¿Es razonable que una persona que tiene 17 años y 364 días no pueda votar en las elecciones, pero una persona que tiene 18 años recién cumplidos sí pueda? ¿Es razonable plantear que una persona que mide 1,70 metros y pesa 86 kilos no tiene obesidad, pero otra con la misma altura que pesa 87 kilos es obesa, ya que su índice de masa corporal supera el valor 30 establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS)? Toda división de un conjunto en diferentes grupos tiene, intrínsecamente, el problema de dónde poner la línea que separa a unos de otros. En los problemas de este tipo, los casos que están cerca de la línea son, naturalmente, muy parecidos.

¿Es razonable suponer que una familia montevideana de cuatro personas que percibe ingresos mensuales de 52.000 peso es pobre, y que otra familia que gana 52.005 pesos pesos no es pobre? Un reciente informe sobre pobreza, elaborado por el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), que ofrece una estimación de la pobreza mayor que la calculada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), toca este tema y nos invita a discutir sobre las delgadas líneas, así que allá vamos.

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Las delgadas líneas y los que están cerca

Un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar) comparó el conocimiento de política de los jóvenes de 18 años y de los jóvenes de 16 y 17 años. Analizó el conocimiento que tenían de las leyes y de la Constitución, el nivel de información que manejaban, la cantidad de diarios que leían, los minutos de informativo que consumían y la cantidad de políticos que conocían. Concluyó que, si bien los individuos de 18 años tenían un poco más de conocimientos que sus pares más jóvenes, en realidad no había una diferencia tan grande: eran bastante parecidos.

Una investigación de la Universidad de Massachusetts analizó la salud de personas con un índice de masa corporal cercano a 30 (el límite de la obesidad). Analizó sus hábitos alimenticios, sus niveles de colesterol, de lípidos y de lipoproteínas, cuántos litros de cocacola tomaban al año, cuántas veces iban a McDonald’s. Concluyó que aquellos que tenían un índice de masa corporal apenas por debajo de 30, y por lo tanto no eran catalogados como obesos, no eran demasiado diferentes de aquellos que estaban levemente por encima de ese valor.

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Un informe del centro de estudios privado Ceres analizó, a partir de información del INE, las condiciones de vida de personas con ingresos cercanos a la línea de pobreza (entre 10% por debajo de la línea y 20% por encima). Comparó sus condiciones de empleo, de vivienda, de educación, de confort y de acceso a internet, y concluyó que si bien quienes estaban por encima de la línea de pobreza estaban mejor que los que estaban por debajo, ambos grupos tenían cierta similitud de carencias socioeconómicas.

Los dos primeros estudios pertenecen, hasta el momento, al mundo de la imaginación de quien escribe. El tercero es un informe real, publicado hace menos de un mes, que agrega una nueva medida sobre la pobreza para Uruguay.

Dónde poner la siempre delgada línea

La medición de la pobreza es un tema bien complejo. ¿Cómo establecer cuándo una persona es pobre y cuándo deja de serlo? Sobre este tema hay océanos de tinta escritos, sobre los cuales este artículo no ingresará, para evitar el riesgo de extenderse más de la cuenta en un área interminable que incluye debates filosóficos, técnicos y metodológicos de gran profundidad.

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Obviando este denso debate, podemos ir a algo más concreto: cómo se calcula la pobreza en Uruguay. Explicado de forma muy simplificada, la pobreza la mide el INE, y se basa en una aproximación monetaria: quienes están por debajo de determinado ingreso son considerados pobres, quienes están por encima no lo son. A pesar de que parece un invento de los economistas, en realidad todo surge de una definición de los nutricionistas, quienes establecen un nivel de calorías mínimo per cápita. A partir de dicha definición se identifica en la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares a aquellos que alcanzan los requerimientos nutricionales establecidos. El ingreso total de estos hogares –que gastan su dinero en alimentos y también en otros productos– es la línea de pobreza.

La metodología se actualiza globalmente cada cierto tiempo (la última actualización fue en 2006; la próxima será en 2021), en un amplio proceso que involucra tanto a técnicos del INE como a instituciones académicas y expertos nacionales e internacionales.

La línea de pobreza actual varía con la zona geográfica y la cantidad de personas en el hogar, y se actualiza todos los meses con las variaciones de los precios. Para fijar ideas: la línea de pobreza de un hogar de cuatro personas de Montevideo en agosto de 2020 era de 52.002 pesos.

Varias mediciones para una misma historia...

