Campus del Sur, organizado por Ceibal, tuvo su apertura el martes en la sala Zitarrosa. En esa instancia, el director nacional de Educación, Gabriel Quirici, resaltó la labor de los docentes y su compromiso con la formación continua para regresar a sus centros educativos con herramientas renovadas.

En su octava edición, Campus del Sur –anteriormente conocido como Escuela de Verano de Ceibal– se consolida durante tres días como un espacio de formación y reflexión educativa que trasciende el calendario lectivo. El encuentro de verano convocó en su primer día a docentes y académicos para compartir talleres y conferencias orientadas a pensar en base a cinco áreas temáticas principales: innovación pedagógica; ciudadanía digital e inclusión; tecnología, ciencia y matemáticas, lengua y comunicación.

Una de las primeras actividades del programa, enmarcada en el área temática ciudadanía digital e inclusión, fue la conferencia Educación inclusiva: claves para su análisis crítico, que reunió a especialistas vinculados al tema. Rebeca Anijovich, Soledad Pascual, Fernando González Perilli y Rafael Sánchez Montoya participaron en este espacio para abordar la inclusión educativa desde distintas miradas, poniendo el foco en los desafíos que presenta el sistema, las prácticas docentes.

“Entendemos la diferenciación como una condición necesaria para la enseñanza”

Anijovich, magíster en Formación de Formadores de la Universidad de Buenos Aires y docente de posgrado en la Universidad de Flacso y en la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, estuvo a cargo de la apertura de la mesa y durante su ponencia propuso abordar la inclusión desde una perspectiva pedagógica. Según detalló, ello parte del reconocimiento de la diversidad de los estudiantes como una condición del aula y no como un problema a resolver.

“Entendemos la diferenciación como una condición necesaria para la enseñanza”, compartió Anijovich, y sostuvo que no hay dos estudiantes iguales. Según completó, las diferencias vinculadas a intereses, trayectorias, modos de aprender y contextos sociales o familiares deben ser el punto de partida para pensar la enseñanza, la evaluación y la planificación didáctica.

Además, Anijovich recuperó algunos aportes teóricos para subrayar la importancia de conocer a los estudiantes más allá de su desempeño académico y de ofrecer múltiples “puertas de entrada” al conocimiento. También destacó experiencias como las escuelas multigrado, donde la convivencia de diversas edades permite aprovechar la heterogeneidad como una oportunidad pedagógica.

Otro eje de su exposición fue el rol del estudiante como protagonista de su propio aprendizaje, el cual habla de un individuo con mayor autonomía y capacidad de elección dentro de marcos comunes. En ese sentido, remarcó la necesidad de habilitar opciones sin renunciar a los aprendizajes fundamentales, como la alfabetización, y de desplazar una lógica homogénea de la escuela hacia modelos más flexibles.

Finalmente, señaló que una enseñanza diversificada requiere rutinas claras, buenos desafíos y andamiajes adecuados, así como una evaluación formativa que acompañe procesos y evite clasificar o penalizar diferencias. Para Anijovich es importante “formar estudiantes” para “un mundo cambiante”, en el que la escuela se debería presentar como un lugar capaz de entender las diversidades para “alojarlas”.

Foto del artículo 'Especialistas hablaron sobre educación inclusiva y pidieron dejar de pensar la diversidad de estudiantes como un problema'

Foto: Alessandro Maradei

“Pensar la diversidad, transformar la escuela”

Por otra parte, Pascual, educadora social y licenciada en Ciencias de la Educación por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE) de la Universidad de la República (Udelar), centró su intervención en la necesidad de repensar la diversidad como una herramienta para transformar la escuela y no como un problema a gestionar. Planteó durante su intervención que la diversidad sigue generando incomodidad en el sistema educativo y que, lejos de ser una cuestión resuelta, continúa interpelando a docentes e instituciones.

Desde una perspectiva más conceptual, propuso analizar cómo se ha construido históricamente la idea de diversidad, tanto en la escuela como en la sociedad, y asumir que el sistema educativo es parte de un entramado social más amplio. En ese sentido, invitó a “levantar la mirada” y comprender que las formas de educar y de nombrar la diferencia producen sentidos y efectos concretos.

