El objetivo de esta columna es analizar la trayectoria reciente del dólar en siete economías latinoamericanas que han adoptado sistemas de flotación cambiaria razonablemente pura y regímenes de objetivos de inflación como el nuestro.1
El análisis evidencia, por un lado, que el peso uruguayo fue la moneda que menos se apreció y la segunda con menor volatilidad. Por el otro, y a partir de la evidencia comparada, el análisis busca establecer hipótesis plausibles sobre en qué medida la evolución del tipo de cambio ha respondido a la consolidación de las expectativas de inflación compatibles con las metas del Banco Central del Uruguay (BCU).
Apreciaciones generalizadas, pero de distinta magnitud
Entre enero de 2025 y agosto de 2026 el dólar estadounidense se debilitó a nivel global. En este marco, un gran número de monedas latinoamericanas se apreciaron, aunque en distintas magnitudes. En ese sentido, el índice DXY,2 que mide la cotización del dólar frente a una canasta amplia de monedas –ponderada por el peso que tienen en el comercio exterior–, cayó 7,6%. No obstante, al considerar la evolución promedio entre los países de la región, se observa que las monedas consideradas se apreciaron más de 15% (cuadro 1). Como se aprecia, el menor retroceso del tipo de cambio fue el de Uruguay, con una caída de 7,9% en el período considerado. Esta variación está en línea con la trayectoria global del dólar (7,6%), pero es más de la mitad de la observada en el resto de los países de la región (15,5%), como se observa en el gráfico.
Cuadro 1
En ese sentido, las monedas que más se apreciaron fueron la de Colombia (27,1%) y la de Paraguay (24,25%). En una posición intermedia quedan el real brasileño (14,5%) y el peso mexicano (16,8%), que, por cierto, tienen una ponderación más alta que el resto de los países considerados en la estimación del promedio regional. De esta manera, en la medida en que el resto de las monedas regionales se fortalecieron más que la media global (medida a partir del índice DXY), parece razonable conjeturar que en los vaivenes cambiarios operaron con intensidad factores específicos de cada país.
Disparidades notorias en la volatilidad cambiaria
Por otro lado, el cuadro 2 presenta las estimaciones de las desviaciones estándar de las variaciones diarias del tipo de cambio de cada país. En breve, este indicador proporciona información sobre la volatilidad que tienen las monedas en el corto plazo y revela que los niveles de volatilidad observados en Uruguay (0,33) y Perú (0,32) son significativamente inferiores con relación al resto; en promedio, esta medición se situó en torno a 0,57 para las siete economías consideradas.
Sobre esto, debe tenerse en cuenta que el período analizado incluye dos episodios que incrementaron la incertidumbre en los mercados mundiales. El primero fue el anuncio sobre la imposición generalizada de aranceles por parte de la administración de Donald Trump, que tuvo lugar el 2 de abril de 2025 y se conoció como el “Liberation Day”. El segundo fue el estallido del conflicto en Medio Oriente en marzo de este año. El FMI identificó la energía, el comercio y los mercados financieros como sus principales canales de transmisión, con efectos que varían según la exposición de cada economía.
Cuadro 2
Sobre esto, el cuadro 3 muestra, para cada uno de los países, la volatilidad del tipo de cambio durante estos dos shocks y también la magnitud de la suba del dólar. En ambos episodios, la volatilidad en Uruguay fue inferior a la media regional: 0,62 frente a 0,82 en abril de 2025 (escalada arancelaria) y 0,59 frente a 0,76 en marzo de 2026 (Medio Oriente).
Cuadro 3
En efecto, ambas perturbaciones externas provocaron una suba de la cotización del dólar en todos los países considerados, pero en Uruguay el comportamiento fue distinto al observado en el resto de los países. Ante el anuncio arancelario de Trump, el tipo de cambio aumentó 1,0% en Uruguay, menos que el promedio regional (2,1%). Ante la guerra, sin embargo, ocurrió lo contrario, dado que la cotización en nuestro país aumentó 3,4%, casi el doble con respecto al promedio regional (1,9%).
¿Cómo se explican estas diferencias entre Uruguay y la región?
Los movimientos del tipo de cambio siempre constituyen una fuente de controversia entre analistas macroeconómicos y financieros. Entre las razones que explican este tipo de fenómenos suele mencionarse factores internos y externos, cuyo análisis permite comprender el funcionamiento de los mercados de cambios domésticos y el papel que desempeñan las políticas monetarias como amortiguadores o amplificadores de acontecimientos externos de gran magnitud.
En el período analizado, una cantidad relevante de monedas de la región se enfrentó al mismo contexto global, marcado por la debilidad del dólar, aunque las repercusiones tuvieron intensidades muy distintas en cada caso. La comparación regional sugiere que factores internos, como la política monetaria, contribuyeron para explicar las diferencias en el comportamiento de los mercados cambiarios regionales.
Durante 2025, el debilitamiento global del dólar (capturado a partir de la caída del índice DXY) y los diferenciales de las tasas de interés atrajeron capitales hacia la región. En Uruguay, con una tasa de política monetaria de 9,25% vigente a mediados de año, los activos en pesos resultaban atractivos para los inversores. Sin embargo, a medida que la tasa de inflación se fue situando en niveles compatibles con las metas de la autoridad monetaria (e incluso por debajo de estas), el BCU recortó la tasa de referencia en 350 puntos básicos entre julio de 2025 y marzo de 2026 (hasta dejarla en 5,75%). Esta reducción, que supone una política monetaria más expansiva, fue posible gracias a que las expectativas de inflación se mantuvieron ancladas en torno a la meta del BCU (4,5%). No obstante, el recorte de la tasa de política monetaria redujo considerablemente el diferencial de tasas de interés.
Posteriormente, en marzo de este año, volvió a aumentar la incertidumbre mundial, generando una salida de capitales desde la región hacia activos más seguros. Y en este caso, el menor diferencial de tasas de Uruguay contribuyó a que el dólar se alineara con la tendencia internacional.
En síntesis
La evidencia para el período analizado confirma que el peso uruguayo presentó una apreciación cercana a la mitad del promedio regional, alineada con el debilitamiento global del dólar. Este comportamiento fue posible gracias a la convergencia de las expectativas de inflación hacia la meta del BCU, que habilitó sucesivos recortes de la tasa de política monetaria. Estos recortes comprimieron el diferencial de tasas de interés y acoplaron la moneda local a la dinámica de los flujos globales.
Referencias
- “El impacto de la guerra en Oriente Medio en la energía, el comercio y las finanzas”. FMI, marzo de 2026.
- Informe sobre la estabilidad financiera: “Los mercados financieros mundiales ante la guerra en Oriente Medio y los riesgos de amplificación”. FMI, abril de 2026.
Felipe Palermo y Federico Riella, equipo de Análisis Macroeconómico del Cinve.
