Semanas atrás fue noticia que la empresa tecnológica uruguaya dLocal se constituía como el primer unicornio del país, con una valuación superior a los 1.000 millones de dólares. Este hecho es muy importante, pues ubica a Uruguay en la vidriera internacional de la tecnología, una industria que se caracteriza por su generación de valor agregado, empleo de calidad, desempeño exportador, y su capacidad de mejorar la productividad del resto de los sectores dado su carácter transversal.

¿Cómo fue que la industria de las TIC de Uruguay llegó hasta acá?

El posicionamiento de Uruguay en una industria de punta, como son las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), no es algo espontáneo, sino que surge de una serie de esfuerzos públicos y privados. Estos esfuerzos implicaron procesos de análisis, revisión de modelos internacionales, planificación estratégica y, por supuesto, la ejecución de diferentes iniciativas.

A inicios de la década de 1960 se constituyó en la Universidad de la República (Udelar) una comisión que en 1967 creó el Instituto de Computación y la carrera universitaria en ciencias de la computación, que luego se sustituyó por las carreras Analista Programador e Ingeniero de Sistemas en Computación, con sus sucesivos planes de estudio.

Quienes primero egresaron de estas carreras lograron insertarse rápidamente en la academia y el ámbito público, con lo que se desarrolló una “camada” de líderes empresariales con experiencia en las necesidades tecnológicas de distintos sectores verticales, lo que favoreció la generación de empresas TIC nacionales (Stolovich, 2005). Algunas de las empresas que surgieron en ese período y hoy continúan activas son Quanam (1978), Bantotal (1988), Genexus (1988) y Tilsor (1990). Otro hito importante, que además muestra la proactividad del tejido empresarial, es la creación de la Cámara Uruguaya de Software en 1989, que hoy conocemos como Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI).

Uruguay fue pionero en la región en el proceso de internacionalización de las TIC, consolidándose en la década de 1990 como líder a nivel regional en el desarrollo de software y la implementación de tecnología. Las empresas nacionales del sector tuvieron la habilidad de aprovechar el reducido tamaño del mercado local para implementar y testear sus soluciones, que luego lograron internacionalizar.

Por otra parte, la declaración de interés nacional en el año 1999 (Decreto 84/999), con lo que se le otorgó un régimen especial con incentivos fiscales, fue fundamental para el desarrollo del sector y su inserción internacional. Desde 2000 el sector se encuentra exonerado de IRAE. Si bien el régimen ha tenido variaciones, la realidad es que no quedó en un tax holiday, sino que 20 años después se mantiene, lo que facilita la competitividad internacional y asegura que las operaciones tengan sustancia.

Con todos estos hitos desarrollados, para 2005 el sector ya contaba con más de 300 empresas y su facturación total ascendía a 265 millones de dólares. En general estaban internacionalizadas, a pesar de que la gran mayoría de ellas eran pequeñas y 80% facturaba menos de 500.000 dólares anuales (Gonzalez y Pittaluga, 2007).

El ecosistema de las TIC

Las empresas que componen este ecosistema, según datos del Banco de Previsión Social, son algo más de 500 (sin incluir microempresas), y 70% de ellas son pequeñas empresas que ocupan a entre cinco y 19 personas. Si bien son pocas las empresas TIC categorizadas como medianas y grandes, son las que mayor impacto tienen en los volúmenes de facturación del sector. Por otra parte, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2019 la industria de las TIC empleaba a poco más de 16.400 personas.

El sector ha mantenido un crecimiento dinámico en sus niveles de facturación y empleo, y ha logrado adaptarse a diversas fluctuaciones económicas e incluso mejorar su desempeño exportador y expansión internacional. Estados Unidos, que podría catalogarse como el mercado más exigente en el mundo de la tecnología, desde hace ya varios años es el principal destino de las exportaciones uruguayas, y representa más de 60% del volumen exportado (CUTI, 2019). 

¿Qué venden las empresas TIC? Hay varias clasificaciones, pero tomaré un atajo extremadamente simplista, segmentando las soluciones TIC entre productos de software y servicios de software. Los productos de software, una vez desarrollados pueden ser utilizados múltiples veces por n cantidad de usuarios: make one and sell many. En cambio, los servicios se desarrollan de manera personalizada para un cliente, de acuerdo a sus necesidades, y pueden incluir actividades de desarrollo de software, integración, consultoría, diseño, testing, capacitación y soporte técnico, entre otras.

Uruguay presenta cualidades que lo convierten en una plaza atractiva para la inversión extranjera directa (IED), y empresas tecnológicas internacionales no han sido ajenas a este fenómeno. El proceso de IED-TIC se segmenta en dos modalidades: por un lado, la instalación de operaciones greenfield, con proyectos de inversión gestados desde cero. Por otro lado, inversiones brownfield, que se generan partiendo de una base ya constituida en el país. Un ejemplo de modalidad greenfield es el caso de la empresa argentina Globant, una de las pocas empresas latinoamericanas que cotiza en bolsa y cuenta con cerca de 400 personas trabajando desde una zona franca en Uruguay. En la segunda modalidad de IED brownfield destaca el caso de la empresa americana Oracle-Netsuite, que se instaló en Uruguay en 2012 tras adquirir dos empresas uruguayas con las que ya trabajaba. El desarrollo y la implementación de la suite de e-commerce de Netsuite se hacen desde Uruguay.

