A pocas semanas de que se reactive la Bancada Bicameral Femenina, después de cuatro años sin funcionar, Uruguay es sede del Encuentro de Mujeres Políticas de América Latina, que desde el miércoles y hasta este viernes reunirá a referentes políticas de distintos países de la región. En el marco de ese encuentro –que fue organizado por la organización Idea Internacional–, se llevó a cabo el seminario “Geopolítica, multilateralismo y riesgos para la democracia paritaria en el nuevo orden internacional”, que contó con la conferencia magistral de la expresidenta chilena Michelle Bachelet.

Antes del discurso de la ex alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la vicepresidenta de la República y presidenta de la Asamblea General, Carolina Cosse, dio la bienvenida con un breve discurso en el que dijo que Uruguay “es la esperanza del mundo” y que, para “consolidarla”, no hay que “dejar a nadie atrás”. En ese sentido, aseguró que “dejar a las mujeres atrás sería el mayor error político que las democracias del mundo pueden cometer”. Por lo tanto, “la lucha por la paridad no es una lucha del sistema político”, sino “una lucha con, por y para la sociedad y para la democracia”.

En su exposición, Bachelet –actual candidata a la Secretaría General de la ONU– esbozó un diagnóstico sobre el contexto global y regional, analizó la situación actual del multilateralismo, repasó los “riesgos que amenazan nuestras democracias”, abordó el impacto que todo esto tiene sobre las mujeres y además, específicamente, cómo incide en su participación en la política.

Al hablar sobre este último tema, en particular, afirmó que “Uruguay es un ejemplo de lucha y una paradoja”, en tanto ha sido pionero en materia de derechos políticos para las mujeres pero hoy en día es uno de los más rezagados en términos de participación.

Panorama global y regional: “tragedia a escala global” y desigualdad estructural

La exmandataria aseguró que hoy vivimos en “un contexto internacional cada vez más fragmentado, polarizado, competitivo y de profunda incertidumbre”, en el que ha habido un “resurgimiento de conflictos armados”. Dijo además que, a nivel global, “marcan este tiempo” el “uso desproporcionado de la fuerza y el preocupante retroceso en el respeto al derecho internacional humanitario”, con conflictos en distintos países que “nos confrontan con una tragedia de escala global”, a la que se suman “la pobreza y el hambre”.

Por otro lado, advirtió sobre las consecuencias del cambio climático y del “vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial”, que a su entender “redefine la economía, la sociedad y el futuro del trabajo”, que implica “amenazas como los deepfakes que pueden manipular la realidad con videos y audios falsos”, además de los “riesgos de ciberseguridad” y “la industria de las desinformaciones”, que “pueden ser amplificadas e incluso legitimadas por discursos políticos irresponsables”.

Respecto de América Latina, Bachelet se refirió a “desafíos estructurales como la desigualdad”, no solo en términos de “una distribución profundamente inequitativa de riqueza, sino también de desigualdad territorial, de género, de derechos y oportunidades, y una creciente sensación de abandono por parte de amplios sectores sociales que no encuentran respuestas satisfactorias en la política ni en los partidos tradicionales”. A esto se suman “la violencia creciente, el crimen organizado –que traspasa fronteras, socava el estado de derecho y erosiona aún más la confianza en las instituciones– y la impunidad, la corrupción y los sistemas judiciales ineficientes que también debilitan los cimientos del contrato social”.

Un multilateralismo “más centrado en las personas” contra los “proyectos autoritarios”

En este escenario, frente a problemas “que traspasan fronteras y están profundamente interconectados unos con otros”, Bachelet dijo que “es indispensable el multilateralismo”. Habló de la aparición de un “orden mundial multipolar, en el que el poder se distribuye entre varios actores con visiones diferentes, plantea desafíos significativos de gobernanza global, porque hay una transición de un sistema concentrado del poder hacia uno más fragmentado”. Según dijo, “este nuevo escenario exige adaptarse a una mayor pluralidad de intereses y reforzar el multilateralismo más allá de los enfoques dominantes del pasado”.

Por eso, abogó por “un multilateralismo más representativo, inclusivo y centrado en las personas”, que además “sea capaz de responder a los desafíos globales del mundo de hoy”, entre los que se encuentra “avanzar en igualdad de género en todos los niveles del sistema internacional, lo que implica los espacios, pero también transformar las dinámicas de poder que históricamente han marginado a las voces femeninas, en particular la de las mujeres del sur global, los pueblos indígenas, afrodescendientes, rurales, de comunidades étnicamente excluidas”.

