Desde que la ultraderecha empezó su meteórico ascenso en Europa y América, mucho se ha discutido si estos movimientos podrían ser calificados de “fascistas”. Ayer, el propio Donald Trump se expresó sobre el tema y se posicionó en contra de la utilización del término para referirse a él. “Me han llamado fascista muchas veces. No lo soy. Desgraciadamente me falta mucho aún para ser un fascista”, declaró el mandatario en una entrevista televisiva. Trump dijo sentirse “orgulloso” de su labor como promotor de discursos de odio y acciones violentas contra sectores de la sociedad a los que se señala como responsables de todos los males que afectan al país, aunque admitió que eso por sí sólo no alcanza para entrar dentro de la categoría de fascista.
“No creo que me dé el tiempo para convertirme en un fascista con todas las letras, porque me quedan solamente tres años de mandato. Pero si logro que me reelijan la situación va a cambiar no sólo porque voy a tener más tiempo, sino porque el propio hecho de conseguir una reelección inconstitucional me acercaría más aún al fascismo”.
Lecciones de la historia: “Me parece exagerado decir que Trump es un fascista sádico que se salió de control. Recordemos que decían lo mismo de Mussolini”. Trumpista y mussolinista.