La caída de la pobreza en Uruguay se convirtió en una de las primeras señales económicas favorables que el gobierno de Yamandú Orsi destacó como resultado de su gestión. La reducción, que llevó la tasa del 17,7% al 14,8% de la población –unas 95.000 personas menos–, fue presentada por las autoridades como un avance en el cumplimiento de sus compromisos sociales.
Los economistas Matías Brum y Diego Aboal, consultados por la diaria, también valoraron favorablemente las cifras, que muestran una reducción de 2,9 puntos porcentuales con relación al primer semestre del año pasado. Sobre esto, Brum destacó que se trata de una caída “sorprendente”, que “no veíamos desde hace mucho tiempo”; Aboal, por su parte, definió las cifras como un “resultado favorable”, aunque llamó a ser cautelosos al interpretarlas.
“Destaco la propia caída de la pobreza”, remarcó al analizar las cifras Brum, doctor en Economía por la Universidad de Londres. Según señaló, en los períodos anteriores se habían registrado descensos que quedaban dentro del margen de error de la encuesta, mientras que esta vez la reducción fue más pronunciada; es una caída estadísticamente significativa. “Cayó bastante, casi tres puntos. Es un resultado sorprendente. Los analistas no lo estábamos esperando”. “Una caída tan grande, así, no la veíamos desde hace mucho tiempo”, especialmente desde 2011, agregó, aunque aclaró que la comparación con años anteriores debe tomarse con “cautela”, debido a los cambios en la metodología de medición.
Por su parte, Aboal consideró que el “resultado es favorable” y remarcó que los datos son consistentes con la tendencia descendente de la pobreza observada desde 2021, luego del incremento provocado por la pandemia. Para evaluar el resultado, hizo un ejercicio de proyección a partir de la evolución anual entre 2021 y 2025: si se prolongara esa trayectoria, la pobreza para 2026 se ubicaría aproximadamente en 15,4%.
El 14,8% registrado en el primer semestre está por debajo de esa referencia, pero el economista señaló que todavía no corresponde interpretar el dato como una aceleración de la caída. “Las estimaciones semestrales son volátiles, y estamos comparando un semestre con una proyección anual”, explicó el exdirector del Instituto Nacional de Estadística (INE) y actual investigador del Centro de Investigaciones Económicas.
La mirada del gobierno
El presidente Yamandú Orsi destacó en X que unas “95.000 personas menos” se encontraban bajo la línea de pobreza en comparación con un año atrás. “Los datos muestran que estamos avanzando”, afirmó. “Es una mejora importante, pero sabemos que falta mucho. Mi compromiso es seguir trabajando para que el crecimiento, el empleo y las políticas públicas mejoren las condiciones de vida para cada vez más uruguayos y uruguayas”, afirmó. En la misma línea, el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, escribió en X que se trata de “miles de familias que hoy viven un poco mejor”.
Mientras tanto, el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Rodrigo Arim, dijo a la diaria el 7 de octubre que, si bien aún no se puede “hablar de una tendencia sostenida de largo plazo”, se trata de una caída de la pobreza que es “estadísticamente significativa” y, por lo tanto, “son excelentes noticias”. A su vez, sostuvo que los datos “muestran una caída persistente de la pobreza en los últimos dos semestres”.
Cifras
El INE publicó la semana pasada los datos de su informe de estimación de la pobreza por el método de ingreso. De acuerdo con las estimaciones, el 14,8% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza, distribuida en el 11,6% de los hogares que existen en el país. Esto representa una disminución de 2,9 y 2,3 puntos porcentuales, respectivamente, en comparación con el mismo período de 2025.
Por su parte, el 1% de las personas y el 1,2% de los hogares se encuentran por debajo de la línea de indigencia. Según el INE, esto implica que 12 de cada 1.000 personas “no alcanzan el ingreso mínimo previsto para cubrir las necesidades alimentarias básicas” (cabe destacar que la encuesta releva hogares y, por lo tanto, los datos no reflejan lo que pasa con las personas en situación de calle). En este caso, la diferencia es de 0,9 y 0,3 puntos menos, respectivamente, si se la compara con el primer semestre de 2025 (para evitar la estacionalidad que pueden tener las estadísticas semestrales).
Con respecto a estos resultados, Brum señaló que la reducción no se limitó a los hogares que estaban más cerca de superar esa línea. En efecto, además de la caída de la pobreza, hubo un descenso de la indigencia. “Este resultado demuestra que no solamente se está ayudando a los que salieron de la pobreza, sino que también mejoró la situación de los que estaban abajo de todo”, remarcó el profesor de la Universidad ORT.
