El proceso de aprender a leer no empieza en el primer año de escuela. Comienza mucho antes y tiene que ver con habilidades cognitivas a veces invisibles, que el sistema educativo no siempre detecta a tiempo.

Con la premisa de reconocer esas señales, Camila Zugarramurdi, doctora en Neurociencia Cognitiva por la Universidad del País Vasco, docente e investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República y responsable de Lexiland, desarrolló junto con Juan Valle Lisboa un videojuego que permite identificar el riesgo lector en el último año de educación inicial.

Mientras muchos niños atraviesan los primeros años de escuela esperando “ponerse a tiro”, la evidencia muestra que el rezago temprano tiende a consolidarse si no se interviene de forma específica.

La aplicación, desarrollada por investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República y del Centro Interdisciplinario en Cognición para la Enseñanza, es gratuita y evalúa en apenas 20 minutos habilidades clave para el aprendizaje de la lectura.

En un estudio de campo realizado con 600 niños de escuelas públicas, la herramienta logró detectar correctamente al 90% de quienes un año más tarde no estaban leyendo de acuerdo a lo esperado.

“El proyecto se basa en décadas en estudios de ciencias cognitivas que muestran que las habilidades que los niños necesitan desarrollar para poder aprender a leer en los primeros años de lectura se gestan tempranamente y, por lo tanto, las conocemos muy bien y las podemos medir”, dijo Zugarramurdi a la diaria.

En el sistema educativo, en cambio, si en primer año los niños van un poco más lento que sus pares o no avanzan de acuerdo a lo esperado, “se les da tiempo en segundo año para ver si se ponen a tiro, y si en tercero aún no están leyendo como se espera, muchas veces se hace una derivación y un diagnóstico”.

“Este enfoque es ineficaz respecto de la intervención, porque ya pasaron tres años de experiencia con la lectura y muchas veces también se desarrollaron actitudes negativas hacia ella”, indicó la especialista.

Lo que busca el proyecto es que, a partir de la evaluación del desempeño del niño en el juego, se pueda tener una idea “muy clara” de si presentará dificultades a futuro, lo que brinda la oportunidad de intervenir tempranamente, reduciendo costos y siendo más “eficaz”, agregó.

“Queríamos evitar los círculos viciosos que se generan más adelante. Por eso quisimos aprovechar el Plan Ceibal para usar la tecnología y darle herramientas al maestro”, afirmó. La apuesta no es a etiquetar, sino a anticipar: intervenir antes de que la dificultad se transforme en frustración, resaltó.

Resultados

En un principio, los investigadores buscaron validar que el proyecto podía identificar el riesgo lector y predecir el desempeño de los niños un año más tarde. Para eso, hicieron un estudio de campo en el que participaron 600 niños de 26 escuelas públicas de Montevideo.

Un año después, volvieron a evaluar a 400 de esos niños. “En ese momento hicimos una prueba individual en la que le pedíamos a cada niño que leyera una lista de palabras y evaluamos también su comprensión de enunciados, lo que nos permitió construir un modelo matemático para predecir la lectura en primer año”, afirmó Zugarramurdi.

La experta indicó que encontraron una sensibilidad del 90%, por lo que, de cada diez niños que al final de primero no estaban leyendo de acuerdo a lo esperado, el modelo había identificado correctamente a nueve.

“La contracara de ese resultado es preguntarnos qué ocurre con los niños que no presentarán dificultades en el aprendizaje de la lectura, es decir, aquellos que, al finalizar primer año, estarán leyendo de acuerdo a lo esperado. ¿Cuántos de ellos logramos identificar correctamente? En ese caso, el modelo alcanzó un 76%. Esto significa que, de cada diez niños que efectivamente aprenderán a leer en los tiempos previstos, identificamos adecuadamente a aproximadamente ocho”, afirmó.

La investigadora indicó que los resultados causaron “mucha alegría” porque “se parecen mucho” a los de otros estudios realizados por una persona capacitada para evaluar el riesgo lector. “Es una herramienta que tiene mucha validez para identificar el riesgo”.

A partir de esos resultados, el equipo construyó un baremo nacional que consistió en una evaluación de 20 minutos que puede utilizarse en primero de escuela. En 2023 hicieron una muestra nacional con 1.000 niños –500 de nivel 5 y 500 de primer año– de todos los quintiles socioeconómicos, para contar con puntajes de referencia representativos.

