El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento es ahora. Proverbio chino
Las islas
Las islas parecen tener un potente poder inspirador. Tomás Moro se inspiró en la isla Utopía, lugar donde nadie corre preocupado por la hora, ya que solo se trabaja seis horas al día: tres de mañana y tres de tarde. Daniel Defoe recreó una isla donde se desarrollan las aventuras del solitario Robinson Crusoe, personaje empleado en textos de economía para estudiar el comportamiento de consumidores y productores sin incluir las complejidades de las interacciones sociales del mundo real, desatendiendo así la recomendación de que “todo debe hacerse lo más simple posible, pero no más simple”.1
Otra aventura digna de destacar se desarrolló el siglo pasado en la isla de Cuba, cuando se derrocó la dictadura de Fulgencio Batista y cambió la dirección de los vientos. Actualmente, en la isla hondureña de Roatán se alberga Próspera, un controvertido proyecto de ciudad privada con autonomía fiscal, tribunales propios y sus propias fuerzas de seguridad.
Finalmente, la isla de Agathotopia es el lugar donde el premio nobel de economía James Meade recrea su ideal de modelo socioeconómico. Una de sus señas de identidad es que todos los habitantes de la isla tienen derecho a un ingreso básico universal denominado dividendo social, financiado con la rentabilidad de los activos propiedad del Estado, los que representan aproximadamente el 50% del patrimonio total de la isla.
El tiempo
“Luis está mirando por la ventana lo que está haciendo Daniel en este momento. No, eso no es posible. En todo caso podríamos decir que Luis está mirando en este momento lo que estaba haciendo Daniel. Uno siempre observa lo que estaba sucediendo, no lo que está sucediendo. Esto es consecuencia de que la velocidad a la que se desplazan los fotones que nos permiten ver la imagen no es infinita. Siempre observamos el pasado. Esto puede ser una buena noticia para aquellos que piensan que todo tiempo pasado fue mejor”.2 El paso del tiempo en ocasiones genera oportunidades: puede hacer que, como se dice popularmente, los zapallos se acomoden solos en el carro. Pero también puede significar una amenaza.
En el área de la salud, existe una clara distinción entre lo que se considera una emergencia y lo que es una urgencia. En el caso de un evento emergente, su no resolución rápida puede implicar la muerte del paciente. Esto no sucede en el caso de una urgencia, la cual admite un mayor tiempo de espera, sin representar un riesgo inminente para la vida del paciente. Una adecuada clasificación de los problemas en emergentes y urgentes es de vital importancia para establecer la pertinencia del tiempo de respuesta. “Que no hay ningún rincón, que no hay ningún atracadero que pueda disolver en su escondite lo que fuimos. El tiempo está después”.3
La pobreza infantil: ¿emergencia o urgencia?
Uruguay se destaca en la región en dos parámetros que se suelen emplear para caracterizar la distribución del ingreso de un país, el ingreso medio y la desigualdad. Uruguay tiene el mayor PIB per cápita de la región y la distribución del ingreso más igualitaria. A su vez, presenta la menor tasa de pobreza de la región si se estima empleando la misma metodología en todos los países, como lo hacen el Banco Mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). No obstante, esa realidad convive en nuestro país con una tasa de pobreza monetaria en hogares con niñas y niños menores de 3 años –es decir, la población más vulnerable– que duplica la tasa que corresponde a la población en general. Esto amerita considerar que la pobreza infantil es un problema social emergente.
La definición de pobreza no está exenta de dificultades y, por lo tanto, tampoco lo está su medición. En nuestro país contamos con tres indicadores diferentes de pobreza, que son la denominada pobreza monetaria, la multidimensional y la subjetiva o percibida. Lo habitual es considerarlos por separado. Si tomamos el valor correspondiente a todas las personas que habitan en el país, la pobreza monetaria fue del 16,6% en 2025, la multidimensional del 18,7%, y la percibida del 31,3%. Si la estimación se limita al conjunto de las niñas y niños menores de 3 años, la tasa de pobreza monetaria fue de 32,8%, la multidimensional de 31,5% y la percibida de 32,7%.
Una forma de enriquecer el análisis es complementarlo considerando conjuntamente los diferentes indicadores. Esto aporta nueva información, en tanto permite, por ejemplo, explicar la brecha que existe entre los valores de las distintas mediciones realizadas por separado.