A este respecto, el economista indicó también que sus cálculos muestran una reducción de la brecha de pobreza, es decir, de la distancia entre los ingresos de los hogares que permanecen en esa situación y la línea que determina su condición (el indicador mide qué tan cerca o lejos están de ese umbral). A su juicio, esto indicaría que la mejora alcanzó a distintos sectores de la población en situación de pobreza y no solamente a quienes estaban próximos a salir de ella (es decir, quienes pueden considerarse vulnerables, dado que van entrando y saliendo de esa condición en función de los vaivenes del ciclo económico).
El peso de la política salarial
El aumento del empleo y de los salarios reales, especialmente a partir de los ajustes que priorizaron a los trabajadores de menores ingresos –dado el diseño de los lineamientos para la ronda de negociación colectiva actual–, aparece como uno de los principales factores detrás de la caída de la pobreza en Uruguay, según los expertos.
Para Brum, la reducción de la pobreza se explica principalmente por la evolución de los ingresos laborales, en una combinación de aumentos salariales nominales (más altos en el caso de los salarios más sumergidos) y una inflación menor a la esperada (que en marzo llegó a caer incluso por debajo del piso del rango de tolerancia del Banco Central del Uruguay, BCU). En ese sentido, el economista estimó que aproximadamente dos tercios de la caída obedece al incremento de los ingresos reales provenientes del trabajo.
En particular, destacó la última ronda de negociación colectiva, en la que se establecieron aumentos salariales diferenciales que favorecieron a los trabajadores de menores ingresos. A esto se sumó una inflación más baja de lo previsto, que permitió que los ajustes salariales se tradujeran en una mayor capacidad de compra. “Como la inflación estuvo por debajo de lo que se esperaba, los aumentos salariales influyeron más en términos de capacidad de poder de compra”, explicó. Sobre esto, es importante destacar que es la “sorpresa inflacionaria” lo más relevante, incluso más que el descenso del indicador mismo (ya que es eso lo que genera el salto mayor al previsto en el poder de compra).
Aboal, quien cuenta con un doctorado en Economía por la Universidad de Essex, también ubicó la evolución del empleo y del poder adquisitivo como factores centrales para entender el comportamiento de la pobreza, aunque puso el foco en su evolución durante los últimos años. Según detalló, la tasa de empleo pasó de 56% en 2021 a 59,7% en 2025, mientras que el índice de salario real aumentó algo más de 8% entre diciembre de 2021 y diciembre de 2025. “Estas tendencias de mediano plazo ayudan a entender la reducción de la pobreza. Los ingresos laborales son un motor fundamental y el empleo también”, sostuvo. Conseguir un empleo, aumentar las horas trabajadas o mejorar la remuneración puede modificar sustancialmente la situación de un hogar frente a la línea de pobreza, señaló.
El papel del Ejecutivo
Los economistas difirieron en su evaluación sobre cuánto de la reducción puede atribuirse a las decisiones del gobierno actual. Para Brum, el resultado responde en buena medida a las políticas implementadas por la administración, en particular en el marco de la negociación salarial y el control de la inflación. “Yo diría que es 80% el logro del gobierno, 20% hechos fortuitos”, afirmó. En su explicación incluyó la actuación del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS)y el BCU.
Cerro de Montevideo. (archivo 2020)
Foto: Ernesto Ryan
En esa línea, el especialista destacó el papel de los ministros Gabriel Oddone (MEF) y Juan Castillo (MTSS), así como del subsecretario de Economía, Martín Vallcorba, y de la directora nacional de Trabajo, Marcela Barrios. “Ellos son los que terminan negociando los incrementos salariales que dan aumentos sustantivos, y ahí entra también la política del gobierno en sentido más amplio, que es básicamente el desempeño de [el expresidente del BCU, Diego) Labat y de [Guillermo] Tolosa, quien actualmente está al frente de la política monetaria, que lograron moderar la inflación”, agregó.
También reconoció que, desde el lado “fortuito”, la caída internacional del dólar contribuyó a moderar la inflación, aunque consideró que la política monetaria aprovechó ese contexto para consolidar la desaceleración de los precios. “Por tanto, para mí es un logro del gobierno”, remarcó.
Mientras tanto, Aboal fue más cauto al establecer una relación causal entre las políticas públicas y la evolución del indicador. “Es un resultado positivo observado durante esta administración, pero el dato de pobreza por sí solo no permite atribuirle la reducción ni identificar cuánto corresponde a una medida concreta”, planteó. Sobre esto, el académico recordó que la tendencia descendente comenzó antes del actual gobierno y sostuvo que, para determinar la contribución de cada política, sería necesario estudiar qué ingresos aumentaron, en qué hogares y en qué momento comenzaron a operar las distintas medidas. “Una evolución favorable es evidencia de una mejora; demostrar su causa exige un análisis adicional que no está disponible”, agregó.
