“Abracadabra, hágase la banda”, coreaban los niños de varias escuelas y jardines públicos de Montevideo que esta semana llenaron el teatro Solís. La invitación de la intendencia capitalina era por la apertura de la tercera edición del programa Música en la Escuela, por el que desde 2023 la Orquesta Filarmónica y la Banda Sinfónica de Montevideo ya llegaron a más de 20.000 niños de centros educativos de la ciudad.

En el concierto de apertura se invitó a los niños, que en su mayoría llegaron al teatro por primera vez, a vivir la “Experiencia Solís”, lo que, entre otras cosas, implicó que los esperaran con alfombras de recibimiento, que en vez de rojas eran de varios colores. Además de banderas alusivas en la fachada del teatro, en la explanada también esperaban acróbatas en zancos y malabaristas que se llevaron toda la atención de niñas y niños.

En el escenario se presentaron la Banda Sinfónica de Montevideo y el proyecto musical Villazul, a cargo del músico Fabián Marquisio, que presentaron el espectáculo Villazul sinfónico. Música para aprender, con invitados como Samantha Navarro, Damián Lezcano, Christian Font, Matías García, Anita Valiente, Mariano Martínez y Aldana Cardozo. Durante un poco más de una hora compartieron canciones que tratan sobre acciones cotidianas en la vida de los niños como ir a la escuela, vestirse, ir al baño o andar en bicicleta, y también acerca de algunas cosas que a esas edades empiezan a conocer, como el orden de los días de la semana o el nombre de los océanos.

La actividad de lanzamiento atrapó a niñas y niños auditiva y visualmente. De hecho, por momentos, los gritos para interactuar con el espectáculo valieron para contrarrestar todo el silencio que la sala principal del teatro ha tenido que soportar en las obras pensadas para adultos. De todas formas, la propuesta de la Intendencia de Montevideo (IM), que comenzará a visitar escuelas el 10 de abril, se propone un movimiento a la inversa y que sean los músicos quienes deban trasladarse a los centros educativos para realizar un espectáculo denominado El misterio musical de Sheila Veloz.

Después de una experiencia piloto en 2022 y de la intervención de la dramaturga Florencia Caballero y de los arreglos de Franco Polimeni, la banda y la orquesta lograron generar una propuesta que incluye música, experimentación y juego. La propuesta partió del Departamento de Cultura de la IM, que les propuso a los músicos pensar en algo que contribuya a la democratización de la música sinfónica.

En diálogo con la diaria, Martín García y Martín Jorge, directores de la Orquesta Filarmónica y de la Banda Sinfónica de Montevideo, respectivamente, detallaron que la propuesta, que ya ha recorrido más de 80 escuelas y este año prevé visitar otras 40, apunta a “dar a conocer a los niños el ritual de la preparación para un concierto”. Según detallaron, este ocurre desde que los músicos se instalan y comienzan a afinar los instrumentos.

El espectáculo, al que definen como una “experiencia musical”, cuenta la historia de la protagonista, Sheila Veloz, que transcurre en una escuela pública uruguaya, la número 440. El eje es la música, que a veces acompaña una narración, pero en otros tramos se vuelve el componente central. “También hay juegos, hay momentos para interactuar, para descubrir qué instrumento está sonando. Son unos 45 o 50 minutos dinámicos”, resumió García.

Por su parte, Jorge indicó que la historia es “muy uruguaya” y eso genera mucha cercanía con niños de distintas edades. Según dijo, la propuesta, que reúne a unos 300 niños en cada función, es bien recibida por grupos de cuatro o cinco años, pero también por los más grandes de la escuela.

Según explicó Débora Quiring, directora de Cultura de la IM, la propuesta consiste de tres etapas. Además de la actuación en los centros educativos, está la apertura y el cierre del ciclo, ambos en el teatro Solís, y en las escuelas también se deja un juego de mesa: ¡Rescate batuta! Se trata de un juego en el que uno de los directores pierde su batuta y, por lo tanto, hay que salir a buscarla por distintos edificios icónicos de Montevideo en un tablero transitable, al mismo tiempo que van componiendo una partitura.

Objetivo de democratizar la música sinfónica

Quiring contó que la iniciativa comenzó a gestarse desde que la actual gestión de la IM asumió el gobierno departamental, proceso que estuvo marcado por la pandemia de covid-19, que afectó particularmente a la educación y a las infancias. En ese marco, junto con los directores se pusieron a pensar de qué manera podían generar un mayor vínculo entre el sistema educativo y el elenco de artistas contratados por la comuna.

