Sobre el dato de agosto
El índice de precios al consumo (IPC) aumentó 0,2% entre julio y agosto, lo que ubica el registro interanual en torno al 4,6%. Con este aumento, la inflación supera levemente la meta (4,5%), luego de varios meses de sobrecumplimiento. De hecho, la inflación llegó a situarse por debajo del piso que define el rango de tolerancia (3% a 6%) en marzo, cuando alcanzó el nivel más bajo desde agosto de 1956 (2,9%). Sin embargo, desde entonces, la dinámica de precios se fue acelerando gradualmente, recogiendo los sucesivos incrementos en los precios de los combustibles.
La inflación y su descomposición
El componente transable de la inflación (ver recuadro), que refleja la dinámica de precios para los productos que son sensibles al tipo de cambio y a los precios internacionales (dado que forman parte de los intercambios comerciales entre países), aumentó nuevamente en términos interanuales, ubicándose en el entorno de 2,4% (en febrero el aumento fue inferior al 1%, producto del bajo valor que tenía el dólar al comienzo del año). El componente no transable, que a diferencia del anterior captura la dinámica interna de los precios, también se aceleró durante agosto, superando nuevamente el umbral del 6% (algo que no ocurría desde hace un año).
En efecto, lo anterior pone de relieve la asimetría que ha caracterizado el comportamiento de la inflación en los últimos años. En efecto, los precios transables de la canasta de consumo evolucionan por debajo del piso del rango (3%) y los precios no transables evolucionan por encima del techo (6%). Esto es problemático, dado que el proceso de desinflación sería más sostenible si la evolución de estas dos dimensiones fuera más armónica y no tan dispar como ha sido desde que la inflación ingresó dentro del rango de tolerancia en junio de 2023.
Por otro lado, los datos del Instituto Nacional de Estadística también permiten desentrañar el comportamiento inflacionario tomando en cuenta la estabilidad de cada precio (si es volátil o estable) y la forma de fijación (si lo define el gobierno o no). Desde esta perspectiva, el aumento interanual de la inflación subyacente (que excluye frutas, verduras y combustibles) fue de 4,4%, y un poco menor si además se excluyen los precios administrados (4,2%).
Sobre la descomposición de la inflación
La inflación es la variación del IPC, que es el índice que refleja la evolución ponderada de los precios de una canasta representativa de consumo (ponderada porque cada producto tiene un peso que surge de considerar cuánto gastamos en él). Sin embargo, para entender mejor la evolución de la inflación es útil descomponer esa canasta en función de distintos criterios, como la estabilidad de cada precio (inflación subyacente y residual) y los mecanismos que están detrás de su formación (inflación transable, no transable y administrada).
Los indicadores subyacentes tienen como objetivo aproximarse al concepto de inflación tendencial, “constituyendo así una mejor aproximación de la inflación de largo plazo”. En otras palabras, consideran el núcleo más estable de los precios, sacando los productos volátiles (frutas y verduras), los combustibles y otros precios administrados.
Por otra parte, el indicador del índice de precios del consumo transable refleja la evolución de los precios de los productos comercializables con el resto del mundo, mientras que el no transable captura cómo se mueve el precio de los productos producidos y consumidos localmente.
En efecto, los datos del INE permiten contar con cuatro medidas alternativas y complementarias (dos medidas subyacentes, la de los transables y la de los no transables) para entender mejor el fenómeno inflacionario en el país.
Sobre las perspectivas
Según el último informe del Centro de Investigaciones Económicas, la inflación se moverá por encima del objetivo hacia el cierre del año, con registros que podrían ubicarse en el entorno del 5% entre diciembre y enero. Luego de ese pico, la inflación volvería a desacelerarse y podría situarse por debajo de la meta a partir de mayo del próximo año.
Para los analistas consultados por el Banco Central del Uruguay (BCU), la inflación cerraría este año en el entorno del 4,7% y se moderaría gradualmente en 2027 (4,6%) y también en 2028 (4,5%). De acá a dos años (horizonte relevante para la política monetaria), la mediana de las respuestas (que es la que queda en el medio cuando se ordenan de menor a mayor) se mantiene anclada en torno a la meta (4,5%) y todas las respuestas (que en total son 24) se mantienen dentro del rango de tolerancia (3% a 6%). En ese sentido, el BCU también destaca que “el 54% de los analistas se encuentran entre el valor mínimo (4,2%) y el 4,5%, siendo el máximo de 5%”.
Sobre la política monetaria
Semanas atrás, el Comité de Política Monetaria del BCU (Copom) decidió mantener la tasa de interés en 5,75%, el mismo nivel en el que se ubica desde marzo y que supone un sesgo expansivo.
De acuerdo con las minutas del encuentro, la aceleración de la inflación que estamos transitando era esperable, pero tendrá un carácter transitorio. En ese sentido, según señala el documento, las proyecciones de corto plazo indican que la dinámica de los precios volvería a desacelerarse en los próximos meses y se acercaría nuevamente a la meta de 4,5%.
No obstante, el Copom advierte que a mediano plazo la incertidumbre es mayor, producto del factor climático y la afectación que podría tener sobre los precios de algunos productos de la canasta, en particular las frutas y las verduras. A este respecto, destaca la incertidumbre en torno a la “magnitud, el momento preciso y los canales de transmisión” que podría tener este factor.
De todas formas, aclara el documento, “su impacto podría ser acotado a un conjunto específico de rubros y de carácter transitorio, por lo que no se consideró por el momento un riesgo alto que afecte la convergencia de la inflación hacia la meta en el horizonte de política monetaria”.
Además de las consideraciones asociadas al clima, el Copom también identifica como un riesgo para las perspectivas inflacionarias lo que puede llegar a pasar con el dólar (que sería un riesgo bajista, dado que se ha venido debilitando en el mundo) y con el conflicto geopolítico en curso.
Sobre la variación mensual de agosto
El aumento mensual de los precios estuvo por debajo de lo previsto en agosto. Las tres divisiones con mayor incidencia fueron las de transporte (0,5%), equipamiento del hogar (0,9%) y vivienda, agua y energía (0,3%).
Para el transporte, el informe destaca la incidencia del aumento en los pasajes de avión (6,2%), mientras que en el caso del hogar pesó más el aumento en servicio doméstico (2,2%), junto con los incrementos de los alquileres (0,3%), los servicios de albañilería (3,1%) y los gastos comunes (1,2%).
De las 13 divisiones sobre las que se estructura la canasta de consumo, tres exhibieron caídas de precios durante el mes: recreación y cultura (-0,1), bebidas alcohólicas y tabaco (-0,3%) y vestimenta y calzado (-2,5%).
En el caso de esta última, que fue la que exhibió el mayor retroceso durante el mes, la variación se explicó esencialmente por el efecto asociado a la liquidación de la temporada otoño-invierno, con caídas de precios de casi 5% en prendas para hombres, de 3% en prendas para mujeres y de 2,6% en el caso del calzado femenino.
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