Las penas y las vaquitas se van por la misma senda.
Las penas son de nosotros; las vaquitas son ajenas.
Atahualpa Yupanqui
El débil crecimiento del PIB constituye uno de los principales desvelos de los responsables de la política económica, y parecería que también desvela a la oposición. En ese sentido, fue un tema central en la interpelación al ministro de Economía. ¿Es razonable darle tanta importancia? Existen argumentos para responder que sí, pero también los hay para fundamentar que es necesario sumar la preocupación por la desigualdad.
La relación entre crecimiento económico y desigualdad es compleja, se trata de un vínculo tormentoso de amor-odio que navega en las turbulentas aguas del mercado. Intentos de explicarla de manera simple, por ejemplo, con la curva de Kuznets,1 no han conducido a buen puerto. Su principal limitación es considerar causalidad unidireccional, desde el crecimiento a la desigualdad, ignorando la existencia de causalidad en sentido contrario. Esta limitación está también presente en otro relato sobre el que se han derramado mares de tinta: la “teoría del derrame”.
A lo complejo que es la relación entre crecimiento y desigualdad le podemos agregar otra dimensión, la pobreza. Para qué hacerlo simple si se puede complicar. Queda así definido un triángulo virtuoso con los siguientes vértices: crecimiento económico, disminución de la desigualdad distributiva y reducción de la pobreza.
Un camino para abordar las relaciones resultantes del triángulo virtuoso, no exento de dificultades, es aplicar el principio de acción y reacción que establece la tercera ley del movimiento, es decir, considerar la existencia de causalidad de ida y vuelta, agregando a su vez en el análisis las leyes de la distribución a las que David Ricardo asignaba particular importancia, afirmando que “los productos de la tierra se reparten entre tres clases de la sociedad: el propietario de la tierra, el propietario del capital necesario para su cultivo y los trabajadores, gracias a cuya labor se cultiva... Determinar las leyes que regulan esta distribución es el problema principal de la economía política”.2
La literatura en torno al análisis de los vínculos entre los vértices del triángulo virtuoso es vasta y no es tarea sencilla extraer conclusiones generales. No obstante, pueden mencionarse las siguientes: “Cuanto mayor es la desigualdad inicial en un país determinado, mayor es la tasa de crecimiento necesaria para lograr el mismo nivel de reducción de la pobreza; las sociedades que parten de una mayor proporción de su población en situación de pobreza (o de una mayor desigualdad, dada una media determinada) podrían generar menos inversión agregada o una estructura ocupacional menos avanzada y, por lo tanto, tasas de crecimiento más bajas.3
Distribución de la torta: jugando al Reparto
Propongo un juego, el Reparto, en el que dos jugadores se enfrentan disputando la posesión de una torta de tamaño fijo. El juego comienza asignando partes iguales a cada jugador, es decir, cada uno comienza con el 50%. En cada partida, siguiendo reglas preestablecidas, los jugadores pueden robarle parte de su trozo de torta al otro jugador. Gana quien, después de 20 jugadas, se queda con el pedazo más grande. Aquellos que alguna vez jugaron al roba montón pueden considerarlo como una secuela.
Dado que el tamaño de la torta es fijo, independientemente de cómo sean las reglas que establecen los robos, la parte de torta que gana un jugador es igual a la parte que el otro pierde. Las ganancias en cada partida serán entonces exactamente iguales a las pérdidas. Como la suma de ganancias y pérdidas es nula, podemos decir que estamos frente a un juego de suma cero (como el roba montón).
Una economía que no crece se puede asimilar, al igual que el Reparto, a un juego de suma cero. La torta en disputa es el valor creado en la economía, es decir, el PIB. Los jugadores pueden definirse de diferente manera, trabajadores y dueños del capital, personas en edad de trabajar y personas pasivas, etcétera.
