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Economía Sector público
Guillermo Tolosa. Foto: Gianni Schiffarino (archivo, junio de 2026)

Guillermo Tolosa. Foto: Gianni Schiffarino (archivo, junio de 2026)

El perfil “ultraconservador” en el manejo del dinero “le sale caro al país”, según el presidente del BCU

Guillermo Tolosa adviritó que la consecuencia es “una economía menos dinámica”.

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Este miércoles, el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU), Guillermo Tolosa, sostuvo que el organismo que preside debe trabajar en construir una narrativa de “identidad de estabilidad y de previsibilidad” de la economía uruguaya, de manera de contrarrestar los efectos que genera el perfil “ultraconservador” que la sociedad uruguaya tiene con sus finanzas.

Como parte de una disertación en las Jornadas Anuales de Economía, que celebra el BCU, su presidente recordó que la economía uruguaya atraviesa un período de crecimiento lento y reparó que si bien existen múltiples aproximaciones al respecto, hay un factor que se aborda “muchísimo menos” vinculado a las formas en las que la ciudadanía maneja sus finanzas. Tolosa notó que entre el 70% y el 80% de los activos financieros en nuestro país son depósitos, una cifra que se traduce en retornos incluso menores a los de “los extranjeros que invierten en Uruguay”. También apuntó al hecho de que Uruguay sea uno de los países con mayor proporción de depósitos a la vista en dólares a pesar de los bajos niveles de inflación.

Además, el presidente del BCU apuntó que esta postura no es única a las personas, sino que también las empresas son “particularmente cautas” y “la inversión en Uruguay en los últimos años es de la más baja del mundo”.

Para Tolosa, estas decisiones obedecen a cierto “miedo” generado tras situaciones económicas desfavorables que afectaron al país en el pasado. No obstante, catalogó dicha postura como algo paradójico, ya que redunda de todas maneras en “costos muy altos para los uruguayos”. Según el presidente del BCU, la alta proporción de depósitos en dólares lleva a una pérdida del poder adquisitivo, que estimó en la mitad para los últimos treinta años. También indicó que su volatilidad es casi siete veces mayor a la de los depósitos en pesos. “Cuando hay mayor volatilidad del tipo de cambio real que de la inflación, la teoría dice ‘en esos casos debemos ahorrar más en moneda nacional’, y eso es lo que está pasando en buena parte del mundo emergente, aún en países cuyas instituciones son mucho menos sólidas y estables que en Uruguay”, comparó.

Acotó que el hecho de que el uruguayo sea “una especie de outlier” al respecto “le sale caro al país” no solo por la pérdida de poder adquisitivo, sino porque “genera menos consumo” y desemboca en “una economía menos dinámica”. También porque termina por “asfixiar” a un crédito cuyos niveles permanecen estables desde hace 20 años, algo que es “un problema muy serio para el crecimiento de largo plazo”. “La experiencia internacional demuestra que el crédito es un motor fundamental del crecimiento, por lo menos hasta que llega a 80 o 100% del PIB y Uruguay está funcionando con un motor apagado”, lamentó.

“Poder vivir así en un país donde la prudencia ya no deriva en inmovilismo

El presidente del BCU transmitió tranquilidad sobre la robustez del sistema económico uruguayo, que atribuyó a una serie de transformaciones, que pasan desde la reducción de la dependencia económica en diferentes sectores al incremento de las reservas internacionales y el fortalecimiento de las hojas de balance, que en suma permitieron “una transformación del mapa de riesgo”.

También destacó la implementación de “nuevas reglas fiscales y reglas de acción en política monetaria”, así como la creación de institucionalidades que le dotaron de “credibilidad”. “Es el insumo fundamental para que la política monetaria pueda, si la inflación lo permite, apoyar a la economía en malos tiempos y así hacerla más resiliente”, llevando a una reducción del peligro que deben afrontar los ahorristas uruguayos, aseveró.

En consecuencia, apuntó a los sesgos y asimetrías en el acceso a la información por parte de la población como los principales factores que explican el desfase entre la credibilidad internacional y las decisiones que toman los uruguayos, y la necesidad de combatirlos. Al respecto, explicó que el BCU trabaja en formas de cambiar la cultura financiera entre la población, algo que precisa, en parte, “generar los incentivos correctos”, y que se hizo a través de cambios en “la política de encaje”.

Igualmente, apuntó a la necesidad de “proveer un shock de información”, y sostuvo que la “arquitectura de la decisión en el momento” es “donde está la mayor promesa de impacto”. Entre otras medidas, apuntó a la colaboración con el Ministerio de Economía y Finanzas para “mejorar la ley de usura en términos de la información que se provee”, así como trabajar en brindar “mejor información y más completa para la planificación de la jubilación”.

También anunció la creación de una Unidad de Salud y Cultura Financiera dentro del organismo y con apoyo de la Corporación Andina de Fomento, que trabajará en “campañas mucho más masivas que lo que se puede lograr con educación”, así como labores conjuntas con la Administración Nacional de Educación Pública, de manera de integrar “de una forma más contundente” a la promoción de la cultura financiera en el aprendizaje.

“No es que tenemos que hacer que todos los uruguayos de repente se transformen en temerarios valientes y que pierdan todo tipo de control de riesgo”, matizó Tolosa, sino que se busca “darle los elementos para que se puedan tomar decisiones financieras un poco más basadas en la evidencia y con información”.

“Uruguay no tiene un déficit comercial [y] no tiene un déficit de la reserva: tiene un déficit narrativo de cómo imaginar un futuro distinto, digamos, para poder vivir así en un país donde la prudencia ya no deriva en inmovilismo, donde el ahorro no sea solo refugio, sino palanca; donde podamos volver a preguntarnos no solo qué podemos perder, sino qué podemos ganar [y] qué podemos construir nosotros y entre todos”, concluyó.