Estoy en México, estoy en el Mundial. Son las cinco de la mañana y no es que esté haciendo aspavientos de lo trabajador que soy, sino que parece que es para explicar la razón por la que estoy aquí. Pero eso vendrá después por baranda. Primero quiero explicar por qué estoy aquí. En primer lugar, porque llegué a hacerle el dos, el cien o el mil a Mintxo, que ha llegado a esta gran instancia para quedarse con su trabajo serio, responsable, fino e inteligente como editor de Deporte de la diaria, en su labor, en este, su primer Mundial, siguiendo in situ a Uruguay.
En este punto engancho con lo mío: desde que llegué a tramitar físicamente mi credencial y me hice de ella –no saben qué plomo burocrático y rozando con el abuso de autoridad por el que te hace atravesar la FIFA–, he entrado en mi octava cobertura de copas del mundo masculinas absolutas y, fundamentalmente, mi razón principal, aunque, claro está, no la única: es mi quinto mundial con la diaria. Eso nos hace a ambos poseedores de una marca que tardará unas copas en poder superarse: somos el único periódico uruguayo que cubrió cinco mundiales consecutivos con la celeste y repitió en cada presencia el mismo periodista: un servidor. Es así: El País y la diaria fueron los únicos diarios en papel que se hicieron presentes, por primera vez, en el ciclo de cinco mundiales al hilo –2010, 2014, 2018, 2022 y 2026– y he tenido la fortuna y el honor, aunque suene muy grandilocuente y antiguo, de haber estado en todos ellos.
Sostiene Pereira
Es una historia singular y muy entrañable para mí, que nace en 2005, cuando la diaria no era más que un proyecto, un sueño, y Marcelo Pereira, en su rol de director, armaba el cuadro y decía cómo quería jugar. Allá en la casona de Paullier, Marcelo, periodista de raza, pensaba y proyectaba una de las características principales y casi sine qua non de los buenos haceres de nuestra labor: estar donde hay que estar.
En aquel momento, con la clasificación en disputa, Pereira pensaba que la diaria iría al Mundial en el año de su nacimiento. Después, ya con la diaria pasando por debajo de las puertas de un millar de ustedes, marchamos en los penales con los australianos, y con nuestros primeros pasos tambaleantes en lo económico, el Mundial se nos escurrió como arena entre los dedos, pero los sueños quedaron y, de alguna manera, se asentaron con la ejecución de una entrañable sección mundialista ideada y concebida por el actual director de Le Monde diplomatique Uruguay, que se llamó y se disfrutó bajo el título “Que sufran los otros”.
Cuando con otro entrañable compañero, el fotoperiodista lascanense Sandro Pereyra –con quien trabajé en tres mundiales: 2010,2014,y 2018–, pudimos ser los ojos y oídos de la gente en el Mundial de Sudáfrica, nuestro primer director escribía: “En junio de 2006, cuando nos atrevíamos a soñar con el envío de periodistas de la diaria a un mundial de fútbol, no nos daba el optimismo para imaginar que podríamos hacerlo realidad en un marco tan rico de colaboraciones. No está de más decir que esto, como todo lo demás, es producto en gran medida del apoyo de ustedes y que haber llegado juntos hasta aquí nos da fuerza para seguir adelante”.
Y aquí estamos Fermín Méndez, debutando con toda su clase y sabiduría y aportando muchísimo y de calidad en el seguimiento ampliamente confiable y serio de la selección uruguaya tanto en su lugar de concentración, Playa del Carmen, como en los partidos, los ya sucedidos en Miami y el que viene en Guadalajara, y yogui, un humilde escudero siempre con ella, a quien llevo tatuada en el pecho, solo en México, en este caso por una decisión absolutamente personal.
¡Jubilate, bo!
Casi seguro será mi último mundial como activo –ya recibí la cartita del Banco de Previsión Social diciéndome que tengo causal jubilatoria, aunque estoy empeñado en que se me reconozcan por lo menos cinco años más de los 12 que no me figuran–, y pensé que estaba bueno dejarle esta marca a la diaria y un poco también a mis hijas e hijos, nietas y nietos. Y escribir una cápsula de tiempo para Ceci Álvarez o quien detente la dirección periodística en 2030, para presentarme a hacer alguna changa en el mundial del centenario para la diaria.
Para cerrar va la explicación por baranda: resulta que ustedes están leyendo esto porque el señor se puso el despertador a las siete de la mañana del lunes: buen bagnulo, mate hinchado solo con fría, y, cuando le pido al conserje para conseguir agua caliente, me dice: “Son las 4.15 de la madrugada”. Lo había puesto al as 7.00 AM de Uruguay, las 4.00 de México, y, jugado por jugado y con el matungo pronto, arranqué a teclear: “Te llevo tatuada en el pecho”.
