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Hélio Varela, de Cabo Verde, y Fernando Muslera, de Uruguay, el 21 de junio, en el Hard Rock Stadium de Miami. Foto: Chandan Khanna, AFP

Hélio Varela, de Cabo Verde, y Fernando Muslera, de Uruguay, el 21 de junio, en el Hard Rock Stadium de Miami. Foto: Chandan Khanna, AFP

Uruguay falló atrás, empató con Cabo Verde y se juega todo ante España

La celeste tuvo lapsos de buen juego, pero pagó carísimo los errores defensivos en su área; la igualdad lo deja mirando de reojo la tabla.

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El fútbol tiene una crueldad particular y a veces es más lo que castiga los descuidos que lo que premia las virtudes. Uruguay construyó, dominó, encontró caminos por las bandas y tuvo durante un rato la sensación de haber acomodado una noche que había empezado torcida. Pero los desajustes defensivos le derrumbaron lo construido. El 2-2 frente a Cabo Verde en el Hard Rock Stadium no es solo un empate que deja puntos en el camino: es una deuda con su propia solidez, además de una sentencia matemática. La tabla ya no permite especulaciones: el equipo de Marcelo Bielsa necesita vencer a España en la última fecha para seguir soñando.

1. Susto y reacción

Uruguay volvió a encontrarse con un viejo problema. La pelota, la cancha y la actitud eran celestes, pero el primer golpe fue ajeno. Uruguay pasó buena parte del primer tiempo instalado cerca del área de Cabo Verde, con la posesión como arma, los laterales altos, los extremos apoyando y la sensación de que el gol estaba al caer. Sin embargo, en la primera en que los caboverdianos rompieron el cerco con un contragolpe, la jugada derivó en un tiro libre de Kevin Pina, lejano pero fuerte, rasante, que pasó entre medio de la barrera, que se movió. Se le escurrió la pelota a Fernando Muslera y cuando reaccionó ya era tarde. El partido se puso 0-1 casi sin aviso.

Con el recuerdo fresco del empate con Arabia, irse al descanso en desventaja era algo que Uruguay no podía repetir. El equipo siguió manejando la pelota, pero se lo notó con cierta urgencia. Era lógico: había que evitar que el golpe se llevara también la confianza. La obligación de ir a buscar el gol convivió un rato con la falta de profundidad, mientras Cabo Verde se animaba de contra y hacía más incómodo el aire del Hard Rock.

La salida estuvo en el juego asociado y en las diagonales largas. Por la izquierda, Maxi Araújo y Juan Manuel Sanabria hicieron daño una y otra vez, conectando pases y atacando el segundo palo. En el cierre del primer tiempo, un centro de Fede Valverde desde ese costado encontró a Lolo Bentancur llegando por detrás; no llegó a cabecear, pero forzó el error del zaguero, la pelota dio en el palo y Araújo apareció, otra vez, para pescar el rebote y empatar.

Con el 1-1, Uruguay siguió insistiendo por la misma vía. Posesión buscando la amplitud –sobre todo para que la defensa africana se abriera–, pelotas cruzadas, volantes exteriores cargando el área y moviéndose en diagonal. Manuel Ugarte, con la clase de un 5 de su estilo, metió un centro profundo hacia Araújo, que ganó de nuevo y se la dejó servida a Agustín Canobbio. El extremo leyó la jugada antes de que fuera jugada, intuyó dónde podía ir el cabezazo y se encontró la bola para tocarla casi que con la pantorrilla.

¡Qué alivio! El 2-1 dio vuelta la historia. Y lo mejor: el drama de dominar sin gol se corrigió antes de que fuera demasiado tarde.

2. Demasiado regalo

Había que ratificar lo hecho. Uruguay salió con esa intención. Nada de sorpresas, nada de echarse atrás ni de dudar de las convicciones. El partido pedía continuidad, verticalidad, buscar otro gol para estar tranquilos.

Pero llegaron los dos minutos fatales de Mathías Olivera. Primero, Gilson giró sobre él y se fue rumbo al arco; lo camiseteó para frenar lo que era un mano a mano contra Muslera y fue amarilla cantada. Después, Sanabria le da un lateral, Olivera no se acomoda bien y la pasa mal, muy mal, a medio camino entre Seba Cáceres y Muslera. El golero sale desesperado y el chiquito Hélio Varela, que recién había entrado, se la lleva y define al arco vacío. Otra vez el mismo drama: una desconcentración, un gol en contra y vuelta a empezar, sin tranquilidad. Así no se puede.

Fue un golpe para Uruguay. Quedó trastocado como un boxeador al que se la dan en la pera. Marcelo Bielsa movió el banco: Darwin Núñez fue de 9, Nico de la Cruz a la creación, Ugarte afuera y Bentancur de 5 para ordenar, aunque el partido ya se jugaba al ritmo de la urgencia. Y la urgencia es enemiga del buen juego, al menos de generar algo que se pareciera al peligro.

Cuando vio a Uruguay descompaginado, Cabo Verde se animó. Vio los espacios y jugó con la ansiedad celeste. Tuvo un par de ataques vertiginosos y hubo un quite providencial de Varela que evitó lo que parecía otro golpe.

En el final aparecieron las corridas de Darwin, el pique largo de Canobbio y una cuota de rebeldía, pero ya era tarde: el segundo tiempo quedó marcado por esos dos minutos.

3. Mal parados

Quedamos mirando al abismo. Hay que ganarle a España para seguir soñando.