Argentina llegó al Antel Arena con la sangre en el ojo tras la derrota en Buenos Aires ante la celeste. Trajo todo su potencial, no se guardó nada. En cambio, Gerardo Jauri no pudo contar con Bruno Fitipaldo ni Luciano Parodi por lesión.
La artillería uruguaya: el estadio con buena capacidad, Tato López en la tribuna, Marcelo Capalbo comentando en la emoción televisiva, Luana cantando en el entretiempo y el corazón de un equipo que no sabe de niveles ni de vicisitudes va para adelante como un tren.
Uruguay perdió el invicto, pero conservó la ventaja para mantenerse en la cima del grupo, sabiendo que el objetivo de volver al Mundial sigue cerca. Es impostergable ganarle a Cuba el domingo en el Antel Arena para llegar a la segunda fase en el primer lugar.
Libreto claro
El primer tiempo de Uruguay rozó la perfección, sobre todo el segundo cuarto. En el chico inicial, la verticalidad de Leandro Bolmaro complicó. No hubo buenos números desde el triple para la visita, 3/15 en la primera mitad y todos los anotados en los primeros diez minutos. La albiceleste tiró 20 libres –encestó 14–, lo que marca que el equipo de Jauri tuvo que defender muy intenso, al límite de lo permitido y eso hizo que en ambos cuartos ingresara rápidamente en colectivas.
Más allá de estos números, la celeste defendió con un compromiso emocionante, con desventaja de centímetros en todos los puestos. En el mejor momento del rival, fue a la zona 2-3 para sacarle dinámica. Muchos recursos estratégicos y ejecutados con compromiso para marginar a un plantel superior en técnica. Ahí es donde tiene que aparecer el corazón.
Ofensivamente, Uruguay disfrutó del buen juego del pick central en el inicio, con las caídas de Pablo Gómez. Con el paso de los minutos Joaquín Rodríguez regó la cancha de básquetbol, anotó y generó ventajas permanentemente para sus compañeros. Martín Rojas leyó muy bien los cortes como pasador, Mateo Bianchi ingresó notable y Emiliano Serres se posteó cada vez que pudo.
La selección uruguaya llegó a sacar ocho de ventaja, pero se fue 44-41 arriba al descanso largo por los personales que lanzó el rival.
Saltó la calidad por todos lados
El tercer cuarto fue el de quiebre para Argentina, que puso un parcial de 28-16, con 13 puntos de Leandro Bolmaro. El jugador de Olimpia Milano volvió a ser insoportable desde la verticalidad y en ese pasaje también sumó triples y asistencias para su socio ideal: Gabriel Deck.
Uruguay no pudo correr y en ataque estacionado dejó de fluir, apelando a impulsos individuales con el agregado que en los últimos tres minutos no estuvieron en cancha Rodríguez y Véscovi. Eso se sintió. La albiceleste entró al último 69-60 arriba.
El corazón uruguayo otra vez lo fue a buscar, el quinteto celeste volvió a entrar con agresividad y energía a tope, desde la defensa y poniendo al rival en colectivas en 1.20 minutos. Con parcial de 7-0, los de Jauri se colocaron a un doble, con el lamento latente de haber dejado tres libres que pudieron ampliar la racha momentánea.
Con el clima a tope, en la cancha y en la tribuna, el entrenador argentino Pablo Prigioni pidió un minuto de tiempo que resultó clave. Argentina frenó el aluvión con un parcial de 8-0 con dos triples grandes: uno de Gonzalo Corbalán y otro de Facundo Campazzo. Gabriel Deck sumó el doble para completar la faena.
En el cierre, Corbalán, que no había tenido una buena noche, tomó responsabilidades desde la generación, y Campazzo puso puntos importantes para liquidarlo. Ahí se empezó a jugar el segundo partido: la diferencia. Uruguay tenía que perder por menos de 17 para conservar el primer lugar del grupo ante igualdad en puntos, algo que terminó logrando. Ganó Argentina 91-76.
