América Latina habría crecido 3,7% durante el año pasado, según el último informe anual de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Como también sucedió en nuestro país, los datos anuales esconden dos fases bien diferenciadas al interior del año. Por un lado, durante el primer semestre las economías regionales se beneficiaron de un escenario internacional que fue relativamente benevolente y también del arrastre heredado de 2021. En particular, dos tercios del crecimiento agregado del segundo trimestre todavía pueden atribuirse al “efecto rebote” asociado a las bajas referencias de comparación.

Foto del artículo 'La región en su laberinto: ¿otra década perdida?'

Sin embargo, por otro lado, el panorama cambió entrada la segunda mitad del año y, en línea con el deterioro de las condiciones externas, el dinamismo regional se fue diluyendo nuevamente. En efecto, todos los componentes de la demanda agregada –consumo, inversión y exportaciones– mostraron señales de enfriamiento durante el segundo semestre.

En primer lugar, el mundo está creciendo menos y por debajo de lo previsto hace unos meses. En particular, las previsiones para este año se corrigieron a la baja para los tres socios principales de la región: Estados Unidos, Europa y China. Como consecuencia, el ritmo de expansión del comercio mundial también se está moderando, un proceso que continuaría durante los próximos 12 meses. El comerció cayó 5,2% durante el primer año de la pandemia y rebotó 10,2% en el segundo. Si bien los datos no están cerrados, las estimaciones sugieren una expansión del entorno de 3,5% para 2022 y anticipan un incremento anual de apenas 1% para este año.

Canal de Panamá, el 13 de diciembre de 2022.

Canal de Panamá, el 13 de diciembre de 2022.

Foto: Luis Acosta, AFP

En segundo lugar, el entorno financiero ya no está jugando a favor de la región. Tampoco lo hará durante este año, en tanto “se espera que persista el endurecimiento de las condiciones financieras globales”. Los costos de financiamiento están aumentando y las condiciones de acceso al crédito se han tornado más restrictivas. En ese sentido, los flujos de capitales hacia la región se han ido retrayendo, los costos soberanos han ido en aumento y las mediciones de volatilidad indican un incremento a partir del mes de setiembre, especialmente en el contexto de los países emergentes. Como alerta el informe, entre otras cosas “la volatilidad financiera internacional aumenta los riesgos de depreciación cambiaria, lo que podría afectar la trayectoria de la inflación” y por esa vía del consumo.

En este contexto, la orientación de la política económica de los países de la región tampoco ha contribuido a mitigar el impacto asociado a este cambio de escenario. En particular, el sesgo contractivo de la política monetaria, con el ojo más puesto en combatir la inflación que en contrarrestar los efectos negativos asociados a este shock externo, no ha ayudado a estimular ni el consumo ni la inversión. Además, muchos de los países tampoco cuentan con margen fiscal suficiente para revertir el enfriamiento de la actividad por la vía de un impulso del gasto.

Por su parte, para este año las estimaciones del organismo sugieren una desaceleración adicional, que llevaría el crecimiento regional al entorno de 1,3% anual. Como advierte la Cepal, estas proyecciones implican que en los 10 años que van de 2014 a 2023 la región habrá crecido menos que durante la “década perdida” de los años ochenta.

En ese sentido, los últimos 10 años han estado signados por el bajo crecimiento, la creciente inestabilidad, los impactos de la pandemia, las consecuencias de la guerra y los efectos derivados de las políticas económicas desplegadas por los países desarrollados. En efecto, la región enfrentó una sucesión de crisis cuyas consecuencias serán más notorias durante este año, aunque se extenderían en un horizonte de mediano plazo.

Según los datos divulgados, todas las subregiones experimentaran este año un enlentecimiento adicional: “América del Sur crecerá 1% (3,7% en 2022); el grupo conformado por Centroamérica y México 1,6% (3,3% en 2022), y el Caribe (sin incluir Guyana) 3,3% (4,5% en 2022)”. Considerando lo anterior, 12 de los 33 países finalizarán este año con un PIB menor del que tenían en 2019.

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En particular, las perspectivas para América del Sur seguirán condicionadas por el desempeño todavía incierto de China y su impacto sobre el precio de las materias primas, dado que varios países concentran más del 30% de sus exportaciones en ese país. Dentro de este subconjunto de países, Venezuela sería el que tendría el mayor crecimiento, en tanto se espera una expansión del PIB del entorno de 5%. Pese a esto, el nivel de actividad cerraría el año 20% por debajo del nivel pre pandemia. Le seguirían Paraguay y Uruguay, que crecerían 4% y 2,9% respectivamente. En el otro extremo, se prevé una contracción del entorno de 1,1% para Chile y una expansión que no superaría el 1% en los casos de Brasil y Argentina.

La región y sus mercados laborales

Sobre este aspecto, el estudio caracteriza la recuperación del mercado de trabajo como lenta y desigual. Por un lado, la tasa de participación (que refleja el lado de la oferta) todavía no alcanzó los umbrales pre pandemia cuando se considera el promedio regional. Este es, “sin duda, uno de los cambios más notorios provocados por la pandemia”. Al cierre del segundo trimestre, la tasa de participación fue de 62,9%, 0,5 puntos porcentuales (pp) por debajo del registro correspondiente al cuarto trimestre del 2019 (63,4%).

