El 26 de enero el reconocido innovator de Silicon Valley Peter Thiel dio una polémica conferencia en el Colegio de Francia. En ese emblemático recinto de la educación superior francesa, donde alguna vez fueron conferencistas figuras como Michel Foucault y Pierre Bourdieu, el dueño de la empresa Palantir habló sobre el pasado de la humanidad y su porvenir.

Tras presentarse a sí mismo como “un cristiano ortodoxo moderado y un humilde liberal clásico”, Thiel declaró a su público que le preocupa el Anticristo, una figura que, a pesar de su origen medieval, afirmó, resulta apropiada para interpretar el presente, que se parece al Apocalipsis anticipado en la Biblia. Thiel sostiene que, “entre 1750 y 1970 aproximadamente, se produjo una increíble explosión de la ciencia y la tecnología, que estuvieron a la altura de la gran concepción que tenían de sí mismas”, pero que actualmente asistimos a “un increíble declive con respecto al inicio de la modernidad”. La ciencia avanza menos rápido de lo deseado, y aunque no se han estancado, las tecnologías han sido puestas bajo sospecha por una especie de coalición antitecnológica formada por los ambientalistas, algunos científicos farsantes que publican con datos fraguados, las humanidades (“las ciencias humanas son claramente malas”, afirmó) y Hollywood (que “solo cuenta historias antitecnológicas, argumento clave para los conservadores sociales a los que no les gusta la tecnología”).

El Anticristo de los tiempos actuales sería una especie de síntesis maligna de todas estas fuerzas que amenazan bloquear el progreso de Occidente, coronada por “un gobierno mundial totalitario de un solo Estado”, suma absoluta de todos los males y temido desemboque de los malestares del presente.1

El 14 de febrero, la socióloga australiana Melinda Cooper publicó una nota en una revista de política y cultura con el título “Epstein Family Values”.2 El texto de Cooper empieza así: “Entre las características más extrañas de la extrema derecha estadounidense contemporánea está la aparición de los ‘padres primordiales’: patriarcas del Antiguo Testamento que aspiran a engendrar no solo una familia, sino una raza. Elon Musk es el más conocido de estos Abrahames aspiracionales, aunque no es ni mucho menos el único. Un extenso reportaje de The Wall Street Journal documentó el deseo de Musk de engendrar lo que él llama una ‘legión’ de hijos que salvarían a la humanidad del colapso demográfico y portarían sus genes superiores hacia un futuro lejano. Un cohete de Space X está listo para transportar su semilla más allá de la Tierra, en un proceso similar a la panspermia inversa, la teoría según la cual la vida orgánica llegó a nuestro planeta a través del polvo espacial”.

El artículo explica, luego, una forma de pensamiento muy difundida en Silicon Valley que Cooper llama “la seudociencia del transhumanismo”, y que, entre otras cosas, “busca no solo preservar la herencia genética blanca, sino resucitarla sobre cimientos recién santificados”.

La autora agrega: “Se cree que Musk tiene al menos 14 hijos con cuatro mujeres, cuyos asuntos legales y financieros están en parte gestionados por Jared Birchall, el director de su oficina familiar. ‘Necesitaremos usar vientres de alquiler’, le escribió Musk, para ‘alcanzar la escala de una legión antes del apocalipsis’. En preparación para esta ampliación de operaciones, ha adquirido un complejo multirresidencial en Austin, Texas”.

14 días después de publicado el artículo de Cooper, el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron por sorpresa la República Islámica de Irán, bombardearon Teherán y asesinaron al líder Alí Jamenei. Casi un mes después, la guerra contra Irán causó miles de muertos de varios países, hizo volar por los aires lo poco que quedaba en pie del derecho internacional tras el genocidio de Gaza, puso en tensión las alianzas militares de Estados Unidos en Europa y Medio Oriente, acorraló a la economía mundial con una suba vertiginosa del precio del petróleo y dejó expuesto, con obscenidad, el grado de hundimiento de las democracias occidentales, incapaces de evitar todo lo anterior. La mayoría de los comentaristas declaran que no es posible hacer conjeturas sobre cuándo terminará la guerra, porque no está claro cuáles son los objetivos de los atacantes. El nombre que da el Pentágono a esta guerra es “Furia Épica”.

¿Qué tienen en común estos tres episodios? Para empezar, algunos personajes se repiten y entrecruzan. Peter Thiel y Elon Musk, dos conocidos miembros de las listas de superricos que publican regularmente algunos medios especializados, fueron socios fundadores de Paypal, y a pesar de sus peleas personales, han sido inversores cruzados en sus respectivos megaemprendimientos tecnológicos. Ambos representan el giro ideológico conservador de Silicon Valley, fueron donantes superlativos durante la campaña de Donald Trump de 2024 y se los suele considerar responsables de la presencia del actual vicepresidente JD Vance en la fórmula ganadora.

