Los expresidentes uruguayos Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000) y Luis Alberto Lacalle (1990-1995) fueron protagonistas esta semana de la Cumbre Mundial de Comunicación Política, que se desarrolla por primera vez en Uruguay en los salones de la Intendencia de Montevideo.

Ante más de 200 representantes internacionales, ambos dirigentes reflexionaron sobre los desafíos que las redes sociales y la inteligencia artificial (IA) plantean a la democracia contemporánea.

Lacalle Herrera centró parte de su intervención en “los graves riesgos del anonimato en las redes sociales”, a los que definió como “los principales factores de degradación del debate público”. A su juicio, ese anonimato “fomenta la cobardía y el insulto malintencionado”, habilitando la circulación de ataques personales sin ningún tipo de responsabilidad.

Consideró que las plataformas digitales pueden generar dinámicas de segmentación –“tribus”, en sus palabras– que afectan el manejo de la información. Asimismo, indicó que hay un problema más grave y central, que es “la impunidad con la que se difunden falsedades”, lo que termina “ensuciando la vida política”.

En la misma línea, advirtió sobre los efectos de la inmediatez en la toma de decisiones. Comparó la actual comunicación digital con la antigua diplomacia basada en cartas, que imponía tiempos de reflexión antes de actuar.

“Hoy no hay pausa”, señaló, cuestionando a los líderes que reaccionan en tiempo real en las redes sociales. “Hoy a los presidentes que están en el triqui triqui de las redes se les ocurre una cosa y la mandan sin pensar nada y, en un arranque, hacen caer la bolsa, o bajan o suben aranceles, u ordenan bombardeos sin pensar demasiado”, dijo, en clara alusión a la forma en que maneja sus redes el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Para el dirigente del Partido Nacional, “eso es la inmediatez: no hay pausa”, cuando “la primera condición de una persona que está en el poder es saber poner pausa, porque caliente no se gobierna y esa es la responsabilidad de un mandatario”. “Libertad sin responsabilidad no existe”, remarcó.

En opinión de Lacalle, esa falta de reflexión puede tener consecuencias concretas en la economía o en la política internacional. En ese marco, insistió con que la libertad debe estar necesariamente acompañada de responsabilidad.

Democracia representativa

Por su parte, Sanguinetti abordó el fenómeno desde una perspectiva más estructural y se enfocó en el impacto sobre la democracia representativa. Sostuvo que las redes sociales “han debilitado el concepto de representación política al fomentar la idea de que cada individuo puede representarse a sí mismo sin mediaciones institucionales”.

Recordó, en ese sentido, la conocida frase del filósofo y semiólogo italiano Umberto Eco: “Las redes le dieron micrófono a cualquier imbécil”. “Y sin ese calificativo tan duro, lo que hicieron fue generar un ciudadano que se cree representante de sí mismo, que siente que ya no tiene que ir a un partido o a una parroquia a exponer sus necesidades sociales, sino que él mismo se representa y cree que por escribir en Twitter o en Facebook está logrando cambiar las cosas”.

Sobre las redes como amplificadoras de voces sin filtros, advirtió que este fenómeno genera una ilusión de incidencia política inmediata que no siempre se traduce en transformaciones reales.

El exmandatario también cuestionó el estilo de liderazgo que se apoya excesivamente en las redes sociales. En ese sentido mencionó casos recientes de jefes de Estado que comunican decisiones o posicionamientos en horarios nocturnos en plataformas digitales.

“Hoy tenemos presidentes que gobiernan por Twitter y en la noche. Lo vimos esta última semana con el presidente de Estados Unidos y el de Argentina [Javier Milei] escribiendo en Twitter a las tres de la mañana, calmando el insomnio mientras ejercen el poder. Es tremendo. ¡Cómo no va a impactar esto en la democracia! Si todos los ciudadanos siguen este patrón de irresponsabilidad, estamos perdidos”, indicó.

A su entender, este tipo de accionar contribuye a una dinámica de “irresponsabilidad” que termina impactando en la calidad del sistema.

Una inteligencia artificial ambivalente

En relación con la IA, ambos expresidentes coincidieron en que tiene un notorio carácter ambivalente.

Sanguinetti señaló que, por un lado, “es un instrumento extraordinario de la creación humana”, pero subrayó que, al igual que otros avances científicos, carece de una ética propia: “Somos los humanos los que tenemos que darle sentido”, advirtió.

El exmandatario colorado se confesó usuario de la IA y destacó su potencial al comentar que la utilizó en la elaboración de la portada de su último libro, presentado este jueves. Asimismo, dijo que quedó asombrado con el resultado logrado en pocas horas frente a los varios días que hubiese requerido con métodos tradicionales.

No obstante, advirtió sobre los riesgos asociados, especialmente en el terreno de la desinformación. “Así como se puede hacer cosas maravillosas, también se puede hacer cualquier barbaridad”, afirmó, y plantó la necesidad de establecer límites éticos claros. En esa línea, alertó que si la sociedad termina premiando la mentira, “estamos perdidos”, y cuestionó la tendencia a validar contenidos simplemente bajo la fórmula “las redes o la IA dicen”, sin verificar su veracidad.

Control humano

Lacalle, por su parte, reforzó la idea de que la IA debe estar sujeta al control humano. Señaló que no existe una libertad absoluta en su uso y recordó que toda herramienta tecnológica requiere límites. Desde esa perspectiva, planteó que el desafío no es frenar la innovación, sino garantizar que su utilización se dé bajo criterios de responsabilidad.

Consideró que es un instrumento que debe tener límites porque no hay libertad absoluta. “La libertad absoluta es para las bestias; para el hombre, la libertad está unida a la responsabilidad”, observó.

“El ser humano desde su libre albedrío tuvo siempre límites, y la IA es un herramienta y hay que dominarla, porque el hombre debe dominar a los instrumentos”, añadió.

El intercambio dejó planteada una preocupación compartida: cómo preservar la confianza y la credibilidad en los procesos democráticos en un contexto atravesado por la velocidad de las redes y el poder creciente de la IA.

Si bien no hubo definiciones cerradas, ambos exmandatarios coincidieron en que los acuerdos éticos entre actores políticos podrían resultar insuficientes y en que, eventualmente, será necesario avanzar en marcos normativos que regulen estas nuevas realidades sin afectar los principios básicos de la libertad de expresión.