Otra compañía extranjera que ha impactado fuertemente en el ecosistema de las TIC es la empresa india Tata Consultancy Services (TCS). Esta compañía eligió Uruguay en 2002 como lugar para establecer su primer centro de desarrollo en Latinoamérica. Hoy, es la principal empleadora de la industria de las TIC, con cerca de 2.000 personas empleadas, cuenta con oficinas dentro y fuera del territorio franco y presta servicios al resto del mundo. Además de ser una importante generadora de empleo calificado, invertir en capacitación y atraer migración calificada, TCS es un “semillero” de empresas nacionales. Es común encontrar empresas tecnológicas uruguayas lideradas por ex integrantes de TCS.

En lo relativo a la academia, la oferta de carreras relacionadas con las TIC de grado y posgrado ha aumentado en los últimos años, y ha alcanzando también la expansión al interior, principalmente gracias a la Universidad Tecnológica (Utec) y los tecnólogos en informática de UTU. Según datos del Ministerio de Educación y Cultura de 2018, más de 15.000 personas estaban matriculadas en carreras TIC, técnicas y de grado ese año, mientras que los egresos fueron de un poco más de 700 en el mismo período.

El principal componente y recurso para el desarrollo de este ecosistema son las personas, quienes aportan sus conocimientos y creatividad, lo que permite que la magia de las TIC ocurra. No es novedad que hay escasez de talento y que no estamos logrando formar la cantidad de gente que la industria necesita. Aunque esta es una problemática global, Uruguay no se ha quedado de brazos cruzados y ha desarrollado una serie de iniciativas para hacerle frente al problema. Con el fin de sensibilizar y promover el sector entre jóvenes de todo el país, Plan Ceibal desarrolla “Jóvenes a programar”, un programa de formación en tecnologías que cuenta con más de 1.800 egresos en sus tres ediciones. Otra iniciativa similar es el programa “b_IT” (2017), de la CUTI, que hasta el año pasado tuvo apoyo del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) para financiar becas, y no sólo ha captado jóvenes sino también a mayores de 30 años que buscan reconvertirse laboralmente. Por otra parte, las empresas TIC apuestan mucho a la capacitación interna, y para ello la industria cuenta con herramientas como los Finishing Schools, que gestiona Uruguay XXI con financiamiento del Inefop, y subsidia entre 50% y 70% de los costos totales de capacitaciones on demand.

Por otra parte, el gobierno tiene un rol relevante en el ecosistema de las TIC. No sólo por el incentivo fiscal ya mencionado (exoneración de IRAE), sino también a través de la definición de políticas e instrumentos que promueven específicamente su desarrollo en diferentes áreas (formación, desarrollo emprendedor, investigación e innovación, gobierno digital, infraestructura tecnológica de primer nivel, internacionalización y promoción internacional, etcétera).

Amenazas

Como todo ecosistema, este también enfrenta ciertas situaciones que resultan amenazantes. Veamos algunas de ellas y cómo Uruguay ha logrado (o no) sortearlas.

Si bien décadas atrás Uruguay mantuvo un rol de liderazgo en el mercado latinoamericano como proveedor de soluciones TIC, hoy la competencia es fuerte. Los países de la región se han posicionado desarrollando sus propios ecosistemas TIC, en general con precios más competitivos. Incluso en mercados como el norteamericano y el europeo también se compite por clientes con empresas de Europa del Este y Asia, y particularmente de India. Algunas empresas uruguayas han demostrado ser aptas ante tal amenaza, evolucionando hacia modelos de mayor especialización tecnológica donde sí son más competitivas, dado que no prima tanto la variable precio, sino la calidad.

Tal como sucede en varios segmentos de la economía uruguaya, el ecosistema de las TIC está fuertemente concentrado en Montevideo. Si bien hay casos de empresas radicadas en el interior del país (Cualit y Pincer Games en Maldonado, Essentia en Río Negro, Abstracta en Salto), aún queda mucho camino por recorrer en materia de descentralización productiva.

La idea de llevar adelante el sueño de la empresa de garaje fundada con amigos/colegas es un modelo bajo el que se han creado varias empresas TIC uruguayas. Si bien algunas hoy son compañías consolidadas, se suele ver micro y pequeñas empresas con su sostenibilidad comprometida, ya sea porque su facturación se concentra en un único cliente o porque los clientes a los que acceden priorizan valores-hora bajos.

La falta de mujeres en el sector y particularmente en puestos de dirección es realmente preocupante. La relación hombres-mujeres en la industria de las TIC uruguaya es de aproximadamente 70%-30%, similar proporción a la de las matrículas en carreras universitarias de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Por otra parte, la necesidad de personas (cualquiera sea su género) es tan importante que la temática género se ve opacada. Incluso las propias empresas, en su gran mayoría lideradas por hombres, encuentran dificultades para asumir y encarar la problemática a la interna de sus organizaciones. En Uruguay el abordaje a esta problemática tiene años y son varias las organizaciones atrás del tema; se necesitan acciones potentes.

