Paysandú fue escenario el miércoles 30 de setiembre del conversatorio “El trabajo en tiempos de inteligencia artificial”, organizado en el marco del Día del Futuro de la diaria. Especialistas, autoridades y representantes del sector tecnológico debatieron sobre cómo la automatización está transformando el empleo y qué desafíos plantea para la educación, la productividad, la participación de las mujeres, el papel del Estado y la distribución de sus beneficios.
La actividad se realizó en el Polo Educativo Tecnológico 2 y contó con la participación de Pedro Russi, docente e investigador de la Universidad de la República; Florencia Iglesias, vicepresidenta de Género y Equidad de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información; Pablo Álvarez, vicepresidente de Antel; y Carolina Aguerre, docente de la Universidad Católica del Uruguay. La bienvenida estuvo a cargo del director del Polo Educativo Tecnológico, Pablo Ledesma, y del intendente de Paysandú, Nicolás Olivera.
La conversación partió de una constatación compartida: la inteligencia artificial (IA) ya está modificando la forma en que se organiza el trabajo, pero sus efectos no serán iguales para todos. Mientras que algunas tareas podrán automatizarse y otras se transformarán, el nuevo escenario también obliga a discutir qué capacidades necesitarán los trabajadores, cómo se distribuirán los beneficios de una mayor productividad y qué papel deberá asumir el Estado.
¿Quién se queda con los beneficios?
Desde Antel, Álvarez puso el énfasis en una cuestión económica y política: si la IA permite aumentar la productividad, ¿quién se queda con los beneficios de ese aumento?
El vicepresidente de la empresa pública sostuvo que no alcanza con analizar cuánto puede producir una nueva tecnología. También es necesario discutir cómo se distribuyen las ganancias y qué impacto tendrán sobre los trabajadores.
En esa línea, planteó que el debate sobre IA debe incorporar necesariamente temas como desigualdad, salarios, jornada laboral, capacitación y legislación laboral.
Álvarez también remarcó la importancia del Estado y de la democracia para definir el rumbo de estas transformaciones. A su entender, Uruguay debe mantener abiertas distintas opciones y contar con mecanismos democráticos para decidir cómo se incorporan estas tecnologías.
La IA también puede tener efectos positivos cuando se aplica a áreas como la investigación científica y la salud, donde puede contribuir al análisis de información y mejorar determinados procesos de diagnóstico, indicó.
Más que máquinas: el futuro del trabajo
Uno de los principales ejes de la jornada fue la necesidad de diferenciar entre empleos y tareas. La incorporación de IA y otras tecnologías no necesariamente significa que una profesión desaparezca, sino que algunas de las tareas que la componen pueden ser automatizadas, indicaron los expertos.
Aguerre señaló que la robótica y la automatización ya están comenzando a modificar actividades que hasta hace poco estaban asociadas exclusivamente al trabajo humano. Sin embargo, planteó que la incorporación de robots en determinados sectores industriales todavía enfrenta una importante barrera económica: el costo debería reducirse considerablemente para que su utilización alcance una escala significativa.
Pedro Russi, Florencia Iglesias, Pablo Álvarez y Carolina Aguerre, en el Polo Educativo Tecnológico Nº 2 de Paysandú.
Foto: Santiago Fleitas
La especialista también destacó las oportunidades que estas tecnologías pueden generar para Uruguay, particularmente en sectores vinculados a la producción agropecuaria. En ese sentido, sostuvo que la automatización no debería pensarse únicamente como una herramienta para reducir costos, sino como una posibilidad para potenciar las capacidades de los trabajadores y generar nuevas oportunidades. “Automatizar para potenciar” fue, en ese sentido, una de las ideas fuerza de su exposición.
Una brecha que no se soluciona solamente con tecnología
Para Pedro Russi, el problema de la brecha tecnológica va mucho más allá de tener o no acceso a una computadora, un teléfono celular o internet. El docente e investigador advirtió que la verdadera brecha también se construye a partir de la capacidad de comprender qué significa la tecnología y cómo modifica nuestras formas de pensar, trabajar y relacionarnos.
Desde esa perspectiva, planteó la necesidad de fortalecer los procesos educativos y pedagógicos. El desafío, según el docente, no consiste solamente en entregar dispositivos, sino en desarrollar las capacidades necesarias para comprender y utilizar esas herramientas.
Russi también llamó a evitar las predicciones excesivamente deterministas sobre el futuro. Recordó que a lo largo de la historia se han realizado pronósticos equivocados sobre tecnologías que posteriormente transformaron profundamente la sociedad, como el teléfono, la televisión o las computadoras. Por eso, propuso una pregunta que atravesó buena parte de su intervención: ¿qué estamos discutiendo cuando hablamos de IA? ¿La tecnología, los dispositivos, el poder, las decisiones políticas o las narrativas sobre el futuro?
Mujeres y tecnología: una brecha que persiste
Otro de los temas abordados durante las casi dos horas de encuentro fue la participación de las mujeres en el sector tecnológico.
Desde la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI), Iglesias explicó que, pese al crecimiento de la industria y a iniciativas destinadas a incorporar más mujeres a las áreas tecnológicas, la participación femenina continúa siendo un desafío.
La representante de la CUTI destacó el papel de iniciativas educativas como Plan Ceibal y sostuvo que nadie puede elegir estudiar o trabajar en un área que no conoce.
Día del Futuro en el Polo Educativo Tecnológico Nº 2 de Paysandú.
Foto: Santiago Fleitas
También señaló que las transformaciones recientes del sector tecnológico han generado dificultades adicionales para la incorporación de las mujeres. Por eso, reclamó un trabajo conjunto entre Estado, empresas y sistema educativo, con mayor capacitación y responsabilidad en el uso de las nuevas tecnologías.
Para Iglesias, las empresas no deberían limitarse a incorporar IA, sino también generar condiciones para que los trabajadores puedan comprenderla y utilizarla adecuadamente.
Uruguay ante un cambio que ya comenzó
A lo largo del debate apareció una coincidencia: la IA no es una cuestión exclusivamente tecnológica. Su impacto alcanza al empleo, la educación, la producción, la desigualdad, la democracia y el papel del Estado.
Uruguay parte, según los participantes, de una posición particular en la región, con políticas públicas que han permitido ampliar el acceso tecnológico y con un sector que ha generado miles de puestos de trabajo. Pero el nuevo escenario plantea desafíos diferentes.
La discusión ya no pasa solamente por quién tiene acceso a la tecnología, sino por quién tiene las capacidades para utilizarla, quién controla su desarrollo y quién recibe los beneficios que genera.
En Paysandú, el Día del Futuro convocó a más de 100 asistentes y sirvió así para poner sobre la mesa varias preguntas, pero una en particular: cómo prepararse para un futuro que, en buena medida, ya empezó.
Más que intentar descifrar cómo será ese futuro, el desafío que se planteó durante la jornada fue el de construir las herramientas educativas, económicas y democráticas necesarias para poder decidir qué futuro quiere Uruguay.