El peso de las transferencias sociales
En cuanto a las políticas sociales, Brum consideró que tuvieron un peso menor en la reducción registrada durante este semestre. Mencionó el aumento del Bono Crianza como una posible contribución, especialmente en la disminución de la indigencia (dado que este instrumento se orienta en la dirección de los hogares más vulnerables). Consultado sobre el impacto de las nuevas medidas en materia de primera infancia, aclaró que las nuevas transferencias anunciadas por el gobierno comenzarán a aplicarse en enero de 2027.
En la misma línea, Aboal también consideró que las prestaciones cumplen un “papel complementario” frente al peso de los ingresos laborales. Como referencia, citó estimaciones –correspondientes al período 2019-2021– que indican que las prestaciones regulares de Asignaciones Familiares y la Tarjeta Uruguay Social reducían la incidencia de la pobreza en alrededor de dos puntos porcentuales, de acuerdo con la metodología anterior. “Las transferencias son el factor relevante para explicar la tendencia de mediano plazo observada”, reafirmó.
Los desafíos para sostener la mejora
Uno de los datos que destacó Brum fue la mayor reducción de la pobreza entre los hogares con niños. Según indicó, la caída entre los menores de 6 años fue de aproximadamente siete puntos porcentuales. También señaló diferencias territoriales: la pobreza descendió alrededor de 4,3 puntos en Montevideo y dos en el interior.
Para el economista, estos resultados constituyen una señal positiva, aunque persisten desafíos para llegar a los hogares que enfrentan mayores dificultades para acceder al empleo. A medida que mejora el mercado laboral, es esperable que primero salgan de la pobreza quienes tienen mejores condiciones para conseguir trabajo, mientras que los hogares más vulnerables requieren instrumentos adicionales, explicó. Por eso, consideró necesario combinar un mercado de trabajo dinámico, una negociación salarial que priorice los ingresos más bajos y políticas de transferencias que permitan sostener la mejora.
En ese sentido, advirtió que el principal desafío para mantener estos resultados es la desaceleración de la economía uruguaya. “Hay indicadores de actividad que están mostrando algunas señales de deterioro”, afirmó, y remarcó que es necesario que las políticas sociales complementen los avances derivados del empleo.
Respecto de los próximos meses, Brum dijo que es posible que la pobreza continúe bajando, aunque no necesariamente al mismo ritmo que en el primer semestre. También sostuvo que las nuevas transferencias previstas para 2027 podrían contribuir a una reducción adicional.
Mientras tanto, Aboal coincidió en que el principal desafío es lograr que la mejora económica llegue de forma sostenida a los hogares con niños. Para eso, sostuvo, se necesitan empleos estables, formales y bien remunerados, además de prestaciones sociales suficientes y políticas de cuidados, educación, salud y vivienda. “La continuidad de la mejora dependerá especialmente de que el crecimiento económico se traduzca en empleo y mayores ingresos reales para los hogares de menores recursos, acompañado por una protección social que reduzca su vulnerabilidad”, agregó.
Ambos economistas señalaron que una reducción de la pobreza medida por ingresos no implica necesariamente una mejora equivalente en todas las condiciones de vida. Un hogar puede superar la línea de pobreza y continuar viviendo en una vivienda precaria, con hacinamiento o dificultades de acceso a servicios y oportunidades educativas. Con esto refieren al carácter multidimensional del fenómeno, que desde hace algunos años también es capturado por las mediciones oficiales del INE.
No obstante, Brum destacó que es una “buena señal” que haya bajado la pobreza monetaria, porque eso implica que “la gente probablemente tenga más plata para poder hacer otras cosas en su vida y mejorar la pobreza estructural”.
En este sentido, Aboal remarcó que superar esas carencias requiere políticas e inversiones sostenidas durante varios años. La mejora de los ingresos es “valiosa”, pero para que la reducción de la pobreza se consolide es necesario que el crecimiento económico se traduzca en mejores oportunidades y condiciones de vida para los hogares de menores recursos.
“Hay que combinar empleo e ingresos laborales con prestaciones suficientes, servicios de cuidados, educación, salud y vivienda. Los cuidados, además, pueden facilitar que los adultos responsables de esos niños accedan al empleo y lo sostengan. El objetivo debería ser que las familias puedan mantenerse por encima de la línea de pobreza y que sus hijos tengan mejores oportunidades de desarrollo, para quebrar el ciclo de reproducción de la pobreza. Una mejora de ingresos puede ser rápida; superar las desventajas acumuladas en la infancia exige continuidad”, concluyó Aboal.