Incorporando las reglas de juego (explicando la distribución de la torta)
Vamos a llamar a los dos jugadores que disputan la torta Fantine y Gatsby.4 La regla que guía los robos es la siguiente: comienza Fantine tirando un dado; el número que sale determina el porcentaje de torta que puede robarle a Gatsby; por ejemplo, si sale 2, podrá quitarle 2%. Luego es el turno de Gatsby, pero este, en cambio, puede tirar dos dados, pudiendo robar a Fantine el mayor de los dos valores obtenidos. Por ejemplo, si al tirar los dados obtiene 1 y 3, podrá quedarse con el 3% del trozo de torta de Fantine. La regla favorece a Gatsby. El juego continúa hasta que cada jugador haya realizado 20 robos.
Teniendo en cuenta la teoría de probabilidades, sabemos que el valor promedio, o valor esperado que Fantine le puede robar a Gatsby cada vez que tira el dado es 3,5%; en cambio, en el caso de Gatsby, el valor es mayor, 4,47%.5 En el juego el peor error que se puede cometer es confundir una mala jugada con mala suerte.
Para conocer el impacto distributivo de esta regla de juego se simuló el resultado que se obtendría si se jugaran 100.000 partidas. El resultado final promedio obtenido es el siguiente: Gatsby termina quedándose con el 55,8% de la torta y Fantine con el restante 44,2%.
Si se quiere modificar el juego buscando mejorar la situación con la que termina Fantine, existen dos caminos: uno es modificando las reglas de juego y el otro, agrandando el tamaño de la torta. Obviamente, estas alternativas no son mutuamente excluyentes. Es más, podría existir una relación virtuosa, una asociación positiva con causalidad circular, entre disminución de la desigualdad y crecimiento, de igual manera que la hay entre disminución de la desigualdad y reducción de la pobreza. Los momentos de mayor caída de la pobreza en Uruguay coincidieron con períodos de reducciones significativas de la desigualdad en la distribución del ingreso.6
Lo dicho previamente supone que las reglas de juego son respetadas. Sin embargo, alguien dijo alguna vez: “Dios no solo juega a los dados, sino que a veces los arroja donde no pueden ser vistos”. Si las reglas de juego no se respetan, otro sería el cantar; “quien desconoce el motivo de las normas está condenado a respetarlas”.
La realidad como un juego: la distribución de la torta en Uruguay entre 2015 y 2024
¿Cómo se distribuyó la torta en nuestro país en la última década? Si identificamos al 70% de hogares más pobres (deciles 1 al 7) con Fantine, y al 30% de hogares más ricos (deciles 8 al 10) con Gatsby, y analizamos su participación en la torta entre estos años, surge una curiosa casualidad: la distribución del ingreso entre Fantine y Gatsby en la última década, como se muestra en el cuadro, permite conjeturar que pudo haber sido el resultado del juego el Reparto.
| Años | 70% hogares más pobres Fantine | 30% hogares de mayor ingreso Gatsby | ||
|---|---|---|---|---|
| 2015 | 42,1 | 57,9 | ||
| 2016 | 42,1 | 57,9 | ||
| 2017 | 42,2 | 57,8 | ||
| 2018 | 41,9 | 58,1 | ||
| 2019 | 42,0 | 58,0 | ||
| 2020 | 41,6 | 58,4 | ||
| 2021 | 41,3 | 58,7 | ||
| 2022 | 41,3 | 58,7 | ||
| 2023 | 41,0 | 59,0 | ||
| 2024 | 41,5 | 58,5 |
Fuente: Cepal.
De las 100.000 partidas simuladas del juego en 68.302 (68,3%), la distribución final de la torta entre Fantine y Gatsby no se diferencia, sustancialmente, de la distribución del ingreso que se observó en nuestro país en 2024 (41,5%; 58,5%).
Entonces, ¿es el azar el que determina la distribución? No. Más allá de movimientos coyunturales de la distribución de la torta que pueden ser considerados consecuencia del azar, la distribución estructural depende de las reglas de juego establecidas. Estas definen, con prescindencia de lo que el azaroso mundo de los dados indique, una distribución desigual.
El Reparto nos permite realizar otra analogía con la realidad. En el mundo simplificado de dos jugadores, Fantine y Gatsby, mejorar la distribución de la torta es sinónimo de reducir la pobreza de Fantine. Como fue mencionado previamente, esta relación entre disminución de desigualdad y de la pobreza es lo que se observó en nuestro país en las últimas décadas. Otra coincidencia del Reparto con la realidad.