La política chilena también dedicó una parte a los “riesgos” que hoy enfrenta la democracia y consideró que, en el centro, está “la profunda desconexión entre instituciones y personas”. “Muchas personas se sienten desatendidas, invisibilizadas o excluidas del proceso de toma de decisión. La gente desconfía de las instituciones, pero también de las políticas y los políticos, porque la experiencia les ha enseñado que las promesas rara vez se cumplen”, apuntó, y dijo que es esta desconexión la que “ha generado el caldo de cultivo perfecto para el avance de actores populistas, outsiders y proyectos autoritarios”.

En esa línea, afirmó que, “históricamente, en la región, estábamos acostumbrados a que la democracia terminaba con golpes de Estado” y, en cambio, “hoy lo que vemos es que hay gobernantes que son electos democráticamente, que llegan al poder por el voto, pero una vez allí en el poder hacen todo lo posible para erosionar el estado de derecho argumentando que esto fue lo que prometieron y que lo están cumpliendo”.

La urgencia de la paridad y la “paradoja” uruguaya

En este contexto, Bachelet señaló que “un desafío que no podemos ignorar es la búsqueda de la equidad de género en todo ámbito, porque ninguna sociedad alcanzará su potencial de desarrollo dejando fuera a la mitad de la población”. A su vez, afirmó que “la participación plena y efectiva en condiciones de igualdad de las mujeres no es solo una cuestión de justicia”, sino “una condición indispensable para la legitimidad, la pertinencia y la eficacia de nuestras decisiones colectivas”.

La expresidenta repasó algunas cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe: que 36% de los escaños parlamentarios en la región están ocupados por mujeres, que en los gabinetes ministeriales solo ocupan 22,4% de los puestos y que “la presencia en cargos ejecutivos locales sigue siendo aún mucho menor”.

En este mapa, “Uruguay es un ejemplo de lucha y una paradoja”, enfatizó Bachelet, en tanto “es el país que tiene una de las democracias más estables y con mayor credibilidad electoral de la región”, tiene una “historia pionera” al haber sido el primer país de América Latina “en otorgar a las mujeres derechos políticos plenos en 1932” y, sin embargo, “esta actual normativa” –en referencia a la ley de cuotas vigente– “no siempre se ha traducido en participación efectiva”. Por eso lamentó que el proyecto de ley de paridad presentado en la legislatura pasada haya fracasado.

Por las dudas, y en una sala repleta de nuestro Palacio Legislativo, la referente chilena recordó que la presencia de mujeres en el Parlamento uruguayo no llega a un tercio, que sólo una mujer es intendenta en 19 departamentos y que en el Poder Ejecutivo “las cifras son mejores” porque “en 2025 las mujeres ocuparon 35,7% de los cargos ministeriales y 42,9% de los cargos de nivel de viceministerial”. “Son avances reales y hay que continuar avanzando”, agregó.

Antes de terminar, hizo hincapié en que, más allá de las normas electorales, “existen condiciones estructurales que limitan el acceso de las mujeres al liderazgo político”, como las brechas que persisten en los salarios y en las tareas de cuidados, y la violencia de género que enfrentan las mujeres políticas. “Si el mundo es complejo hoy día”, resumió, “los desafíos en las próximas décadas serán complejos y, para enfrentarlos, necesitamos un multilateralismo renovado, democracia fuerte y mujeres plenamente incluidas en todos los espacios de decisión”.

Encuentros paralelos

En su visita exprés a Uruguay, Bachelet mantuvo una reunión con el presidente Yamandú Orsi, el canciller Mario Lubetkin y el prosecretario de Presidencia, Jorge Díaz. No trascendió información oficial sobre el contenido de la conversación, aunque la expresidenta chilena apuntó en sus redes sociales que dialogaron “sobre el estado de la democracia, la importancia de fortalecer el multilateralismo y la urgencia de avanzar hacia un desarrollo más justo, inclusivo y sostenible para nuestras sociedades”.

La política chilena también mantuvo encuentros con referentes del Partido Colorado como el expresidente Julio María Sanguinetti, el exvicecanciller Nicolás Albertoni y el senador Andrés Ojeda. También se reunió con el excanciller Enrique Iglesias.