Según informó el Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación se aceleró durante mayo, en línea con lo esperado a raíz del ajuste de los combustibles. En ese sentido, la variación mensual (0,7%) estuvo apuntalada principalmente por la división que nuclea a los precios del transporte, que en este caso explica casi la mitad de la variación mensual total del índice.
Concretamente, el aumento de la división Transporte fue de 2,9%, producto del incremento del precio del gasoil (14%), la nafta (7%) y el transporte de pasajeros con chofer (1,6%).
Además del rubro Transporte, la dinámica mensual de los precios se explicó por el aumento de los Alimentos y las bebidas no alcohólicas (0,6%) y por el incremento registrado en la órbita de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (0,7%). En el primer caso, destacan el aumento de la carne y otros productos derivados (0,8%), el de la leche y otros lácteos (0,5%) y el de las verduras y legumbres (4,1%), que más que compensaron el retroceso de los precios de las frutas (-4,2%). En el segundo caso, por su parte, el aumento estuvo impulsado por los tributos domiciliarios (2,2%) y por el precio de la recarga de supergás (7%).
Sobre la dinámica interanual
Con relación a mayo de 2025, el aumento de los precios se situó próximo al 3,8%, lo que implica una aceleración de la inflación de seis décimas (3,2% había sido el registro de abril).
La desagregación de la información evidencia que la dinámica de los precios sigue siendo muy asimétrica entre el componente transable de la inflación y el componente no transable, en línea con lo que ha venido sucediendo en los últimos años.
Concretamente, la inflación transable (que recoge la dinámica de los productos que se ve afectada por las variaciones del dólar y de los precios internacionales) aumentó apenas 1,7% en términos interanuales, en tanto que la no transable (que mide la evolución de los precios de los productos producidos y consumidos a nivel doméstico) se incrementó en 5,8%.
Por otra parte, la inflación subyacente aumentó 3,9%, levemente por encima de la medición global (3,8%). Cabe recordar que la inflación subyacente intenta aproximarse al concepto de inflación tendencial, que sería la mejor aproximación a la inflación de largo plazo (dado que refleja las dinámicas del núcleo más duro de los precios).
Inflación y política monetaria
La semana pasada el BCU divulgó las minutas de la última reunión del Comité de Política Monetaria (Copom), donde se decidió mantener la tasa de interés incambiada en 5,75%. Según se desprende del documento, la institución monetaria visualiza un escenario internacional que sigue marcado por una elevada incertidumbre y por la prolongación del shock petrolero: “Respecto a la reunión anterior del Copom, la principal novedad es la mayor persistencia del shock energético: los precios del petróleo se mantuvieron en niveles elevados por más tiempo de lo previsto, acumulando una suba de más de 55% desde el inicio del conflicto”.
Sobre esto, la comunicación agrega que los contratos futuros del petróleo siguen apuntando a precios elevados y que no hay señales que indiquen una normalización en el corto plazo. Además, existe el riesgo de que las presiones inflacionarias continúen extendiéndose hacia los alimentos, como resultado del encarecimiento de los fertilizantes y de los mayores costos logísticos.
Todo esto genera mayores tensiones sobre la gestión monetaria de los bancos centrales, dado que dificulta el proceso de desinflación global en curso. En otras palabras, las autoridades monetarias podrían diferir las rebajas de las tasas de interés o incluso tener que aumentarlas, lo que configuraría un escenario financiero más restrictivo para las economías emergentes. En particular, la inflación núcleo en Estados Unidos alcanzó el mayor nivel de los últimos tres años, lo que podría inducir un aumento de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal.
A nivel local, el BCU destaca que la inflación se ubica dentro del rango de tolerancia (3% a 6%), luego del desalineamiento que exhibió en marzo (2,9%), y que las expectativas permanecen ancladas en torno a la meta del 4,5%. Sobre esto último, el documento indica que “el promedio de las tres medidas de expectativas de inflación se mantiene en 4,67% por cuarto mes consecutivo, con analistas y operadores primarios en 4,5% con datos a mayo y empresarios en 5,0% con datos a abril”.
En el frente de la actividad económica, la otra dimensión clave que monitorea el Copom para decidir qué hacer con la tasa de interés, el BCU destaca que los indicadores adelantados están sugiriendo un repunte de la economía durante el primer trimestre, impulsado principalmente por el consumo privado. No obstante, se espera un menor dinamismo para el segundo trimestre, asociado en parte a una “menor producción agrícola”.
En este marco, y con relación a su reunión anterior, el Copom identifica ahora dos elementos “que inclinaron levemente al alza el balance de riesgos para la inflación proyectada”: la mayor persistencia del shock petrolero y el entorno financiero menos favorable producto de la necesidad de mantener las tasas de interés relativamente altas.
A la luz de todo lo anterior, el directorio resolvió dejar incambiada la TPM en 5,75% anual con el objetivo de “asegurar las condiciones para que la inflación converja hacia el objetivo de 4,5% anual y contribuir a la permanencia de las expectativas ancladas en ese nivel”. Hacia adelante, el BCU “permanecerá atento a la materialización de los riesgos inflacionarios identificados y actuará en consecuencia si las condiciones lo requieren”, lo que podría suponer un alza de la tasa durante el segundo semestre.