Subjetividad y realidad ¿coinciden?
Un primer ejercicio de integración de los indicadores disponibles de pobreza consiste en comparar la pobreza percibida con las mediciones de pobreza monetaria y multidimensional. ¿Cuál es el nivel de coincidencia entre la realidad y la subjetividad? “La realidad es aquello en lo que, cuando uno deja de creer, no desaparece”.4
Para hacer la comparación propongo la siguiente definición de pobreza, a la que le voy a llamar pobreza global: una persona es pobre si lo es exclusivamente desde el punto de vista monetario, o lo es exclusivamente desde el punto de vista multidimensional, o lo es simultáneamente en los dos tipos de pobreza. Tomando esta definición, tenemos que el 73,9% de la población total del país vive en hogares en los que coincide su situación con la percepción que tienen de esta. Concretamente, el 15,6% de la población se percibe como pobre y efectivamente lo es, y el 58,3% se percibe como no pobre y efectivamente no lo es.
No obstante, existe una zona de no coincidencia, en la que se presentan importantes diferencias: hay pobres que no se perciben como tales y hay, también, quienes se perciben pobres sin serlo. El 50,1% de quienes se perciben como pobres no lo son, y el 40,1% de los pobres no se percibe como tal.
Pobreza monetaria y multidimensional
La medición de la pobreza monetaria y la de la pobreza multidimensional miran cosas diferentes. Sin embargo, tienen algo en común: en ambos casos se emplea un umbral, una línea que discrimina a los hogares entre pobres y no pobres. En el caso de la pobreza monetaria, el umbral es el ingreso monetario necesario para comprar una canasta de consumo básico. En el caso de la pobreza multidimensional, el umbral lo define la existencia de privaciones para el ejercicio de derechos básicos, empleando cinco dimensiones: educación, condiciones habitacionales, servicios básicos, protección social y empleo, y tres indicadores para cada una de estas (son 15 indicadores en total). De esta manera, el umbral queda definido por la cantidad de privaciones que afectan al hogar. Más concretamente, un hogar se define como pobre cuando presenta privaciones en cuatro o más de los 15 indicadores definidos.
Cabe preguntarse si existe entre estos dos indicadores algún nivel de coincidencia, a pesar de que evalúan cosas diferentes. Si se evalúa la coincidencia que existe en el caso de los niños y niñas menores de 18 años, el nivel es del 77,6%. Este valor se puede desagregar de la siguiente manera: en un 16,1% de los casos se presenta tanto pobreza monetaria como multidimensional, y en un 61,5% de los casos no está presente ni una ni la otra.
Haciendo el mismo ejercicio para niños y niñas menores de 3 años, el nivel de coincidencia es del 74,2%, con el 19,2% correspondiente a los casos en que existe pobreza, tanto monetaria como multidimensional, y del 55% cuando no está presente ninguna de las dos.
El valor de la tasa de pobreza global en niñas, niños y adolescentes
Empleando la definición de pobreza global presentada previamente, en el caso de las niñas, niños y adolescentes menores de 18 años, la tasa de pobreza es del 38,5%. Este valor se puede descomponer como la suma de los casos en que existe exclusivamente pobreza monetaria (11,4%), exclusivamente pobreza multidimensional (11%) y en los que se combinan ambas (16,1%).
En el caso de las niñas y niños menores de 3 años, la tasa de pobreza es del 45%, resultante de un 13,6% y un 12,2% de pobreza monetaria y multidimensional exclusivamente, y un 19,2% de situaciones en las que coexisten la pobreza monetaria con la multidimensional.
“Si no hay pan, buenas son las tortas”
Esta frase se le atribuye a María Antonieta, cuando se le informó que el pueblo estaba sufriendo hambre como consecuencia de la escasez de pan durante la denominada “guerra de las harinas”. Si bien los problemas de malnutrición e inseguridad alimentaria deberían ser cosas que solo se encontraran en los libros de historia, lamentablemente se los encuentra también en las estadísticas que se publican en la actualidad. Existen varias pruebas de que esto es así. Por ejemplo, en nuestro país se realizaron tres encuestas para revelar el estado de situación en materia de nutrición y seguridad alimentaria en la infancia.5
De su consideración conjunta se desprende que, a pesar de que en el período 2013-2023 la economía creció 12%, ese crecimiento no fue suficiente para mejorar el estado nutricional de los niños y niñas evaluado a partir de medidas antropométricas. En realidad, los dos indicadores a los que se asocia el estado nutricional de los niños y niñas –retraso en el crecimiento, y sobrepeso y obesidad– empeoraron. Por otro lado, la inseguridad alimentaria no retrocedió pese a la expansión de la economía, manteniéndose en el entorno del 43%.
