Si quien está leyendo esta nota tuviera que decidir cómo asignar transferencias monetarias entre dos potenciales beneficiarias de una política pública que viven circunstancias distintas y, por lo tanto, tienen ingresos diferentes, ¿qué haría? ¿Cambiaría su decisión si esas diferencias de ingresos también fueran resultado del esfuerzo que cada una dedica a buscar empleo? ¿Y si este menor esfuerzo está determinado por una situación desventajosa? Estas son las preguntas centrales de un proyecto de investigación en el que venimos trabajando, que busca aportar a la discusión sobre cómo las personas forman sus preferencias por la redistribución y su apoyo a determinadas políticas públicas.1
Para poder contestar estas preguntas, indagamos qué pensaban sobre esto muchas personas. En concreto, realizamos un cuestionario experimental (en economía también hacemos experimentos) durante 2025 en el que preguntamos directamente qué harían en estos distintos escenarios. La muestra incluyó una amplia variedad de grupos y edades, desde estudiantes universitarios hasta personas reclutadas a través de redes sociales. Al igual que quien está leyendo esta nota, quienes respondieron la encuesta tenían que asignar una transferencia entre dos personas con idénticas características, pero que diferían en una circunstancia que hacía que la persona en peor situación tuviera menores ingresos que la otra.
En ese sentido, consideramos cuatro tipos de circunstancias: (i) haber nacido en un hogar pobre; (ii) haber nacido con una discapacidad física; (iii) haberse formado, por decisión familiar, en un oficio que quedó obsoleto en el mercado laboral; (iv) enfrentar un shock proveniente de una crisis económica. Las personas respondieron una secuencia de cuatro preguntas y para cada una debían dividir un monto total entre dos beneficiarias que diferían en cada una de estas circunstancias. Esa división nos permite medir cuánto están dispuestas a compensar situaciones de partida desiguales.
A continuación, el espóiler de lo que las personas encuestadas piensan: lo que encontramos es que la mayoría está dispuesta a compensar de alguna forma los efectos de circunstancias desfavorables, pero de manera distinta. Cerca del 40% valora todas las circunstancias por igual y divide la transferencia de la misma manera, independientemente del origen de la desventaja. Sin embargo, entre el 60% que sí distingue entre circunstancias, la compensación es mayor cuando la desventaja proviene de una discapacidad física y menor cuando se debe a una crisis económica o a decisiones familiares. Por ejemplo, en el caso de la discapacidad, alrededor del 60% divide el monto de forma tal que, luego de la transferencia, desaparece la desigualdad o incluso deja a la persona que inicialmente estaba peor ubicada con mayores ingresos. En las otras circunstancias, el porcentaje que compensa completamente la desigualdad es menor y ronda entre el 40% y el 50%.
¿Qué ocurre cuando, además de la circunstancia inicial, se introduce la cuestión del esfuerzo? Para analizarlo, asignamos al azar a las personas encuestadas en distintos grupos. A algunas se les informó que la persona en situación desfavorable se había esforzado menos en buscar trabajo debido a esa circunstancia. Teóricamente, esto podría generar dos resultados opuestos: (1) una mayor compensación a la persona en una circunstancia desfavorable, ya que el menor esfuerzo se debió a una situación externa (por ejemplo, la persona dejó de buscar trabajo porque, por su situación de discapacidad física, previamente le fue difícil encontrar trabajo); o (2) una menor compensación si se considera que la persona era igualmente responsable por ese menor esfuerzo.
Si quien está leyendo quiere pensar qué haría, tómese un minuto y luego siga leyendo para ver los resultados. Lo que encontramos es que la mayoría de las personas contesta de acuerdo a la opción 2: el menor esfuerzo es penalizado. En comparación con quienes no recibieron información sobre el esfuerzo realizado, quienes supieron que la persona se había esforzado menos debido a la circunstancia asignaron transferencias más bajas.
Si bien una lectura de lo anterior podría ser que las personas penalizan el no esforzarse, independientemente de las circunstancias, también puede ocurrir que el solo hecho de introducir el tema del esfuerzo modifique la forma en que pensamos la redistribución. Es decir, el hecho de que en las narrativas sobre las desigualdades se introduzca el tema del esfuerzo podría modificar cómo contestamos este tipo de preguntas. De hecho, esto es lo que encontramos.
¿Cómo hicimos para notar que el discurso meritocrático podría tener relevancia a la hora de tomar decisiones? Incorporamos un tercer grupo, también de forma aleatoria. En este tercer caso, antes de presentarles las distintas circunstancias, les pedimos que dividieran una transferencia entre dos beneficiarias, una que se esforzaba y otra que no. Luego les planteamos las mismas preguntas sobre circunstancias, pero sin volver a mencionar el esfuerzo.
Al comparar a quienes respondieron las preguntas sobre circunstancias sin que en ningún momento se mencionara el esfuerzo con quienes también respondieron lo mismo, pero que previamente habían sido expuestos a la idea de que los resultados se derivan del esfuerzo, encontramos una diferencia relevante: el segundo grupo asigna, en promedio, menores transferencias a la persona en desventaja. Esto quiere decir que los discursos meritocráticos pueden afectar la forma en que las personas perciben el rol de la política pública y la redistribución. En el contexto de este trabajo, implica compensar menos las circunstancias que están fuera de control y premiar el esfuerzo.
Para ser más clara, y a modo de resumen, encontramos que las personas valoran de forma distinta las circunstancias y, en consecuencia, su apoyo a distintas políticas puede ser diferente. Asimismo, los discursos meritocráticos que resaltan el esfuerzo como fuente de la desigualdad tienen consecuencias en cómo las personas apoyan luego la redistribución. Comprender cómo se construyen y transmiten esos discursos, y cómo son recibidos, resulta clave para entender el apoyo social a distintas políticas.
Este proyecto forma parte de una línea de investigación más amplia en la que se viene trabajando en el Instituto de Economía desde hace varios años, y más recientemente desde el Instituto de Justicia Social y Desigualdades de la Universidad de la República. Analizar cuánto apoyan las personas las políticas de transferencias o impositivas, y cuál es su visión sobre pobreza, desigualdad y redistribución, permite entender por qué algunas políticas son más aceptadas que otras y qué factores pueden modificar esas preferencias.
¿A quién le importa?
Este artículo surge en el marco de la iniciativa ¿A quién le importa?, el video-podcast del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República. Fue creado con el propósito de difundir las actividades, las experiencias y las investigaciones realizadas por sus docentes y reconocer las trayectorias relevantes de la disciplina en Uruguay.
La primera temporada está íntegramente protagonizada por mujeres y el lanzamiento está previsto para marzo de 2026, en el mes de la mujer, como parte del compromiso institucional de reconocer, difundir y valorizar su papel en la vida académica y en la construcción de conocimiento. La elección no es únicamente un gesto simbólico, sino que representa la convicción de que la producción de conocimiento y la práctica profesional en economía debe visibilizar el aporte de las mujeres que investigan, enseñan, participan en proyectos y contribuyen al análisis de problemas nacionales.
Escuchá el segundo episodio, “¿Quién define el valor del esfuerzo? – Elisa Failache”.
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El proyecto de investigación es desarrollado por Elisa Failache, Martín Leites, Mariana Rodríguez, Xavier Ramos y Gonzalo Salas, y obtuvo financiamiento del programa I+D de la CSIC-Udelar. En las próximas semanas tendremos disponible un documento de trabajo con los principales resultados. ↩