La guerra en Medio Oriente y el petróleo
Ante la nueva retracción del tráfico marítimo que circula por el estrecho de Ormuz, producto de la reanudación del conflicto, el precio del petróleo volvió a escalar rápidamente. En particular, el precio del Brent retornó al entorno de los 100 dólares por barril, lo que supone un incremento acumulado superior al 40% en lo que va del mes.
En las últimas horas, no obstante, los ataques de Estados Unidos en Medio Oriente cesaron, en lo que sería un nuevo episodio que confirma el fenómeno conocido como “TACO”: Trump always chickens out (Trump siempre se acobarda y va para atrás). Igualmente, los niveles actuales de precios y el nuevo aumento de la incertidumbre sobre el devenir del conflicto ya generaron un deterioro de las condiciones globales, más allá de que puedan evitarse escaladas adicionales.
La guerra comercial y los aranceles
Finalmente, y tal como estaba previsto, el gobierno de Donald Trump volvió al ataque en materia arancelaria, amparado en este caso por los resultados de la investigación que impulsó meses atrás sobre el trabajo forzoso y las cadenas de suministro (en línea con lo que establece la sección 301 de la Ley de Comercio de 1974). Esta medida busca sortear la impugnación del Tribunal Supremo sobre la oleada arancelaria que desplegó el año pasado en el marco del “día de la liberación”, profundizando la estrategia proteccionista de Estados Unidos.
Según el texto difundido el jueves, los aranceles aumentan al 12,5% para Uruguay, que es uno de los 60 países incluidos en la investigación. Esto supone un incremento de 2,5 puntos porcentuales, dado que ya estábamos alcanzados por un gravamen del 10%. Sobre esto, el Ministerio de Economía y Finanzas informó el viernes que el 77,5% de las importaciones de Estados Unidos de productos uruguayos están exceptuadas de este aumento y destacó entre ellos la carne bovina, la pasta de celulosa, la madera y las naranjas.
En contraposición, los productos que sí se ven afectados con este nuevo embate son el sebo bovino, los productos químicos, la madera para construcción, las mandarinas, la soja y la miel. De acuerdo con el comunicado, “en 2025, las exportaciones de Uruguay a Estados Unidos totalizaron 1.585.848.457 dólares. De ese monto, 1.228.630.296 dólares hubieran quedado exceptuados de la carga arancelaria, mientras que 357.218.161 dólares (22,5% del total) hubieran sido alcanzados por el nuevo arancel del 12,5%”.
Sin embargo, señala, “el gobierno continuará trabajando para suavizar el impacto de los productos afectados”. De hecho, de aprobarse el proyecto de ley de Competitividad y Reducción del Costo de Vida, promovido el mes pasado, que incluye un artículo para prohibir la importación de productos en los que se haya utilizado trabajo forzoso o infantil, Uruguay solicitaría una reevaluación de su caso, en línea con “los procedimientos establecidos por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés)”.
Condiciones financieras más restrictivas
Ante este escenario, las expectativas vuelven a descontar una aceleración de la inflación, lo que implica que las condiciones financieras podrían tornarse más restrictivas ante la respuesta política de los principales bancos centrales.
En ese sentido, un nuevo empuje inflacionario limita la capacidad de reducir las tasas de interés (o, en el peor escenario, obliga a incrementarlas) y configura un entorno internacional más hostil: menor crecimiento económico, costos más altos para acceder al crédito en los mercados y a las condiciones financieras consistentes con un dólar más fuerte a nivel global, lo que induce presiones bajistas sobre el precio de las materias primas.
En particular, el rendimiento de un bono del Tesoro estadounidense a diez años superó días atrás el 5%, siendo el mayor nivel observado desde 2007 (previo a la crisis financiera). Considerando plazos más largos (30 años), la tendencia es la misma. De esta manera, los títulos de deuda de Estados Unidos se tornan más atractivos, lo que además limita los flujos de capitales hacia economías emergentes.
Menor demanda externa
Según el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), el impacto negativo asociado al shock petrolero que causó la guerra está siendo parcialmente compensado –al menos por el momento– por el auge tecnológico, lo que arroja como resultado una proyección de crecimiento mundial de 3% para este año, cinco décimas por debajo de lo observado en 2025.
Si bien la actualización de las estimaciones de julio marcó una leve corrección a la baja con relación a lo estimado en abril, el organismo trabaja con más de un escenario de proyección (base, adverso y severo). En particular, en el escenario “severo”, el crecimiento de este año estaría más de un punto porcentual por debajo de lo proyectado en enero, es decir, antes del conflicto (pudiéndose situar en apenas un 2%), con una corrección similar para 2027.
Más allá de las estimaciones del FMI, los últimos datos de actividad oficiales para China pautan una desaceleración durante el segundo semestre, que es más intensa de lo que anticipaban las expectativas. Concretamente, el producto habría crecido apenas 0,9% en términos trimestrales, lo que deja el registro interanual unas pocas décimas por encima del 4%.