Regresividad: crecimiento y distribución de la torta
Se han propuesto diferentes maneras de definir una senda de crecimiento como “propobre” o progresiva. Partiendo de la idea intuitiva de que la pobreza depende del nivel medio de los ingresos y de su distribución, se pueden definir dos condiciones para considerar al crecimiento como “propobre”: que aumente el valor absoluto del ingreso de los pobres y que, además, en términos relativos los beneficie más que proporcionalmente, es decir, la tasa de crecimiento de los ingresos de los pobres debe superar la tasa de crecimiento de los que no son pobres.7
Desde esta perspectiva, el crecimiento de la última década en nuestro país, además de ser exiguo (apenas 1,2% promedio anual), fue regresivo. Si bien el valor absoluto de los ingresos de los hogares de menores ingresos aumentó, creció menos en términos relativos que el de los hogares de mayor ingreso.
En el Reparto, la distribución de la torta muestra un patrón nítidamente “antipobre” o regresivo. Cabe preguntarse, entonces: si existe un límite a la disminución del tamaño del trozo que le corresponde a Fantine, ¿Gatsby finalmente se quedará con la torta entera si al juego se le agregan partidas y, en lugar de culminarlo después de 20 robos, se hace después de 100 o de 1.000 o de 10.000 robos?
La respuesta es que no; se podría seguir jugando en forma indefinida, hasta el infinito, y la distribución de la torta sería muy parecida a la que obtuvimos considerando solamente 20 partidas. El Reparto genera una dinámica que asegura la presencia de los dos jugadores. Si Fantine se quedara sin nada de la torta, el juego ya no tendría sentido, Gatsby no tendría a quién robarle y el juego entonces se acabaría. En el capitalismo, si hay algo peor que ser explotado, es no serlo.
Si en promedio el porcentaje que roba Gatsby es mayor al de Fantine, ¿qué limita la disminución del trozo que este roba? Lo que sucede es que, al disminuir el tamaño del trozo de torta de Fantine, disminuye también el tamaño del robo. Lo opuesto ocurre en el caso de Fantine. Finalmente, lo que roba Gatsby es de igual dimensión de lo que roba Fantine y, por tanto, la distribución desigual se mantiene estable; pasa a ser la norma.
En el mundo real también existe un límite a la reducción de la participación en el ingreso de los sectores de menor ingreso, aunque en este caso no conozcamos su valor, como sí lo conocemos en el Reparto. Si repasamos nuestra historia, seguramente la participación de los deciles de menor ingreso en el reparto de la torta haya llegado a un mínimo en 1968, cuando se decreta la congelación de precios y salarios después de que la inflación interanual se ubicara en torno al 160%. Otro mínimo se alcanzó con la crisis de 2002. Dicen que la historia no se repite; esperemos que así sea.
Y si la torta no crece, ¿qué hacer?
En el Reparto el tamaño de la torta no crece, se trata de un juego de suma cero, lo que pone en negro sobre blanco la puja distributiva. Para que un jugador gane, otro tiene que perder.
Para mejorar la situación de Fantine se hace entonces necesario un cambio en las reglas de juego. Con una economía que no crece, o crece muy poco, sucede lo mismo. Si no se cambian las reglas de la distribución de la torta, difícilmente mejore la situación de los más vulnerables. Por otro lado, si no mejora la situación de los más vulnerables, si no se mejora la distribución del ingreso, no estarán dadas las condiciones para un crecimiento que no sea de utilería.
Las reglas que determinan la distribución de la torta en una sociedad no caen como maná del cielo, son creadas por los jugadores que actúan como juez y como parte; son, en definitiva, el resultado de la puja de intereses, siendo el poder de cada jugador el que determina en qué dirección se mueve el fiel de la balanza. Es por eso que la política económica no puede comprenderse sin considerar la economía política que la atraviesa.