Además de la medición oficial nacional, existen otras mediciones alternativas. Podemos mencionar la de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y el Caribe o la del Banco Mundial (que tiene tres umbrales diferentes). También hay estudios sobre pobreza multidimensional, como el que presentó el Ministerio de Desarrollo Social en marzo. Hace menos de un mes se agregó a esta variedad de indicadores el cálculo de Ceres, que si bien menciona elementos multidimensionales, en realidad sigue siendo una línea de pobreza monetaria, que se calcula básicamente corriendo la línea de pobreza del INE 20% hacia arriba.

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En los gráficos se presentan series de evolución de la pobreza para el siglo XXI según las mediciones comentadas.1 Como se ve, difieren en nivel: algunas tienen porcentajes más altos y otras más bajos. Pero en términos de evolución, cuentan la misma historia: un aumento que ya había comenzado en el 2000, que se acelera durante la crisis de 2002 y que alcanza un pico máximo en 2004 (40% según el INE, 50% según la metodología Ceres). A partir de 2005 la pobreza baja fuertemente, año tras año, hasta estabilizarse en un mínimo histórico entre 2015 y 2019 (8,8% según el INE, 14,7% según la metodología Ceres), período en el cual los niveles de pobreza no aumentaron ni bajaron significativamente. Todas las mediciones cuentan, en esencia, la misma historia.

Aún no contamos con estimaciones para 2020, pero las perspectivas son desalentadoras. Debido a la crisis económica generada por la pandemia y los escasos recursos destinados por el gobierno para contener la crisis social derivada (según los datos de comparación internacional de la CEPAL y del FMI), la pobreza aumentará en cualquiera de estas mediciones. El Instituto de Economía de la Udelar ha realizado proyecciones que plantean un aumento de la pobreza de 100.000 personas (esta investigación fue recientemente aceptada para ser publicada en la prestigiosa revista económica World Development). Por todo esto, más allá de las posibles discusiones técnicas sobre la medición de Ceres, es bienvenido el aporte, en tanto colabora en poner el tema de la pobreza en la agenda de discusión pública.

... y los intentos de cambiarla

A partir del estudio sobre el conocimiento político de los jóvenes, algunos actores políticos comenzaron a cuestionar la legitimidad de los resultados electorales. Argumentaron que, en tanto los jóvenes de 16 y 17 años eran bastante parecidos a los de 18 años, debían haber sido incluidos en el padrón electoral. En este sentido, plantearon que se suspendieran inmediatamente todas las designaciones de cargos de las últimas elecciones nacionales, departamentales o municipales, y que se realizaran de nuevo las elecciones incluyendo a estos jóvenes.

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La Asociación Mundial de Veganos, en base al estudio de la Universidad de Massachussets, exigió la renuncia de las autoridades de la OMS, argumentando que la actual medida del índice de masa corporal escondía las verdaderas cifras de obesidad en el mundo, porque había gente que no era declarada obesa pero que en realidad era muy parecida a la obesa. Se argumentó que la maliciosa manipulación estadística estaba alineada con los intereses de las grandes empresas multinacionales relacionadas con la industria de la carne y de la comida chatarra.

A partir del informe de Ceres, varios medios de prensa titularon que la cantidad de pobres en Uruguay era de 500.000 personas, y no 300.000 como estimaba el INE. Hubo quienes, honestamente preocupados por el problema de la pobreza, transcribieron los métodos y resultados del informe. Algunos aprovecharon para polemizar con el INE, problematizando las formas de cálculo de la pobreza. Otros se aferraron al nuevo dato, contentos de acumular en su retórica, presentándolo como prueba fehaciente de que el país estaba horrible, de que el histórico descenso de la pobreza no había sido tal, de que había pobres escondidos por el antiguo gobierno que recién ahora aparecían.

Casi todos omitieron decir que, más allá del dato concreto, más allá de si la pobreza es 2,9%, 8,8% o 14,7%, el problema central radica en comprender cuáles son los procesos políticos y económicos que han permitido disminuir la pobreza, y cuáles contribuyen a que esta aumente. Este diagnóstico es de fundamental importancia, en particular en estos tiempos de crisis económica en los que, se mida como se mida, la pobreza aumentará fuertemente, como hace años no sucedía. Allí deberíamos centrar la discusión de política pública, de modo de extraer las lecciones relevantes para el objetivo fundamental: que en Uruguay no haya personas que vivan con privaciones de sus necesidades básicas.

Agradezco los comentarios de Juan Pablo Labat y los integrantes del grupo Jueves. Esta y otras notas del grupo Jueves pueden encontrarse en grupojuevesuy.wordpress.com.


  1. Ceres sólo publicó sus estimaciones de pobreza de 2015 en adelante. Por este motivo, lo que aparece en el gráfico entre 2002 y 2014 son estimaciones propias utilizando la metodología presentada por dicho centro de estudios.