Oportunidades

La industria de las TIC tiene el potencial de ser transversal a otros ámbitos e industrias: tecnología aplicada a las finanzas, agro, salud, transporte, alimentos, ciudadanía, etcétera. Mejorar la vinculación de las TIC con otras actividades no sólo resolverá problemáticas de otras industrias, sino que también mejorará la digitalización del país y el desarrollo de soluciones tecnológicas innovadoras. Por otra parte, el sistema nacional de innovación uruguayo ofrece un buen marco para el desarrollo de innovaciones abiertas, que surjan de la colaboración entre empresas y otras organizaciones. A la vez, la dimensión del país facilita el acceso al conocimiento académico, a la infraestructura, a los reguladores, a quienes tienen potencial de dar financiamiento, a quienes tienen las capacidades de desarrollo y testeo. No hay excusas para profundizar las interacciones y generar más y mejores innovaciones.

Las empresas orientadas a servicios en general afrontan mayores problemas para escalar en sus negocios que las de productos de software. Uruguay cuenta con incentivos para la innovación que habilitan que empresas puedan reorientar su foco a productos de software más escalables. Aunque para algunas empresas resulte difícil salir de la zona de confort que ofrecen los servicios, es interesante pensar en potenciales externalidades de este modelo de negocios: facilita el acceso a procesos de aceleración internacional y a rondas de inversión, facilita también el acceso a procesos de fusión/adquisición, y hasta podría aumentar la valuación de la empresa y constituirse como el próximo unicornio.

Por otra parte, Uruguay tiene la oportunidad de consolidarse como un centro de excelencia en Latinoamérica, donde se testeen y desarrollen nuevas soluciones con impacto global. La estabilidad, reglas de juego claras, academia de primer nivel, incentivos fiscales y para la innovación, y un tejido empresarial dinámico son algunos de los atributos ya presentes en Uruguay. Definir áreas temáticas en las que se desee avanzar a nivel país, y buscar contrapartes nacionales e internacionales adecuadas parecería ser una buena estrategia para comenzar a explorar esta oportunidad.

La industria de las TIC pide a gritos más talento, a tal punto que sale a buscarlo al exterior, apoyándose en herramientas estatales definidas para la atracción de talento calificado. También se han implementado, e implementan, políticas públicas para aumentar la disponibilidad de talento en esta área. Es hora que el sector empresarial de las TIC haga un mayor esfuerzo en incluir personas con poca o nula experiencia y apueste a su formación, no sólo técnica sino en habilidades blandas, facilitando la inserción laboral de las personas en este tipo de empresas. Hay empresas que han avanzado con acciones en este sentido (el centro de desarrollo de Bantotal en Guichón y el Programa +50 de Pyxis) con notables resultados, lo que brinda la certeza de que ese camino es viable.

El desafío

Pensar el desarrollo de un país en el mediano y largo plazo implica la priorización de sectores estratégicos y la definición de políticas de Estado para su consolidación.

Uruguay apostó a las TIC. Logró posicionarse internacionalmente como una de las naciones más digitales del mundo gracias a políticas públicas que no sólo se enfocaron en aspectos técnicos de la conectividad, sino en su universalización. También se desarrolló una industria sólida e innovadora, que ha tenido un muy buen desempeño en contextos de altísima competencia, apalancándose en instrumentos e incentivos ofrecidos por el Estado.

Hoy la tecnología permea cada vez más en nuestras vidas. La apuesta de Uruguay a las TIC debería redoblarse, continuando por la senda de la universalización y de los incentivos, particularmente para quienes ven aún de lejos la tecnología. Trabajando para identificar cuáles son aquellos desafíos que hoy tenemos como país y que desde las TIC se pueden resolver, mejorando aún más la calidad de vida.

En este sentido, preocupan propuestas como la del actual proyecto de ley presupuestal para el período 2020-2024, que compromete varios componentes del ecosistema de las TIC. En el ámbito académico, con la congelación del presupuesto de la Udelar y la reducción del presupuesto de la Utec y la UTU. También en iniciativas para el desarrollo del sector en aspectos tan claves como la innovación, la formación profesional y la internacionalización, a través de las reducciones presupuestales previstas para la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, el Inefop y Uruguay XXI.

El desafío consiste en tener una mirada de largo plazo en torno a las oportunidades que ofrece el ecosistema de las TIC, manteniendo y fortaleciendo las políticas públicas que han acompañado su desarrollo.

Referencias

CUTI, (2019). Informe Anual del Sector TI.

González, I y Pittaluga, L (2007). “El Sector de Software y Servicios Informáticos en Uruguay. Complementación productiva intra MERCOSUR en el marco de las estrategias de internacionalización de las empresas uruguayas”.

Stolovich, L (2005). “La Industria Uruguaya de TI y sus requerimientos de Financiamiento”. Documento de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información.