Otra manifestación de las dificultades que enfrentan los hogares para acceder a los alimentos necesarios para una vida saludable es la estimación que hace el Instituto Nacional de Estadística (INE) de los hogares cuyo ingreso no es suficiente para comprar una canasta básica alimentaria (CBA), valor que define la línea que emplea para estimar la tasa de indigencia. En 2025, la cantidad de personas cuyo ingreso no era suficiente para comprar una CBA representó el 1,7% (tasa de indigencia) de la población total del país. En hogares con niñas, niños y adolescentes, el valor es superior; “el que siembra vientos recoge tempestades”.
El valor actual de la tasa de indigencia es mayor que el que existía una década atrás. En efecto, el crecimiento de la economía durante ese período no derramó ni una gota sobre los hogares indigentes. A estos hogares solo les quedará el mismo consuelo que a Sancho Panza y su esposa Teresa: “El hambre es la sal de los pobres, por eso ellos siempre comen con gusto”.
La canasta alimentaria con enfoque nutricional
El Observatorio del Derecho a la Alimentación de la Universidad de la República estima el valor de lo que denomina canasta básica alimentaria con enfoque nutricional (CBAEN). Esta se define como “un conjunto de alimentos que permite que una persona de la población uruguaya se alimente de forma saludable al mínimo costo posible”. Los alimentos que la conforman “buscan satisfacer otros requerimientos nutricionales, más allá de los energéticos”.6
En el último trimestre de 2025, el valor de la CBA calculado por el INE fue de 6.152 pesos, mientras que el valor estimado para la CBAEN fue de 7.272 pesos; es decir, el costo de esta última fue 18,2% mayor. Entonces, si se calculara la tasa de indigencia empleando el valor de la CBAEN en lugar del valor de la CBA, la tasa de indigencia sería mayor. Si el valor de esta última fuera 10% más alto, la tasa de indigencia pasaría del 1,7% al 2,3%; en otras palabras, se incrementaría un 37,7%.
Declaración de guerra a la indigencia
En la década de 1960, el entonces presidente demócrata de Estados Unidos Lyndon Johnson le declaraba la guerra a la pobreza, que en aquel entonces era próxima al 20%. En 1964, en el marco de su discurso sobre el Estado de la Unión, expresó lo siguiente: “Hay millones de estadounidenses –una quinta parte de nuestra población– que no han podido disfrutar de la abundancia de la que hemos disfrutado la mayoría de nosotros, y a quienes se les han cerrado las puertas de las oportunidades. Esta administración declara hoy, aquí y ahora, la guerra incondicional a la pobreza... Nuestro objetivo: la victoria total.7
Más cercano en el tiempo y en el espacio, a finales de 2002 quien fuera electo ese año presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, declaró la lucha contra el hambre como una de sus prioridades de gobierno. En su primer discurso como presidente electo afirmó: “Si al final del mi mandato cada brasileño se puede alimentar tres veces al día, habré realizado la misión de mi vida”. Para combatir la inseguridad alimentaria desarrolló el programa Fome Zero (hambre cero) a partir de 2003, el que sentó las bases que permitieron a Brasil salir por primera vez del Mapa del Hambre de la Organización de las Naciones Unidas en 2014.
Parafraseando a Johnson, ¿no estaremos en condiciones de declararle hoy, aquí y ahora, la guerra incondicional a la indigencia en hogares con niñas, niños y adolescentes, con el objetivo innegociable de alcanzar la victoria total? El problema de la inseguridad alimentaria no es una fatalidad individual, sino un problema social que genera daños, que son muchas veces irreversibles, y por tanto deberían abordarse más temprano que tarde, porque “sus ojos nada dicen”...