En nuestro país forman parte de las reglas de juego de la distribución los Consejos de Salarios, la política tributaría, la política de transferencias, la determinación de precios mínimos o máximos, los instrumentos de mitigación y adaptación al cambio climático, el presupuesto nacional y sus respectivas rendiciones de cuentas.
En este momento existe incertidumbre acerca de la aprobación en general de la Rendición de Cuentas, en la que se incluye un cambio en las reglas de juego que favorecería a Fantine. En efecto, se propone un cambio en la política de transferencias monetarias que mejora el ingreso de los hogares más vulnerables. Esto es una muy buena noticia, pero lo hace con un limitado poder de fuego y con una lenta incorporación de nuevas generaciones. El proceso completo para incluir en el cobro de la transferencia unificada a todos los niños y niñas menores de 18 años podría tardar 15 años. Se corre así el riesgo de que al objetivo de reducir la pobreza infantil le suceda lo mismo que a Aquiles intentando alcanzar la tortuga en la paradoja de Zenón8.
El monto incremental previsto para el fortalecimiento de las transferencias representa el 0,03% del PIB, el 30% de la exoneración del Imesi que se aplica a automóviles eléctricos e híbridos y el 10% de lo que con una estimación conservadora se podría recaudar con la propuesta del 1%. Como muestra es suficiente un botón. Un correlato positivo de esto es que, dado el monto previsto, es difícil oponerse a la propuesta argumentando que podría poner en riesgo el cumplimiento de las metas fiscales.
La reforma del sistema de transferencias monetarias propuesta implica un punto de inflexión con relación a las reglas de juego del período anterior. La distribución de la torta en la última década muestra dos evoluciones diferentes: estabilidad entre 2015 y 2019, y ampliación de la brecha entre hogares de menor y mayor ingreso entre 2020 y 2024. Concomitantemente, a pesar de que entre el promedio de 2015-2019 y 2024 la economía creció un 8,8%, la tasa de pobreza se mantuvo constante y la tasa de indigencia aumentó. El crecimiento no favoreció a los más vulnerables. Esto da cuenta de la eficacia de los cambios que se implementaron en las reglas con el objetivo declarado de favorecer a los “malla oro”, destacándose en particular la política salarial y los cambios tributarios.
“Cierto que no prescindí de ningún laberinto/ que amenazara con un callejón sin salida (...) Cierto que cuando aprendí que la vida iba en serio/ quise quemarla deprisa jugando con fuego/ y me abrasé defendiendo mi propio criterio/ porque vivir era más que unas reglas en juego”.8
Carlos Grau Pérez, economista, investigador del Cinve, docente universitario, máster en Economía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.
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Esta hipótesis sugiere que, en las primeras etapas de desarrollo económico, la desigualdad de ingresos aumenta. Sin embargo, al superar cierto nivel de ingresos medios (industrialización avanzada y desarrollo de políticas sociales), la desigualdad comienza a disminuir, logrando una distribución más equitativa. ↩
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David Ricardo: On the Principles of Political Economy and Taxation. ↩
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Ferreira, F (2010): Distribution in motion: Economic growth inequality, and poverty dynamics. ECINEQ, Working Paper Series 183. ↩
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Son los nombres de personajes de las novelas Los miserables y El Gran Gatsby. Fantine es una joven madre soltera de clase trabajadora cuya vida está marcada por el sacrificio extremo y la tragedia. Gatsby es un enigmático millonario que organiza fiestas extravagantes. ↩
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Cuando se lanza un dado existen seis resultados posibles con probabilidad cada uno de un sexto. En el caso de lanzar dos dados, existen 36 resultados posibles cada uno con probabilidad 1/36. El resultado surge de hacer la sumatoria del producto de los resultados posibles por su probabilidad. ↩
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Salas, G y Vigorito, A (2021): Pobreza y desigualdad en Uruguay: aprendizajes de cuatro décadas de crisis económicas y recuperaciones. Iecon, FCEA, Udelar. ↩
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Ravallion, M (2022): Growth Elasticities of Poverty Reduction, Working paper 30.401, NBER. ↩
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“Me va la vida en ello”, Silvio Rodríguez. ↩
