El dato

Según las últimas estimaciones, la productividad laboral de los países de América Latina y el Caribe, con relación a los de la Unión Europea (UE), se ubica en torno al 29,7% (en el gráfico esta cifra queda plasmada en la línea continua de color amarillo). Esto significa que el valor agregado por hora trabajada de los trabajadores de nuestra región representa apenas la tercera parte del que generan sus pares europeos (ambas regiones consideradas en términos promedio, sin distinguir la heterogeneidad que caracteriza a ambas en materia de productividad, crecimiento y desarrollo relativo).

La importancia del dato

La productividad es considerada el motor del crecimiento económico a largo plazo, ya que permite a las economías producir lo mismo con un menor esfuerzo productivo (cantidad y calidad del factor capital y el factor trabajo), o, lo que es equivalente, producir más con los mismos factores de producción. En efecto, la productividad es una medida de la eficiencia en la combinación de ambas dimensiones y, por lo tanto, su mejora es clave para apuntalar las capacidades productivas de un país en un horizonte de mediano y largo plazo (dado los rendimientos decrecientes que son propios de cada factor por separado). De forma simplificada, mayores capacidades productivas jalonadas por mayores niveles de productividad implican, además de una mayor producción para el conjunto de la economía, mejores salarios, alimentando un círculo virtuoso en términos de crecimiento y bienestar.

De hecho, el problema del rezago relativo de nuestra región, y del escaso crecimiento observado durante la última década (una vez finalizado el auge asociado al boom de las materias primas), descansa en la baja productividad, en particular del factor trabajo, que además representa un rasgo distintivo de América Latina.

Cuantificando el problema latinoamericano

Según un reciente informe elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal),1 detrás de ese resultado conviven realidades muy distintas, un fenómeno que queda de relieve al analizar las diferencias considerando distintos criterios para la comparación.

Por ejemplo, como se aprecia en el primer gráfico, la minería representa un caso excepcional, dado que la productividad regional es superior que la estimada para el caso europeo. Concretamente, la interpretación del gráfico revela que la productividad de la minería en América Latina es casi 20% superior a la que registra el sector del otro lado del océano Atlántico (el valor 100 implica productividades equivalentes).

En el resto de los sectores, los valores se ubican siempre por debajo de 50, lo que supone que la productividad regional es menos de la mitad que la europea, a pesar de que hay actividades que muestran desempeños superiores a la media (29,7%). En efecto, y más allá del fuerte rezago que se desprende al contrastar con la referencia de comparación (Europa), “los trabajadores más productivos” de América Latina son los que se desempeñan en los servicios básicos, sociales y empresariales, y en ninguno de los casos esa productividad supera el 43% de la estimada para los trabajadores europeos.

Del otro lado, la productividad relativa del trabajo es menor en el comercio, la agricultura y la construcción, que justamente son los tres sectores de actividad que acumulan el mayor porcentaje de trabajadores: en estas tres áreas se desempeña casi el 45% del total de trabajadores, una cifra bastante mayor que la que corresponde a la Unión Europea (29%).

Por lo anterior, del gráfico se desprende un patrón cuya caracterización es relevante para el debate sobre el desarrollo: América Latina no sólo enfrenta una brecha de productividad frente a otras regiones (en este caso, los datos permiten cuantificar la distancia con los países europeos), sino también una estructura productiva en la cual los sectores más intensivos en empleo son los menos productivos (o, expresado al revés, los sectores dinámicos y cercanos a la frontera tecnológica tienen escaso peso en materia de empleabilidad).

En ese sentido, la propia estructura productiva dificulta acelerar el crecimiento por la vía de un aumento de la productividad, dado que los sectores más dinámicos, que son los que concentran los avances en este frente, alcanzan a una parte “pequeña” de la masa de trabajadores, limitando así su potencial para impulsar la actividad económica y los ingresos de forma generalizada. El problema, además, es que este fenómeno se está exacerbando a raíz de los avances en la órbita tecnológica, “achicando” todavía más ese universo de empleos.

Por esto, la región enfrenta el doble desafío de alterar su estructura productiva, transfiriendo empleo hacia los sectores de mayor valor agregado y productividad, al mismo tiempo que impulsa la eficiencia en los sectores que están más rezagados.

Foto del artículo 'Gráfico de la semana | El problema de la productividad en América Latina'

Otra perspectiva útil para enfrentar esta problemática es desentrañar las dinámicas diferencias de la productividad según el tamaño de la empresa, un estudio que para el caso uruguayo ha llevado adelante recientemente la Agencia Nacional de Desarrollo.2

En efecto, la investigación de la Cepal evidencia que la brecha no es sólo sectorial, sino que está presente también a nivel del tamaño de las empresas, con las firmas europeas más que duplicando el valor agregado por trabajador de América Latina y el Caribe para todos los casos, pero con las distancias siendo mayores (casi seis veces más) entre las empresas de menor porte.

Esta realidad, de acuerdo con el organismo, debe llamar a buscar mecanismos por los cuales incentivar encadenamientos productivos entre empresas de diferentes tamaños, para así lograr articulaciones que permitan que las empresas más rezagadas mejoren sus capacidades. Otro mecanismo relevante consiste en extender el uso de las nuevas tecnologías entre las empresas más rezagadas, para que así logren un salto de su productividad más acelerado.

En síntesis, existe una gran oportunidad de mejora en materia de productividad mediante el acercamiento de los sectores rezagados a la frontera tecnológica; sin embargo, ello requiere políticas de desarrollo e inversión, además de propiciar un cambio estructural de la distribución del empleo entre los diferentes sectores y entre las distintas unidades de producción de acuerdo a su porte.

Joaquín Pascal, Centro de estudios Etcétera.

Notas: la productividad laboral relativa extrema mide la productividad laboral en América Latina y el Caribe como proporción de la productividad laboral de una región extrema de comparación, en este caso, la Unión Europea.

A. Los países considerados son Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guayana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago y Uruguay.

B. Los países considerados son Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chequia, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Rumania y Suecia.

Fuente: Cepal.


  1. Cepal. “Panorama de las políticas de desarrollo productivo en América Latina y el Caribe”, 2025. 

  2. Productividad entre empresas: una brecha que no se cierra, la diaria