Por otro lado, la creación de nuevos empleos se estancó recientemente, en línea con el enfriamiento de la actividad reseñado. No obstante, el dinamismo observado durante el 2021 permitió recuperar los puestos perdidos al comienzo de la pandemia, y al 2022 el número de ocupados ya era superior respecto de los niveles vigentes antes de la irrupción de la covid-19.

En este marco, el desempleo continuó reduciéndose y se habría ubicado en el entorno de 7,3% al cierre del 2022 (en 2020 había escalado hasta 10,3%, alcanzando un pico de 11,5% entre junio y setiembre). El salario real, que había exhibido un incremento de 1,6% en 2021, volvería a contraerse en 2022 (0,7%).

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Por último, y en contraste con lo sucedido en Uruguay, la informalidad regional se incrementó durante los últimos dos años. Concretamente, la tasa pasó de 46,2% a 48,1% entre 2020 y 2022.

Hacia adelante, según alerta el organismo, “la desaceleración que se ha manifestado desde el segundo semestre de 2022, y que se prolongará en 2023, siembra dudas sobre la posibilidad de seguir observando mejoras en los indicadores laborales”.

Pobreza y desigualdad

En este marco, y según lo proyectado en el Panorama social de América Latina 2022, divulgado meses atrás, la pobreza en 2022 habría alcanzado al 32,1% de la población, lo que implica que son más de 200 millones de personas las que actualmente se encuentran en esta situación. Respecto a la situación pre pandemia, la cantidad de personas que viven con ingresos menores a la línea de pobreza aumentó en 15 millones.

La indigencia, por su parte, habría afectado a 13,1% de la población latinoamericana durante el último año, lo que implica que en relación a 2019 hay 12 millones de personas más que no logran cubrir los niveles nutricionales mínimos para su subsistencia. En esta dimensión, las cifras estimadas para 2022 suponen un retroceso no visto en el último cuarto de siglo.

Las perspectivas para la inflación

Según estima la Cepal, la inflación perderá fuerza a nivel regional, pero se mantendrá en niveles comparativamente altos. En promedio, la inflación alcanzó un máximo de 8,4% durante el mes de junio, y ha venido descendiendo desde entonces. En particular, la caída de los precios de la energía ha sido uno de los factores que más ha contribuido en ese sentido, dado que luego de alcanzar un máximo de 17,5% interanual en setiembre de 2020, ahora crecen a un ritmo inferior a 8%.

La política monetaria también aportó en la misma dirección, en tanto los bancos centrales de la región han impulsado incrementos sostenidos de sus tasas de interés. Según las cifras relevadas por la Cepal, Colombia fue el país que registró el mayor incremento en el correr del año, dado que entre 7 instancias acumuló un aumentó de 8 pp. Si bien Perú anunció 12 aumentos durante 2022, la variación de la tasa fue de 5 pp. En la otra punta aparece Paraguay, con un aumento acumulado de 3,25 pp durante el año. En el caso de Uruguay, la Cepal registra 8 incrementos y una variación acumulada de 5,5 pp, pero no considera el aumento anunciado por el BCU sobre el cierre del año.

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En materia de perspectivas, el proceso de moderación inflacionaria se extendería hacia los próximos meses, llevando la inflación promedio regional a 4% hacia fines de este año. El Fondo Monetario Internacional tiene una visión similar sobre la trayectoria de los precios (4%), aunque ambos organismos son más optimistas respecto a las proyecciones que surgen de las encuestas relevadas por Bloomberg (4,8%).

Esto permitiría relajar parcialmente la política monetaria en los próximos meses, reorientando su contribución hacia el costado de la actividad. En efecto, la trayectoria reciente de la inflación, sumada al menor dinamismo esperado para la actividad, restarán presión sobre los Bancos Centrales de cara a este nuevo año.

Los desafíos de política económica de cara al 2023

En la órbita fiscal, la Cepal sugiere “evitar ajustes prematuros del gasto y ampliar el espacio fiscal a través de la reducción de la evasión y elusión, revisión de los gastos tributarios, reformas que aumenten la recaudación y progresividad de la estructura tributaria, y el apoyo multilateral a través de la movilización de la liquidez global”. En efecto, como advierte el informe, la región se encuentra en una encrucijada de desarrollo que exige un cambio fundamental en el paradigma de la política fiscal.

En el plano monetario, por su parte, el organismo recomienda “diversificar la caja de herramientas”, utilizando instrumentos macroprudenciales y de regulación a efectos de minimizar los efectos del aumento de las tasas de interés sobre el consumo y la inversión.

Por último, insta a encontrar soluciones creativas de política pública para apuntalar la productividad, una condición necesaria (pero no suficiente) para enfrentar los desafíos derivados de esta “cascada de crisis” y evitar una nueva década perdida como la del período 2014-2023.

En ese sentido, los fundamentos macroeconómicos actuales son insuficientes para impulsar un crecimiento sostenido, sostenible e inclusivo, que logre recortar las brechas estructurales del desarrollo y que permita hacer frente a “la amenaza existencial que plantea el cambio climático desde una situación de elevada vulnerabilidad”. En definitiva, será necesario pensar fuera de la caja para afrontar los desafíos acumulados tras 10 años de desempeño decepcionante.

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