La aplicación se puede descargar en la página web de Lexiland y funciona en Android.

La evaluación

Lexiland evalúa tres habilidades: el conocimiento de los fonemas (los sonidos que componen las palabras), la conciencia fonológica (entendida como la capacidad de identificar y manipular los sonidos del habla) y la memoria de corto plazo.

En uno de los ejercicios, los niños escuchan un sonido y, entre tres letras escritas en la pantalla, deben elegir cuál corresponde. En otro separan palabras en sílabas y fonemas. En una tercera actividad repiten secuencias de colores, lo que funciona como predictor del aprendizaje lector.

El videojuego fue diseñado para que los niños puedan utilizarlo de forma autónoma, sin necesidad de un evaluador especializado. El personaje principal, Alex, recorre un pueblo y en cada escenario se plantea una consigna distinta. Las instrucciones son sonoras, ya que se trata de niños prelectores.

En primer año también se evalúa la lectura de palabras: los niños ven una imagen y deben seleccionar, entre tres opciones escritas, la palabra que corresponde.

Alcance

Pese a sus resultados, la herramienta ha llegado a “muy pocos” niños en estos diez años. Para Zugarramurdi, una de las razones es que muchos docentes desconocen su existencia.

“Mi diagnóstico es que no tiene tanto que ver con la divulgación, sino con las condiciones que tienen los maestros para incorporar innovaciones pedagógicas. Eso requiere tiempo y dedicación, y parece que no están teniendo ese margen. No es una limitación de los maestros, sino de sus condiciones de trabajo”, sostuvo.

También persiste la idea de que cada niño tiene su propia trayectoria y que algunos simplemente necesitan más tiempo. “Es una creencia muy extendida. Sin embargo, tanto estudios internacionales como el nuestro muestran que los niños que empiezan con desempeños descendidos en nivel inicial tienden a mantenerse en esa situación”, afirmó.

No obstante, aclaró que eso no significa que las trayectorias no puedan cambiar, sino que requieren intervenciones puntuales. “La idea de que ‘se va a poner a tiro’ no es una estrategia muy efectiva y puede generar actitudes negativas hacia la lectura”, dijo.

La detección temprana permitiría implementar apoyos específicos. “Si en un grupo de nivel 5 encontrás tres o cuatro niños descendidos, los estudios muestran que para muchos es suficiente con [la intervención] dos veces por semana, media hora. No necesariamente se necesita una psicopedagoga externa para cada niño”, explicó.

El origen de los problemas de lectura

En Uruguay, según el informe Aristas 2023 del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, cerca del 20% de los alumnos de sexto de primaria se ubican en los niveles 1 y 2 de lectura, los cuales representan las mayores desventajas en comprensión y producción de textos.

Mientras tanto, según las pruebas PISA, que se publicaron en diciembre de 2023 y se realizaron a estudiantes de 15 años, el 41% estuvo en el nivel bajo de lectura, 48% en el medio y 11% en el alto.

Para Zugarramurdi, existen dos grandes fuentes de dificultades lectoras. Una es la dislexia, una dificultad de origen neurobiológico y de carácter hereditario. “No significa que no puedas aprender a leer o comprender textos, sino que te llevará más esfuerzo. Su prevalencia mundial está entre 5% y 12%. Pero si miramos [los resultados de las pruebas] PISA y vemos que alrededor del 40% [de los niños] está por debajo de lo esperado, no es razonable pensar que todos tienen dislexia”, señaló.

Existen otras dificultades que no tienen origen neurobiológico y que se relacionan con el vocabulario, la comprensión y las oportunidades de aprendizaje. “Muchos adolescentes, cuando eran niños, no tuvieron oportunidades de aprendizaje en cantidad y calidad. Hay muchas dificultades de lectura que tienen que ver con la falta de oportunidades. No hablamos de niños que no van a la escuela, sino de qué está pasando dentro de las instituciones respecto a cómo enseñamos a leer y escribir”, planteó.

En ese escenario, sostuvo que influyen factores neurobiológicos, contextos familiares y las prácticas de enseñanza. Para ampliar el acceso a la detección temprana, consideró que la aplicación debería estar disponible de forma integrada en las tablets de Ceibal.