lo gélido de la noche y por el castañeteo de esas almas que se estacionaban en el cemento congelado del Ubilla.
No importa cuánta gente había, 100, 200 personas; importa la razón que tenía esa abuela que le dijo a su nieto “ay, mijo, no vayas, te vas a congelar. ¿No lo pasan por televisión?”.
Un partido accidentado, además, porque cómo se puede definir si no una expulsión tempranera por el llamado del VAR que te hace quedar con uno menos por más de hora y pico. No es que la expulsión de Gianni Rodríguez haya cambiado todo el partido, pero sin dudas modificó las cosas.
Es que este Cerro del recientemente llegado Alejandro Cappuccio, que ya en su debut logró salir del largo túnel de la ausencia de victorias ganándole a Central 2-1, había sido el primero en marcar presencia con una entrada profundísima por izquierda casi hasta el área del paraguayo Pedro González, que sin ángulo quiso meterla entre el caño y el golero. Cerro Largo contestó bien con buenas acciones de Tiziano Correa –siempre desnivelante el hijo de Petete–, o de Añasco, pero en el arco estaba en su segundo partido desde febrero de 2025 el Mono Yónatan Irrazábal, que a calidad y carpeta aguantó lo que viniera.
Jugando con los viejitos –el Mono, Damián Zorro Suárez, Brahian Alemán y el luego expulsado Rodríguez– el equipo de Cappuccio fue aguantando el partido, soportando la secuencia de ataques arachanes y echando cola para tratar de meter algún bochazo adelante.
Se fueron al entretiempo sin goles, y vinieron de los vestuarios trayendo en sus planes dos terribles remates en los caños, uno para cada lado: un terrible zurdazo de media vuelta de Petete chico –si Leda Sánchez tuviese los datos de un sismógrafo cercano nos señalaría cuánto se movió ese caño de hierro fundido de 7,32 metros– y un cabezazo del lungo Augusto Cambón, que aceleró corazones en el arco que da al centro de la ciudad.
Fue casi la única de Cerro, pero fue una de las tantísimas de Cerro Largo, que al fin, cuando la experticia del cemento, del alambrado, de la pantalla señala que te van a embocar, lo embocó, ¡y de qué manera!: trepó por izquierda Matías Fracchia y cruzó uno de sus zurdazos potentes, los montevideanos fallaron y por derecha apareció a toda clase Añasco, que con la pierna izquierda ejecutó un remate de tal precisión y calidad que se metió en el ángulo superior izquierdo.
Después, Cerro sufrió e intentó, y hasta pudo forzadamente llegar al empate, pero metió toda la gente para adelante y propició terribles contragolpes de los locales; en el primero de lujo la tocaron varios y definió Tiziano, palo y afuera.
En el segundo salieron como envenenados contra el campo que solo defendía Irrazábal, y el último pase fue para el defensa Nicolás Ramos, que con su envase de 1,93 metió enganche, quiebre, dejó sentado al golero y anotó el 2-0.
Si es cierto que la abuela le dijo al nieto que no fuera a chupar frío, no menos cierto debe ser que cuando el botija llegó, domando un superbaurú que se escurría por entre su boca, le dijo: “¿Viste, mamma, que tenía que ir para que ganáramos?”.