A partir de experiencias personales y ejemplos históricos, Pascual planteó que la diferencia ha sido muchas veces leída como déficit o incapacidad, una lógica que, en paralelo, también atraviesan las prácticas docentes y las instituciones educativas. En ese sentido, advirtió que el sistema educativo moderno se construyó sobre una idea de igualdad asociada a la homogeneidad: grupos de la misma edad, realizando las mismas actividades, en los mismos tiempos y espacios.

Esa concepción, sostuvo, está en los cimientos de la escuela y de la formación docente, lo que explica la dificultad para transformarla. Frente a ello, propuso revisar críticamente el formato escolar, pensado para homogeneizar, clasificar y normalizar, y que tiende a significar lo diferente como problema.

Asimismo, Pascual propuso un cambio de posicionamiento docente para dejar de pensar la diversidad como “un problema a resolver” y asumirla como un desafío del que los docentes son parte. Estar “en problemas”, señaló, implica reconocerse involucrados en la situación y recuperar capacidad de acción. “Disputar el sentido de lo diverso”, concluyó, es clave para “abordar lo distinto saliéndonos de la idea del problema”, y empezar a reconocerlo como una riqueza constitutiva de la condición humana y, a su vez, de los ámbitos de enseñanza.

Inclusión, tecnología y diseño participativo en el aula

A partir de investigaciones desarrolladas en diálogo directo con la práctica docente y las dinámicas reales de las aulas, González Perilli abordó durante su exposición la relación entre inclusión educativa y tecnología, apoyándose en su experiencia en proyectos interdisciplinarios.

Gónzalez Perilli es docente en la Facultad de Información y Comunicación de la Udelar y doctor en Percepción, Comunicación y Tiempo por la Universidad Autónoma de Barcelona, y en su intervención contó sobre su trabajo de más de una década en un equipo interdisciplinario dedicado al diseño participativo de herramientas tecnológicas para la educación.

Desde esa experiencia, sostuvo que uno de los principales aprendizajes de sus investigaciones es que la inclusión y la participación están presentes en todas las aulas, y que no dependen exclusivamente de la voluntad individual de las maestras, sino de los escenarios complejos en los que se enseña y se aprende.

El especialista explicó que el proyecto en el que trabajaron está integrado por ingenieros, psicólogos, diseñadores y docentes, y fue realizado en articulación con la Udelar y Ceibal. Para este trabajo partieron de una revisión crítica de la mirada académica tradicional, que tiende a simplificar la realidad escolar. Al entrar en las aulas, señaló, esa mirada se enfrenta con una diversidad mucho más compleja: estudiantes con distintas trayectorias, ritmos, apoyos, acompañantes y formas de participar, lo que obliga a replantear las estrategias de intervención.

En ese contexto, destacó el valor del diseño participativo, una metodología que involucra desde el inicio a quienes usarán las herramientas tecnológicas –docentes y estudiantes– para comprender sus necesidades, preferencias y estrategias ya existentes. Lejos de llevar soluciones cerradas, contó que este enfoque permite reconocer el saber pedagógico que ya circula en las aulas y adaptar la tecnología a prácticas reales, en lugar de imponer dispositivos que no dialogan con el contexto.

A través de distintos proyectos e instancias de trabajo, González mostró cómo el uso de tecnologías combinadas con materiales tangibles, el trabajo colaborativo y la posibilidad de realizar actividades diversas dentro de un mismo espacio favorecen la inclusión al habilitar que distintos estudiantes hagan cosas distintas, colaboren o se complementen según sus posibilidades.

En esa línea, remarcó que diseñar para la inclusión implica pensar no solo en el artefacto tecnológico, sino en los vínculos, las actividades y las dinámicas que ese artefacto habilita.

La influencia de la inteligencia artificial adaptada a las necesidades educativas

Por su parte, Sánchez Montoya centró su intervención en el papel que puede desempeñar la inteligencia artificial (IA) en la inclusión educativa. Sostuvo que estas herramientas pueden funcionar como un “ecualizador” de oportunidades, en la medida en que permiten ajustar propuestas, ofrecer apoyos personalizados y adaptarse a las necesidades específicas de cada estudiante.

Desde su perspectiva, la IA no reemplaza al docente, sino que actúa como un recurso de acompañamiento capaz de potenciar aprendizajes y disminuir barreras. A través de sistemas que analizan ritmos, dificultades y estilos de aprendizaje, explicó que es posible brindar apoyos más ajustados, facilitar el acceso a contenidos y habilitar que estudiantes que enfrentan mayores obstáculos puedan alcanzar metas que, sin estas herramientas, les resultarían más difíciles.