Mayra Acosta tenía 36 años. Se perdieron sus rastros los primeros días de diciembre de 2019. El 4 de enero de este año su familia presentó la denuncia y fue ingresada como “ausente” en el Departamento de Registro y Búsqueda de Personas Ausentes de la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado e Interpol.

Algunos de sus restos óseos aparecieron el 22 de junio cercanos a un contenedor, en el barrio La Unión, en Montevideo. Vecinos del barrio alertaron a la Policía sobre la presencia de los huesos al costado de un contenedor en las inmediaciones de Miguel Ángel y Rodríguez Castelao. Luego, la Policía pudo establecer que el resto de los huesos de la mujer estaban en una fosa séptica de una casa de la zona.

La Dirección Nacional de Policía Científica, tras procesar lo hallado en el Laboratorio Biológico, pudo establecer que correspondían a la mujer desaparecida. A través del ADN de la víctima, y al compararlo con la base de datos del Registro Nacional de Huella Genética, establecieron su identidad. El padre de la víctima se había presentado voluntariamente meses atrás para brindar una muestra de su ADN, y esto fue fundamental para llegar a esta conclusión.

Ahora la investigación sigue su curso para encontrar el móvil y los responsables del delito.