Como expresáramos, Uruguay se destaca en la región por su elevado PIB per cápita y por tener la mejor distribución de ingresos, su sólida institucionalidad y sus partidos políticos consolidados. Además, cuenta con una democracia estable vigente desde hace más de 40 años, el menor valor de riesgo país de la zona, el mejor puntaje de América Latina en el índice de percepción de la corrupción y una destacada estabilidad macroeconómica. Si a esto añadimos que los uruguayos colocan en el exterior ahorros equivalentes al PIB nacional, y que existe una pronunciada disminución en los nacimientos anuales, resulta inaceptable que sigan existiendo niñas y niños viviendo en condiciones de indigencia, que no sea posible obtener los recursos necesarios para atender este grave problema de nuestra sociedad.
¿No estamos en condiciones de proponernos eliminar la indigencia? ¿No debería ser esto un imperativo moral? “Probablemente el mayor triunfo de una estructura injusta no consista en impedir que intentemos cambiarla, sino en conseguir que dejemos de imaginar que podría ser diferente”.8
No deberíamos ser tan cándidos de creerle al profesor Pangloss cuando nos dice que vivimos en el mejor de los mundos posibles, que si las cosas son así por algo será. O, como dijo Gottfried Leibniz en la Teodicea: “Dios analizó infinitas posibilidades y eligió materializar esta realidad porque, a pesar de sus males, es matemáticamente el mejor de los mundos posibles. El mal es solo un componente necesario para una armonía mayor”.
¿Cómo hacer posible lo que hoy parece imposible? ¿Cómo hacer lo necesario cuando no parece posible? ¿Cómo hacer para plantar hoy el árbol que debimos haber plantado hace 20 años? ¿Qué se debería hacer para eliminar la indigencia? ¿Qué costo tendría su eliminación? ¿Cómo se financiaría la guerra a la indigencia? “Yo vivo de preguntar, saber no puede ser lujo... soy todo lo que se junta para vivir y soñar”.9
Para responder estas preguntas podemos soñar que viajamos a la isla de Agathotopia y les preguntamos a los isleños, aunque ellos no conocen la indigencia, qué harían si estuvieran en nuestro lugar. Al regreso del viaje, en una próxima nota, compartiremos algunas de las respuestas que obtuvimos, sabiendo que “no levanta vuelo el que se queda bajo la arboleda para no mojarse y evite lanzarse a esta polvareda”.10
Carlos Grau Pérez es economista, investigador del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve), docente universitario, máster en Economía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.
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La frase se le atribuye a Albert Einstein, aunque lo que dijo realmente fue: “Apenas se puede negar que el objetivo supremo de toda teoría es hacer que los elementos básicos irreductibles sean tan simples y tan pocos como sea posible, sin tener que renunciar a la representación adecuada de un solo dato de la experiencia”. Conferencia “Sobre los métodos de la física teórica”, 1933. ↩
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Grau Pérez, C (2021). Llegando tarde cuando es necesario hacerlo temprano y temprano cuando sería mejor hacerlo tarde (primera parte). Cinve. ↩
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Fernando Cabrera, “El tiempo está después”. ↩
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Philip Kindred Dick, escritor estadounidense de ciencia ficción. ↩
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Encuesta de Nutrición, Desarrollo Infantil y Salud (Endis), 2013, 2018, 2023. Ministerio de Desarrollo Social. ↩
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Brunet, G, Girona, A, Antúnez, L, Ares, G, Santin, V, Araújo, B, Silva, G, Ceriani, F, Guliucci, V, Mordecki, G, Fajardo, G (2024). Construcción de una canasta básica alimentaria con enfoque nutricional para la población uruguaya. Metodología y principales resultados. Observatorio del Derecho a la Alimentación en América Latina y el Caribe. CSIC, Udelar. ↩
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Burkhauser, R, Corinth, K, Elwel, J, Larrimore, J (2019). Evaluating the success of President Johnson’s war on poverty revisiting the historical record using a full-income poverty measure. NBER, Working Paper 26532. ↩
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Pereira, G. “El miedo a imaginar: los límites de nuestra imaginación política”, la diaria, 2/9/2026. ↩
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Silvio Rodríguez, “Escaramujo”. ↩
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Adrián Berra, “Décimas truncas”. ↩