Elon Musk (archivo, enero de 2025)

Elon Musk (archivo, enero de 2025)

Foto: AFP

Ambos, además, estuvieron o están involucrados con los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Las herramientas de Palantir (incluyendo su plataforma de inteligencia artificial) fueron empleadas por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) para apoyar las operaciones militares en Gaza en 2023, y en 2024 la empresa firmó un “acuerdo estratégico” con el gobierno de Israel. Por su parte, Musk vende desde hace mucho tiempo al gobierno de Estados Unidos servicios de transporte espacial y lanzamientos militares (Space X) y de conectividad satelital para operaciones militares e inteligencia (Starlink/Starshield). Durante 2025, Musk fue, además, funcionario del gobierno de Donald Trump, como director del Departamento de Eficiencia Gubernamental, paradójicamente encargado de recortar el número de funcionarios y los contratos públicos.

Sin embargo, las semejanzas que más importa señalar en esta nota van más allá de los personajes. Tanto la brumosa filosofía tecno-religiosa de Thiel como la política reproductiva (si cabe llamarla así) supremacista de Musk comparten, además del aceleracionismo apocalíptico y una retórica lindante con el delirio, una visión del futuro que reposa en una cierta visión del pasado. En particular, en una cierta historia económica del mundo.

Una historia económica del mundo en la que, en primer lugar, el “mundo” es Occidente, y en segundo lugar “Occidente” es una entidad esencial, un agente histórico real, en vez de un constructo intelectual del imperialismo europeo del siglo XIX. Un artefacto ideológico ensamblado, pulido y vendido en el siglo XIX para dividir al mundo en dos: los civilizados y los incivilizados, los blancos y los no blancos, ustedes y nosotros. “The West and the Rest”, como le llamó (sin ningún acento irónico) el reconocido historiador económico Angus Maddison al publicar, a principios del siglo XXI, una célebre e influyente visión de la historia económica mundial en perspectiva comparada que todavía hoy seguimos usando en la enseñanza de la historia económica.3

Una historia económica del mundo en la que el progreso tecnológico y la prosperidad surgieron como una flecha luminosa de la acumulación de instituciones, contextos culturales e “Ilustraciones” que (¡increíblemente!) solo ocurrieron en Europa. Así lo han argumentado varios premios Nobel en Economía, como Douglas North (1994), Acemoğlu, Johnson y Robinson (2024) y Joel Mokyr (2025). Una flecha luminosa que viaja en una única dirección: hacia adelante y hacia lo alto; sin costos ambientales, ni sociales y, especialmente, sin costos políticos ni éticos de ningún tipo.

Una historia económica del mundo, en definitiva, producida para exaltar el crecimiento económico moderno, el capitalismo industrial (eventualmente mejorado con un Estado de bienestar), el incremento de la productividad y la mejora del bienestar, aproximado este a través de indicadores monetarios como el PIB per cápita y el salario real, o físicos, como la esperanza de vida al nacer y la estatura. Se trata de un relato, unos conceptos y unos instrumentos analíticos producidos en contextos intelectuales y políticos que, si ya eran limitados y discutibles cuando surgieron, hoy se han vuelto radicalmente anacrónicos.

Los historiadores no saben si el mundo va a terminar tan mal y tan pronto como sospechan Thiel y Musk y como a diario nos hace creer la Furia Épica del Pentágono. Por ahora, lo que parecería estar terminando con gran rapidez es la ilusión (de raíz profundamente “occidental”) de que el progreso tecnológico, el capitalismo industrial y la democracia son los materiales para fabricar la próxima utopía. A diferencia del Anticristo, que en la mitología de Thiel sería un eterno universal, la historia se reescribe con cada presente. Para quienes no vamos a volar a Marte cuando llegue el apocalipsis, es urgente dar vuelta la página.

¿A quién le importa?

Este artículo surge en el marco de la iniciativa ¿A quién le importa?, el video-podcast del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, creado con el propósito de difundir las actividades, experiencias e investigaciones realizadas por sus docentes y reconocer las trayectorias relevantes de la disciplina en Uruguay.

La primera temporada se lanzó en marzo, Mes de la Mujer, y está íntegramente protagonizada por mujeres, como parte del compromiso institucional de reconocer, difundir y valorizar su papel en la vida académica y en la construcción de conocimiento. La elección no es únicamente un gesto simbólico, sino que representa la convicción de que la producción de conocimiento y la práctica profesional en economía deben visibilizar el aporte de las mujeres que investigan, enseñan, participan en proyectos y contribuyen al análisis de problemas nacionales.

Escuchá el quinto episodio “De dónde viene el presente – María Inés Moraes”

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  1. La transcripción completa de la conferencia de Thiel puede verse en: legrandcontinent.eu/es/2026/01/27/peter-thiel-en-la-academia-francesa-notas-completas-y-comentarios-criticos 

  2. Melinda Cooper: Epstein Family Values. The billionaire patriarchs of the American far-right want to rule an economy of masters and servants. Equator, 14.02.2026. 

  3. Maddison, Angus (2008). “The West and the Rest in the World Economy: 1000-2030. The World Economy, 9: 75-100.