Si bien tanto la Banda Sinfónica como la Orquesta Filarmónica tenían distintas experiencias previas con escuelas y liceos, como un concierto a cargo de la banda en el marco del programa Artistas en el Aula, de Ceibal, Música en la Escuela es la primera experiencia en conjunto entre los dos elencos musicales.

Más allá de que estuvieron un año entero dándole forma a la idea, Quiring, que en ese momento se desempeñaba como directora de Promoción Cultural dentro del Departamento de Cultura, recordó que siempre estuvo claro el objetivo principal: “Derribar el prejuicio elitista y de clase en torno a la música sinfónica”. Según explicó, la idea central es que dicho género musical “puede estar al alcance de todos” y que no sea necesario ser un conocedor especializado para poder disfrutarlo. “Con que los chiquilines sepan que esto existe, el objetivo está cumplido”, dijo con relación a lo que se plantearon inicialmente, cuando también apuntaron sobre todo a escuelas de contextos socioeconómicos desfavorables.

Para fundamentarlo, citó una frase del payador Atahualpa Yupanqui, que decía que “nadie ama lo que no conoce”. En ese sentido, más allá de dar a conocer el género musical, apostaron por generar un diferencial a través del hecho artístico en vivo. “Muchos no tienen la experiencia del concierto y así te da lo mismo escucharla en el celular o en otro lado. Esto es realmente una experiencia de un impacto enorme, porque tenés un grupo de 25 músicos de la banda o de la orquesta en vivo. La experiencia es hasta física, las vibraciones las sentís en el cuerpo”, sostuvo la jerarca.

Mientras realizaban la experiencia piloto para ajustar la propuesta, Jorge recordó que enseguida se dieron cuenta de que los niños “se colgaban”. “Escuchaban el sonido en vivo y entraban a levantar la cabeza para ver de dónde venía, a ver qué instrumento era. Nos dimos cuenta de que no había ningún espectáculo que reflejara lo que nosotros queríamos contar sobre la importancia de la música sinfónica”, contó el director.

Al respecto, García consideró que enseguida se dieron cuenta de que lo que tenían para ofrecer era “un tesoro”, en el sentido de que tomaron conciencia de que la música que hacen “va a gustar, va a impactar, va a sorprender, va a generar interés, y es algo que pasa siempre”. Según él, esto se relaciona con la posibilidad de ver en vivo a esa cantidad de músicos, con instrumentos que a los niños les resultan “rarísimos”.

“Cada uno con sus formas –algunos son de metal, con todas esas vueltas que no se sabe dónde empiezan ni dónde terminan– genera fascinación. Incluso, después de que la experiencia termina, lo primero que quieren hacer los niños es acercarse a mirar por qué el instrumento tiene una parte que es brillante y otra que es de madera, cómo se toca y cómo suena”, detalló el director de la orquesta. Además, García señaló que también se dieron cuenta de que algunas melodías de la música sinfónica a veces eran parte de la vida cotidiana de los niños de manera mucho más clara de lo que imaginaban.

“La magia del hecho artístico”

“Es la magia del hecho artístico; la música en vivo transforma, emociona”, respondió Quiring, consultada acerca del origen de dicha fascinación. Por su parte, tanto García como Jorge destacaron la dimensión colectiva del concierto en vivo. “No sólo es tocar música juntos, es una escuela de vida, y me gusta decir que es como una preparación para la ciudadanía, en cierta manera. Uno aprende cuándo tiene que hablar, cuándo tiene que escuchar, cuándo hay que jugar un rol, pero también es la experiencia de escuchar en grupo, tiene un aspecto tribal, comunitario”, afirmó García.

Al respecto, Jorge dijo que ocurre algo similar con el deporte, que también contribuye a generar convivencia. Sobre la música en la escuela, dijo que antes era más común cantar junto con todos los compañeros, pero es algo que se ha ido perdiendo en los últimos tiempos.

El director de la banda destacó el valor de la propuesta en algunos barrios de la periferia de la ciudad, y recordó que, al momento de despedir a los artistas, la directora de una escuela de Paso de la Arena les agradeció por haber asistido y puso énfasis en que, de otra manera, los escolares nunca hubieran conocido un evento de ese tipo. “No tienen idea de lo que significa el aporte de esta construcción, aunque no vengan nunca más, aunque lo hayan vivido sólo hoy”, les dijo en ese momento la docente, y sus palabras lo dejaron “shockeado”.

