Un estudio reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)1 cuantificó las diferencias en las chances de ascender socialmente entre hombres y mujeres, analizando las variaciones en la probabilidad que tienen ambos grupos de moverse del primer al último quintil de ingresos a lo largo de su vida. Concretamente, estima la probabilidad de que las mujeres cuyos padres tienen niveles educativos bajos y nacieron en un hogar pobre mejoren sus condiciones de vida con relación a la de los hombres. De esta manera, el gráfico compara qué tan probable es que eso ocurra para un espectro amplio de países.

La línea vertical roja en 1 marca lo que sería una situación de igualdad, es decir, que ambos grupos (hombres y mujeres) cuentan con la misma probabilidad de ascender socialmente. Los valores que están por debajo de 1, que son todos a excepción del correspondiente a Portugal, indican que las mujeres cuentan con menor chance de lograrlo, destacando los casos de Alemania, Estonia, Letonia y Finlandia. En contraposición, en Portugal la dinámica asociada a la movilidad ascendente favorece más a la mujer, aunque la diferencia es marginal.

Sobre el fenómeno de la movilidad

La movilidad social intergeneracional refiere a la posibilidad de que los hijos puedan alcanzar mayores estándares de vida que sus padres. Bajo esta lógica, se habla de movilidad ascendente cuando las perspectivas vitales mejoran intergeneracionalmente. En ese sentido, la movilidad social constituye un fenómeno fundamental para el estudio de las sociedades, ya que mide las oportunidades de progresar para las personas que nacen en hogares de menores recursos.

Por tanto, la ausencia de movilidad representa una problemática sustantiva, en la medida en que refleja la ausencia de oportunidades y las condicionantes que restringen la posibilidad de progresar de las personas asociada a factores que les son ajenos. Naturalmente, esta incapacidad para igualar las condiciones de base erosiona la legitimidad del sistema democrático. Un sistema que reproduce desigualdades y genera trampas de pobreza eventualmente verá mermado su apoyo, algo que ya está emergiendo con más claridad en muchos relevamientos a nivel global.

Cuando en la sociedad se consolidan estas trampas, los niños y niñas que nacen en hogares pobres quedan condenados a convertirse en adultos pobres, dado que carecen de posibilidades de desarrollo y no cuentan con el capital social ni con las redes que les permitirían torcer sus chances de progreso (que están ancladas a su accidente de nacimiento, es decir, a un hecho contingente ajeno a méritos y esfuerzos).

La movilidad social para las mujeres

El menor nivel de oportunidades (en relación con los padres) en el caso de las mujeres, que es lo que el gráfico pretende plasmar, constituye un indicador adicional que captura las disparidades y brechas estructurales entre hombres y mujeres. En su reciente investigación, la OCDE reconoce que se trata de un fenómeno más fácil de medir que de explicar, por lo que no ahonda en profundidad sobre sus causas subyacentes.

Brechas salariales

No obstante, existe una amplia literatura académica que ha intentado aportar explicaciones sobre las dimensiones que están detrás de este fenómeno. En ese sentido, diversas investigaciones han destacado, entre otros factores, la persistencia de brechas salariales entre hombres y mujeres, incluso cuando trabajan en un mismo sector de actividad y realizan tareas similares. En el caso de los países de la OCDE, el estudio indica que, para un mismo nivel educativo y puesto/tarea, la brecha de género es, en promedio, de 10% (llegando a representar casi 30% en algunos países, como Corea del Sur).

En el caso uruguayo, un informe recientemente divulgado por el Ministerio de Salud Pública2 ofrece una mirada sobre esta problemática dentro de un sector que se caracteriza por contar con niveles de educación comparativamente elevados. En ese sentido, el informe encuentra que la brecha salarial ajustada por las horas trabajadas fue, en promedio, de 43% entre los cargos de dirección y jefaturas, 37% en las especialidades anestésico quirúrgicas, y 16% entre los profesionales de técnicas médicas. Esa brecha fue menor en los grupos de administración, servicios y oficios (11%), especialidades médicas (9%), entre auxiliares de enfermería (4%) y en las especialidades básicas (1%).

La carga de desigualdad de los cuidados

Asociado con la problemática salarial, otro factor relevante para entender las complejidades adicionales que enfrentan las mujeres desde el punto de vista de la movilidad social refiere a la carga desproporcionada que supone el reparto de las tareas de cuidado. En efecto, las mujeres realizan la mayor proporción de las tareas de cuidados en la sociedad, ya sea el cuidado de sus propios hijos como el de padres u otros familiares (menores o mayores de edad), un fenómeno que limita sus oportunidades y erosiona las condiciones de acceso al mercado laboral.

Esto refiere al hecho de que las mujeres sufren una “penalidad”3 por el hecho de ser madres, debido a que su carga horaria se ve reducida no solo durante los nueve meses de embarazo, sino hasta durante los diez años posteriores, ya que no todas las madres se reincorporan en horario completo a sus trabajos y por lo general dedican un mayor número de horas al cuidado y crianza de sus hijos que los padres.

Joaquín Pascal, Centro de Estudios Etcétera.


  1. Orsetta Causa, Maxime Nguyen y Tomomi Tanaka (2025). Intergenerational social mobility across OECD countries: Does the apple fall far from the tree? OECD Economics Department Working Papers, 1858. 

  2. El mercado laboral de salud desde una perspectiva de género (2025). Ministerio de Salud Pública. 

  3. Goldin, C, Kerr, S y Olivetti, C (2022). When the kids grow up: women’s employment and earnings across the family cycle (Nº w30323). National Bureau of Economic Research; La trampa de la maternidad, la diaria; Desigualdades de género en la ciencia: ¿a quién le importan?, la diaria