García, por su parte, observó que, al contrario de lo que alguna gente cree, cuando eran chicos, a los músicos de la banda y la orquesta les pasó lo mismo que a los niños que ahora los escuchan en las escuelas. “Hubo alguna primera experiencia, cada uno tuvo su epifanía; o fue a un concierto y escuchó una música que lo impresionó, vino una orquesta al barrio o se acercó a un pariente que tocaba un instrumento”, dijo, y consideró que al momento de concurrir a los centros educativos, de alguna manera, reviven ese primer acercamiento con la música sinfónica.

Consultado sobre si al momento de pensar la obra tuvieron que hacer algún tipo de sacrificio artístico, Jorge respondió que, precisamente, el éxito de la propuesta radica en que no hubo que hacerlo. Si bien recordó que en un inicio habían pensado en una propuesta que iba por el camino de los músicos y no por el de los niños, después de “buscarle la vuelta” encontraron una propuesta que “musicalmente no sacrifica nada”. “Lo que nos parecía fundamental que estuviera, que es un marco de música clásica, está. Y a eso le fuimos sumando los otros complementos que necesitábamos para que eso realmente fuera entregado de la manera correcta, porque si llegamos, nos sentamos y tocamos, hay algo que no va a funcionar”, resumió.

Según dijo, lo que hacen la Banda Sinfónica y la Orquesta Filarmónica a través del programa es algo único en el mundo. En ese sentido, destacó que sólo en las escuelas realizan 40 actuaciones por año, a lo que se suman los conciertos regulares, cuando lo más habitual para este tipo de elencos es tener entre 18 y 22 conciertos anuales.

Para Quiring, la idea es que Música en la Escuela funcione como una “puerta de acceso” a otras acciones de política pública que realiza la IM a través del Departamento de Cultura. Por ejemplo, habló de la realización de conciertos de la banda y la orquesta en los barrios o de las propias temporadas de ambos elencos en salas más céntricas. Además, recordó la existencia de la Escuela de Música Vicente Ascone, que recibe alumnos de manera libre y gratuita a partir de los 11 años.

“Una fiesta estética” con “infinitas posibilidades” de continuar trabajando en la escuela

Además de ser maestra, la nueva subdirectora de Educación Inicial y Primaria, Selva Pérez, es profesora de Educación Musical. Consultada por la diaria sobre la relevancia del programa, que se implementa en articulación con la Administración Nacional de Educación Pública, respondió que debe resaltarse la articulación interinstitucional para el mejor aprovechamiento de los fondos públicos.

Pérez consideró que la propuesta es “interesantísima” desde el punto de vista pedagógico y didáctico, ya que permite desechar “algunos mitos que andan alrededor de la música sinfónica, muchas veces entendida como música culta”. En nuestra sociedad, dijo, “venimos de una formación de la educación musical muy decimonónica” en la que se da por supuesto que sólo algunos pocos talentosos tienen nivel para crear la música sinfónica, y que el género es sólo para que escuchen “quienes tienen determinado nivel cultural y económico”, e incluso que los instrumentos son sólo para un tipo de música.

La jerarca valoró que, “por suerte”, se pudo salir de ese lugar y, por ejemplo, visualizar que “con esos instrumentos puede haber una orquesta tocando música popular”. Al mismo tiempo, señaló que el programa permite “acercar el instrumento” a los niños, para que puedan “tener la experiencia de ver cómo es y cómo suena, e incluso despertar las ganas de poder ejecutar un instrumento de ese tipo”. Pérez también destacó que los músicos “tienen mucho para contar” a los niños, por ejemplo, acerca de “qué significa ser violinista o trompetista en una orquesta”.

Como otro de los aportes de la propuesta, la subdirectora valoró la posibilidad de “escuchar buena música” en lo que definió como “una fiesta estética”, porque pone a los niños en contacto con “una propuesta extremadamente cuidada”. Pérez comparó el acercamiento a este tipo de música con el que se da con algunas comidas, cuando algunos niños dicen que no la quieren comer porque no les gusta. “¿Realmente la probó?”, se preguntó, y dijo que para que al niño pase a gustarle muchas veces es necesario acercarle el alimento de otra manera, por ejemplo, jugando o apelando a movilizar otros sentidos además del gusto, para que su paladar se acostumbre a ese sabor distinto. “En la música pasa lo mismo; es una formación estética integral”, resumió.

Respecto de las opciones de continuar trabajando el tema para las maestras o los profesores de educación artística, Pérez aseguró que el programa brinda posibilidades “infinitas”, que “dependerán de la afinidad que tenga el docente con la propuesta”. En ese sentido, dijo que los profesionales de la educación “pueden valerse de esa experiencia para seguirla ampliando, y que en esa ampliación vayan entrando otras disciplinas u otras áreas de conocimiento”.